La Cámara de Diputados ha dado un vuelco a la Auditoría Superior de la Federación (ASF), poniendo fin a una era marcada por la controversia y el cuestionamiento. David Colmenares, el hasta ahora titular de la ASF, no logró la reelección, abriendo paso a Aureliano Hernández Palacios Cardel, un economista con fuertes lazos con la presidenta Claudia Sheinbaum. La decisión, aprobada con un rotundo 472 votos, representa un triunfo político para la mandataria, quien busca consolidar su gobierno a poco más de un año de haber asumido el cargo, distanciándose de figuras clave designadas durante la administración de Andrés Manuel López Obrador.
La salida de Colmenares, envuelta en acusaciones de operar la institución sin contrapesos y favorecer a las entidades auditadas a cambio de beneficios, marca un punto de inflexión en la política de fiscalización del gasto público. Durante su gestión, las denuncias por desvío de recursos y los montos recuperados se desplomaron a niveles históricos, generando una percepción generalizada de impunidad. Colmenares siempre defendió su enfoque, argumentando que priorizaba la prevención sobre el castigo, una estrategia que, sin embargo, fue ampliamente criticada por su falta de resultados tangibles en la lucha contra la corrupción.
El nombramiento de Hernández Palacios Cardel, hasta ahora auditor especial de Gasto Federalizado en la ASF –cargo al que fue nombrado por el propio Colmenares en octubre pasado–, ha generado interrogantes debido a la escasa información pública sobre su trayectoria. Sin embargo, su vínculo familiar con Fernando Aureliano Hernández Palacios, un exfuncionario cercano a Sheinbaum, ha puesto de manifiesto las conexiones políticas que facilitaron su ascenso al puesto. Según fuentes cercanas a la presidenta, el padre del nuevo auditor y Sheinbaum son “amigos desde Tlalpan”, la alcaldía de Ciudad de México donde la mandataria inició su carrera política.
La elección de Hernández Palacios Cardel no estuvo exenta de tensiones internas. El proceso de selección, a cargo de la Comisión de Vigilancia de la ASF del Congreso, se vio eclipsado por las ambiciones de Colmenares de obtener una reelección que, finalmente, no se concretó. La pugna por el cargo desató una batalla política en la que se involucraron figuras influyentes de Morena y del PRI. De acuerdo con fuentes de Palacio Nacional, Sheinbaum se opuso a la reelección de Colmenares, pero el auditor contaba con el respaldo de Ricardo Monreal, coordinador de los diputados de Morena, y de Alejandro Alito Moreno, líder del PRI.
Esta alianza estratégica, que buscaba perpetuar el statu quo en la ASF, representaba un obstáculo para los planes de Sheinbaum de renovar la institución y fortalecer su capacidad de fiscalización. Sin embargo, la contundente victoria de Hernández Palacios Cardel, respaldada por el oficialismo y la oposición, sugiere que la línea presidencial prevaleció, o que Colmenares perdió el apoyo de sus antiguos aliados.
Sheinbaum ha defendido públicamente a su amigo, describiéndolo como una persona “honesta”, “de primera” y “muy trabajador”. El padre del nuevo auditor ha colaborado estrechamente con la presidenta a lo largo de su carrera política. Fue director jurídico de la alcaldía de Tlalpan durante el mandato de Sheinbaum (2015-2018) y, posteriormente, su secretario particular cuando Sheinbaum se convirtió en jefa de Gobierno de Ciudad de México en 2018.
La contienda por la titularidad de la ASF dejó fuera de la contienda a varios aspirantes de peso, como Agustín Caso, Gerardo Lozano y Emilio Barriga, exauditores especiales que se enfrentaron a Colmenares por su gestión discrecional de la institución. Caso, por ejemplo, fue forzado a renunciar tras realizar una auditoría exhaustiva sobre el costo real de la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de Texcoco (NAIM), una investigación que provocó el enojo del expresidente López Obrador. Tampoco lograron obtener el nombramiento Luz Mijangos, fiscal anticorrupción de la FGR, ni Natalia Téllez Torres Orozco, impulsada por Raquel Buenrostro, secretaria de Anticorrupción, y Ernestina Godoy, fiscal general de la República.
La ASF desempeña un papel crucial en la transparencia y la rendición de cuentas del gasto público. Tiene la facultad de revisar en detalle cómo las instituciones utilizan los recursos del erario, si las contrataciones se justifican, si los programas se ejecutan correctamente y si se cumplen los objetivos establecidos. Su trabajo, por definición, debe ser incómodo para aquellos que manejan el dinero público. La gestión de Colmenares, sin embargo, convirtió a la ASF en un órgano debilitado, incapaz de cumplir con su función de fiscalización y control.
Con la llegada de Aureliano Hernández Palacios Cardel, se abre una nueva etapa para la ASF. La expectativa es que el nuevo auditor pueda restaurar la credibilidad de la institución, fortalecer su capacidad de fiscalización y contribuir a la lucha contra la corrupción. Sin embargo, su estrecha relación con la presidenta Sheinbaum plantea interrogantes sobre su independencia y su capacidad para actuar con imparcialidad. El tiempo dirá si Hernández Palacios Cardel podrá superar las sombras del pasado y convertir a la ASF en un verdadero garante de la transparencia y la rendición de cuentas en el manejo de los recursos públicos. La ciudadanía observa con atención los primeros pasos del nuevo auditor, esperando que su gestión marque un cambio significativo en la política de fiscalización del gasto público y contribuya a construir un país más justo y transparente.


