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101 Años de Soberanía: La Isla que Cuba Nunca Olvidó

En el mismo escenario donde en 1925 se conoció la noticia de la ratificación de la pertenencia a Cuba de la entonces Isla de Pinos, se celebró hoy el aniversario 101 de aquel acontecimiento histórico. La gala político-cultural reunió a las máximas autoridades y a una amplia representación del pueblo pinero, acto que reafirmó la [...]

101 Años de Soberanía: La Isla que Cuba Nunca Olvidó

Isla de la Juventud, Cuba – En un emotivo acto celebrado en el mismo lugar donde, hace un siglo, resonó la noticia de su plena integración a Cuba, los habitantes de la Isla de la Juventud conmemoraron hoy el 101 aniversario de la ratificación de su pertenencia a la nación caribeña. La gala político-cultural, que congregó a las más altas autoridades y a una nutrida representación del pueblo pinero, sirvió para reafirmar la memoria colectiva y el inquebrantable compromiso con la soberanía nacional.

El evento, cargado de simbolismo histórico, revivió un capítulo crucial en la historia de Cuba, marcado por décadas de incertidumbre y una tenaz lucha por el reconocimiento de su identidad. El proceso de ratificación por parte del Senado de Estados Unidos, que se extendió por 21 años – desde 1904 hasta el 13 de marzo de 1925 – fue recordado con detalle por el Doctor en Ciencias Históricas Roberto Francisco Únger Pérez, Historiador de la Ciudad.

Únger Pérez, en su intervención, trazó un panorama exhaustivo de las complejidades políticas y diplomáticas que rodearon la cuestión de la Isla de Pinos, como se conocía entonces el territorio. Explicó que la voluntad del pueblo pinero, su profundo patriotismo y su rica historia de lucha fueron argumentos decisivos para lograr el reconocimiento de su jurisdicción cubana. El historiador enfatizó que la población local siempre se identificó con Cuba, participando activamente en las guerras de independencia y demostrando un compromiso inquebrantable con la causa libertaria.

El también profesor de la universidad local evocó las palabras del eminente historiador cubano Emilio Roig de Leuchsenring, quien advirtió que la independencia de Cuba no fue un regalo de Estados Unidos, sino el resultado del heroico esfuerzo del ejército mambí. Únger Pérez recordó que la intervención norteamericana en la guerra de 1895, si bien contribuyó a la derrota de España, arrebató la victoria a las tropas cubanas e impuso un protectorado militar, acompañado de la controversial Enmienda Platt. Esta enmienda, que limitaba la soberanía cubana, dejó pendiente la definición sobre el estatus de la Isla de Pinos, generando una situación de ambigüedad jurídica y política que se prolongó durante años.

Sin embargo, la persistencia de los cubanos y la constante presión nacional lograron finalmente que el Senado estadounidense ratificara el Tratado Hay–Quesada, un hito que consolidó la soberanía de Cuba sobre el territorio. El historiador detalló que este logro fue el resultado de un esfuerzo conjunto de diplomáticos, políticos y ciudadanos, que trabajaron incansablemente para defender los intereses de Cuba en el escenario internacional.

Un papel fundamental en este proceso lo desempeñó Cosme de la Torriente y Peraza, diplomático y político cubano que, como embajador en Washington, supo articular la presión nacional con la diplomacia internacional. Únger Pérez destacó el prestigio de De la Torriente en los círculos políticos estadounidenses y su firme defensa de la soberanía cubana, cualidades que fueron determinantes para que el Senado norteamericano aprobara la ratificación en 1925.

De la Torriente se convirtió en un interlocutor esencial, capaz de abrir espacios de negociación y asegurar que la causa cubana se impusiera en un contexto adverso. Su habilidad para construir puentes y su profundo conocimiento de la política estadounidense le permitieron influir en la opinión pública y convencer a los legisladores de la necesidad de reconocer la soberanía cubana sobre la Isla de Pinos.

El historiador señaló que tres factores clave marcaron aquel desenlace histórico: el sentido común de los lobbies influyentes del Senado norteamericano en 1925, la firme voluntad de los pineros de ser cubanos y la historia de lucha que demostraba su participación en acciones armadas contra España, como la del 26 de julio de 1896. Esta última, un enfrentamiento sangriento que dejó un saldo de muertos, heridos y prisioneros, se convirtió en una prueba irrefutable de la cubanía de la Isla.

Esa memoria de resistencia, significó el experto, se convirtió en un símbolo de la identidad pinera y en un argumento poderoso para defender su pertenencia a Cuba. La participación activa de los habitantes de la Isla de Pinos en las luchas por la independencia, su compromiso con la causa libertaria y su profundo arraigo a la cultura cubana fueron elementos fundamentales para lograr el reconocimiento de su soberanía.

Únger Pérez acotó que hoy, a más de un siglo de aquel hecho histórico, los pobladores de Isla de la Juventud reafirman su identidad y su lugar en la nación. La celebración del aniversario 101 de la ratificación de su pertenencia a Cuba fue una evocación a la historia y una proclamación a la vigencia de la unidad nacional y el patriotismo como principales garantes de la independencia y la soberanía de Cuba.

La gala concluyó con un llamado a la unidad y a la defensa de la soberanía nacional, reafirmando el compromiso del pueblo pinero con la construcción de un futuro próspero y justo para Cuba. El evento sirvió como un recordatorio de que la independencia y la soberanía son valores que deben ser defendidos con determinación y que la historia de lucha del pueblo cubano es un legado invaluable que debe ser preservado y transmitido a las futuras generaciones. La Isla de la Juventud, con su rica historia y su gente orgullosa, sigue siendo un símbolo de la resistencia y la determinación del pueblo cubano en la búsqueda de su plena soberanía e independencia.

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