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Sabores de Ayer: La Cocina Tradicional Rescata Salud y Memoria

Como siempre digo, gracias a todos los lectores que se toman su tiempo para leer la página todos los jueves y dejar sus comentarios, a fin de hacerme llegar sus valoraciones y, en algunos casos, compartir sus recuerdos y vivencias de infancia, también en otros medios que comparto. The post Remolacha en crema de cebolla, berenjen frita, calabaza frita. first appeared on Cubadebate .

Sabores de Ayer: La Cocina Tradicional Rescata Salud y Memoria

La cocina tradicional, más que un simple acto de alimentación, es un legado cultural, un vínculo con el pasado y una fuente inagotable de salud, según destaca la columnista Silvia Mayra Gómez Fariñas en su reciente artículo. Inspirándose en reflexiones de figuras como José Martí, Don Quijote y Nitza Villapol, la autora explora la riqueza de la gastronomía cubana, rescatando técnicas, ingredientes y anécdotas que evocan la infancia y la sabiduría de generaciones pasadas.

El texto se abre con citas que resaltan la importancia de una alimentación sana y sabrosa, desvinculada del lujo y centrada en la calidad de los ingredientes y su preparación. Martí, ya en 1884, enfatizaba la necesidad de una nutrición adecuada para el bienestar físico y mental. Don Quijote, con su ingenio, señalaba que el hambre es el mejor condimento, un recordatorio de que la apreciación por la comida se intensifica en la sencillez. Villapol, por su parte, subraya el papel de la cocina como preservadora de las tradiciones alimentarias de los pueblos.

La columna se nutre de la interacción con sus lectores, como Barbarita, quien compartió un emotivo recuerdo de la harina preparada por su madre, condimentada únicamente con ajo y sal, un plato humilde pero delicioso. Esta anécdota ilustra cómo la cocina, incluso en su forma más básica, puede evocar poderosos recuerdos y sentimientos de nostalgia. La autora relata también la historia de un médico respetado, conocido por su sencillez y su gusto por un plato de harina con huevo, un ejemplo de cómo la autenticidad y la conexión con la comida tradicional pueden trascender las convenciones sociales.

Gómez Fariñas agradece a sus lectores por sus comentarios y valoraciones, destacando la importancia de compartir vivencias y recuerdos relacionados con la cocina. El lector Israel, por ejemplo, le escribió sobre el uso de condimentos por parte de las abuelas, tías y madres, resaltando la relación entre una alimentación saludable y la longevidad. La autora coincide en que las generaciones pasadas se beneficiaron de una dieta rica en alimentos frescos y naturales, libres de los productos químicos y la comida chatarra que abundan en la actualidad.

El artículo se adentra en el universo de los condimentos tradicionales cubanos, como el comino, la nuez moscada, el clavo, la canela y la vainilla, así como el ajo, el ají y la cebolla, ingredientes esenciales en la mayoría de los platos. La autora enfatiza la importancia de la sal como el condimento fundamental, capaz de realzar el sabor de cualquier preparación. Describe su propia técnica para cocinar los frijoles, agregando las especias al final para obtener un sabor intenso y una textura cremosa.

La autora rememora la costumbre de cada familia de tener su propio recetario, transmitido de generación en generación, lo que permitía identificar los sabores únicos de cada hogar. También menciona el uso de la manteca de puerco, un ingrediente controvertido pero considerado por ella más saludable que el aceite. Describe cómo la utilizaba para preparar empanaditas, fufú y chicharroncitos, ingredientes que enriquecían sus platos y evocaban recuerdos de su infancia.

El texto explora la creatividad de las abuelas para aprovechar al máximo los recursos disponibles, como el jengibre, la cúrcuma y el sagú, ingredientes que permitían "agrandar" la carne y hacer más sustanciosos los platos. La autora recuerda el tomate placero, preferido al puré, y el arroz con rápido, un plato socorrido para estudiantes y personas que llegaban a casa con hambre después de una fiesta.

La columna también destaca la importancia de las viandas cocinadas, como la yuca, la malanga, el plátano verde y el ñame, que ayudaban a saciar el apetito y proporcionaban nutrientes esenciales. La autora menciona las frituras, como los buñuelos de Navidad y las rosquitas, que se utilizaban para mejorar el "condumio" en las escuelas y en el campo.

Gómez Fariñas critica la tendencia actual de cocinar la carne con sal y añadir sabor con salsas artificiales, que carecen de la autenticidad y la complejidad de los sabores tradicionales. Destaca que la cocina de hogar, de campo y de los pueblos costeros es la fuente de los grandes platos de la gastronomía cubana y de muchos otros países, una cocina que se está redescubriendo en los restaurantes y hoteles de todo el mundo.

Finalmente, la autora ofrece algunas recetas fáciles de preparar, como la remolacha en crema de cebolla, la berenjena frita y la calabaza frita, invitando a sus lectores a disfrutar de los sabores auténticos de la cocina tradicional. La receta de la remolacha en crema de cebolla incluye ingredientes como remolachas grandes, cebolla, harina, jugo de limón y aceite, y ofrece la opción de preparar canastitas con la mezcla y rellenarlas con queso o picadillo. La receta de la calabaza frita es igualmente sencilla y accesible.

En resumen, el artículo de Silvia Mayra Gómez Fariñas es una oda a la cocina tradicional cubana, un llamado a rescatar los sabores del pasado y a valorar la importancia de una alimentación sana y sabrosa. Es un recordatorio de que la cocina es mucho más que una simple necesidad biológica, es un acto cultural, un vínculo con la historia y una fuente de bienestar físico y emocional. La autora, con su estilo cercano y evocador, invita a sus lectores a reconectar con sus raíces culinarias y a disfrutar de los placeres simples de la buena comida.

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