Una alarmante encuesta revela que el 63% de las mujeres en Chile se ven obligadas a suspender o modificar sus actividades diarias debido a las molestias asociadas a la menstruación. El dato, proveniente de una investigación del Ministerio de la Mujer y Equidad de Género, pone de manifiesto una realidad silenciada durante mucho tiempo: el dolor menstrual intenso no es una condición a la que las mujeres simplemente deben “aguantar”, sino un problema de salud pública que requiere atención y soluciones.
El estudio detalla que un 66% de las mujeres chilenas experimenta dolor menstrual, pero la cifra de aquellas que ven afectada su calidad de vida, su desempeño laboral y su participación social es aún más preocupante. Reuniones canceladas, jornadas laborales disminuidas, compromisos familiares postergados… la menstruación se convierte para muchas en un obstáculo mensual que limita su desarrollo personal y profesional.
El Dr. Demetrio Larraín, ginecólogo de Clínica Santa María, advierte sobre la peligrosidad de normalizar el dolor incapacitante. “Si bien la inflamación es un fenómeno universal que caracteriza a la menstruación, debemos distinguir ciertos patrones que dejan de ser normales. Por ejemplo, cuando la regla obliga a interrumpir o impide la realización de actividades laborales o sociales”, explica el especialista.
La clave, según el Dr. Larraín, reside en saber identificar cuándo el dolor menstrual trasciende la incomodidad habitual y se convierte en una señal de alerta. “No se trata solo de ‘aguantar’ o asumir que es parte de ser mujer. Detrás de un dolor intenso pueden existir causas que requieren evaluación médica”, enfatiza.
Entre estas causas, el ginecólogo menciona el trastorno del piso pelviano (síndrome miofascial), la endometriosis, la adenomiosis y factores psicológicos como la ansiedad y la depresión, que han demostrado ser contribuyentes importantes al aumento del dolor menstrual. La complejidad del dolor menstrual radica en su multifactorialidad, lo que exige un abordaje integral y personalizado.
El tratamiento, según el Dr. Larraín, debe ser progresivo. Generalmente, se inicia con antiinflamatorios y antiespasmódicos para aliviar los síntomas. Si estos no son suficientes, se puede considerar la indicación de algún tipo de anticonceptivo hormonal. En casos más complejos, se requiere un apoyo psicológico o terapia kinésica especializada en piso pelviano, reconociendo que el dolor menstrual puede tener dimensiones físicas, emocionales y sociales.
El Dr. Larraín explica la fisiología del dolor menstrual para comprender mejor el proceso: “La regla es el único fenómeno inflamatorio fisiológico del cuerpo. El desprendimiento del tejido endometrial activa la cascada de la inflamación y contracción del músculo uterino, y ambas cosas son las responsables del dolor menstrual”. Entender este proceso biológico es fundamental para desmitificar el dolor menstrual y promover una cultura de cuidado y atención.
La encuesta del Ministerio de la Mujer y Equidad de Género se suma a un creciente debate a nivel global sobre la salud menstrual y la necesidad de romper el tabú que rodea a este tema. En muchos países, se están implementando políticas públicas para garantizar el acceso a productos de higiene menstrual, promover la educación sobre salud menstrual y brindar apoyo a las mujeres que sufren de dolor menstrual intenso.
En Chile, la discusión está en curso. Expertos y organizaciones de la sociedad civil han planteado la necesidad de mejorar el acceso a la atención ginecológica, capacitar a los profesionales de la salud en el manejo del dolor menstrual y sensibilizar a la población sobre la importancia de normalizar la conversación sobre la menstruación.
La “Radiografía de las Mujeres en el Trabajo 2026”, un estudio reciente, refuerza la importancia de la sala cuna como un punto clave para disminuir las brechas de género, lo que indirectamente podría aliviar la carga que recae sobre las mujeres en relación con el cuidado de los hijos y permitirles una mayor participación en el ámbito laboral, incluso durante sus periodos menstruales.
El silencio en torno al dolor menstrual tiene un costo social y económico significativo. La pérdida de productividad laboral, el ausentismo escolar y la disminución de la participación social son solo algunas de las consecuencias de esta problemática. Además, el dolor menstrual intenso puede afectar la salud mental y emocional de las mujeres, generando ansiedad, depresión y baja autoestima.
Es fundamental que las mujeres se sientan empoderadas para hablar abiertamente sobre su salud menstrual y buscar ayuda médica cuando sea necesario. La sociedad, por su parte, debe crear un entorno de apoyo y comprensión, donde el dolor menstrual no sea minimizado ni estigmatizado. La menstruación es una parte natural de la vida de las mujeres, pero el dolor que limita su calidad de vida no debe normalizarse. Consultar a tiempo permite descartar patologías, recibir el tratamiento adecuado y, sobre todo, evitar que cada mes se transforme en un obstáculo para el bienestar. La salud menstrual es un derecho, y garantizarlo es un paso fundamental hacia la igualdad de género.


