La reciente imagen de María Pía Adriasola, Primera Dama de Chile, atendiendo un puesto de pescado en la feria de Alto Jahuel, ha desatado una ola de especulaciones sobre su futuro rol en la esfera pública. Más allá de su función protocolar, la figura de Adriasola, madre de nueve hijos y con una trayectoria ligada a la labor social a través de fundaciones como Cuide Chile, se perfila como un posible catalizador en el debate sobre la maternidad, la natalidad y la conciliación entre la vida laboral y familiar en el país. Una encuesta Cadem revela que un 57% de los chilenos tiene una imagen positiva o muy positiva de ella, lo que le otorga un capital simbólico considerable para abordar temas sensibles.
El contexto es alarmante: Chile enfrenta una caída histórica en su tasa de natalidad. Durante 2023 se registraron 146.172 nacidos vivos, 8.269 menos que en el año anterior, marcando el mínimo absoluto desde que existen registros oficiales. Las razones son múltiples y complejas, pero una percepción arraigada en la sociedad chilena – y que persiste a pesar de los avances en la incorporación de la mujer al mundo laboral – es la creencia de que los hijos sufren cuando sus madres trabajan.
Esta idea, que en 1990 era compartida por un 81% de los chilenos según la Encuesta Mundial de Valores, ha disminuido a un 53% en 2018. Sin embargo, Chile y Colombia se mantienen como los países de la región con mayor adhesión a esta afirmación, contrastando con Argentina y Uruguay, donde solo un 36% y 32% de la población, respectivamente, la suscriben.
La Encuesta Bicentenario 2022 revela que un 37% de los encuestados considera que la familia se descuida si la mujer tiene un trabajo de tiempo completo. La brecha generacional es significativa: entre los jóvenes de 18 a 29 años, solo uno de cada cinco comparte esta visión (20%), mientras que entre los mayores de 50 años la proporción se eleva a casi la mitad (49%). La diferencia por sexo es marginal, aunque los hombres muestran una mayor inclinación a sostener esta creencia en ambos grupos etarios.
Esta persistencia de la percepción negativa hacia la maternidad trabajadora se alimenta de la tensión y la culpa que experimentan muchas mujeres al intentar compatibilizar sus roles. Una generación criada con la imagen de la madre que espera al hijo con la once lista y el apoyo para las tareas escolares, se enfrenta a la realidad de un mercado laboral exigente y a la falta de políticas públicas que faciliten la conciliación. Un 81% de las mujeres afirma haber sentido presión para renunciar a su desarrollo profesional después de convertirse en madres, según datos de la Fundación YoQuieroEstar 2023. De ellas, un 29% efectivamente renunció a su puesto de trabajo, mientras que un 53% sintió la presión pero decidió continuar.
La investigadora Martina Yopo Díaz, en su estudio “La postergación de la maternidad en Chile” (2023), destaca la doble exigencia que se impone a las mujeres: se espera que sean productivas económicamente, pero también que sean madres dedicadas, lo que genera un sentimiento de culpa en quienes no pueden cumplir ambos roles simultáneamente. Esta culpa, a menudo internalizada, se convierte en un obstáculo para la toma de decisiones y para el pleno desarrollo personal y profesional de las mujeres.
En este contexto, el rol de Pía Adriasola adquiere una relevancia particular. Su imagen pública, asociada a la maternidad y a la dedicación familiar, podría ser utilizada para promover un nuevo discurso sobre la maternidad, uno que reconozca la diversidad de opciones y que valore tanto la maternidad a tiempo completo como la maternidad compatible con el trabajo. La pregunta clave es si Adriasola optará por proyectar su propia experiencia como un modelo a seguir, o si se enfocará en promover alternativas que permitan a las madres compatibilizar sus aspiraciones profesionales con sus responsabilidades familiares.
Un tema crucial en este debate es el proyecto de sala cuna universal, una iniciativa que busca garantizar el acceso a servicios de cuidado infantil de calidad para todos los niños y niñas del país. El Presidente Gabriel Boric ha señalado que este proyecto se implementará “cuando tengamos cierto grado de estabilidad económica”, lo que ha generado críticas por parte de quienes consideran que la inversión en la primera infancia es fundamental para el desarrollo del país y para revertir la tendencia a la baja en la natalidad. La postura que adopte Pía Adriasola frente a este proyecto será un indicador clave de su compromiso con la conciliación y con la promoción de la igualdad de oportunidades para las mujeres.
La baja natalidad no es solo un problema demográfico, sino también un desafío social y cultural. Requiere de un abordaje integral que involucre a todos los sectores de la sociedad y que promueva un cambio en la mentalidad colectiva. La figura de Pía Adriasola, con su capital simbólico y su experiencia personal, podría jugar un rol fundamental en este proceso, siempre y cuando se atreva a desafiar los estereotipos y a promover un nuevo modelo de maternidad, uno que sea compatible con el pleno desarrollo de las mujeres y con la construcción de una sociedad más justa e igualitaria. La atención se centra ahora en sus primeras acciones y declaraciones, buscando señales de hacia dónde se inclinará su influencia en este debate crucial para el futuro de Chile.


