Miles de mujeres tomaron las calles de Santiago este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, en una masiva manifestación que resonó como un claro rechazo a las políticas ultraconservadoras que se vislumbran con la posible llegada al poder de José Antonio Kast. La movilización, una de las más grandes en años, evidenció la profunda preocupación existente en la sociedad chilena por el futuro de los derechos de las mujeres y las libertades civiles, en un contexto marcado por el recuerdo de la dictadura de Augusto Pinochet y la creciente influencia de sectores de extrema derecha.
La marcha, que se extendió por varias cuadras del centro de la capital, congregó a representantes de diversas organizaciones feministas, de derechos humanos, estudiantiles y sociales. Las consignas coreadas por las manifestantes denunciaban las posturas de Kast en temas clave como el aborto legal, el matrimonio igualitario, la educación sexual integral y la violencia de género. La preocupación central radica en el temor a un retroceso en las conquistas sociales logradas en las últimas décadas, y a la imposición de una agenda moral conservadora que atente contra la autonomía y la dignidad de las mujeres.
“Estamos aquí para decir basta. No permitiremos que se nos arrebaten nuestros derechos”, declaró a este medio Isabel Flores, vocera de la Coordinadora Feminista 8M, una de las principales organizadoras de la movilización. “Kast representa una amenaza real para las mujeres chilenas. Sus ideas son arcaicas, discriminatorias y atentan contra nuestra libertad. No nos quedaremos de brazos cruzados mientras intentan volvernos a encerrar en roles tradicionales y negarnos el control sobre nuestros propios cuerpos”.
La manifestación también se convirtió en una denuncia contra la presencia de figuras vinculadas al régimen de Pinochet en el entorno político de Kast. Las manifestantes recordaron los crímenes y las violaciones a los derechos humanos cometidos durante la dictadura, y advirtieron sobre el peligro de que se repitan escenarios similares en caso de que Kast acceda al poder. Se exhibieron pancartas con fotografías de víctimas de la dictadura y se corearon consignas en memoria de quienes lucharon por la democracia y la justicia.
“No olvidamos, no perdonamos”, gritaban las manifestantes, en referencia a los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura. “Kast es heredero de Pinochet, y su proyecto político es una amenaza para la democracia y los derechos humanos”.
La movilización del 8M no fue un evento aislado. En las últimas semanas, se han registrado diversas protestas y manifestaciones en todo el país en contra de las políticas de Kast y en defensa de los derechos de las mujeres. Las organizaciones feministas y de derechos humanos han anunciado que mantendrán la movilización en las calles y en los espacios de debate público, con el objetivo de presionar a las autoridades y generar conciencia sobre los riesgos que implica la llegada al poder de un gobierno de extrema derecha.
“Esta es solo la primera batalla”, afirmó Flores. “Vamos a seguir luchando hasta que se garanticen los derechos de todas las mujeres chilenas. No vamos a ceder ni un milímetro en nuestra defensa de la autonomía, la igualdad y la justicia”.
La preocupación por el futuro de los derechos de las mujeres en Chile se extiende más allá de las organizaciones feministas y de derechos humanos. Diversos sectores de la sociedad civil, incluyendo académicos, artistas, intelectuales y líderes sociales, han expresado su inquietud por las políticas de Kast y han llamado a la unidad para defender la democracia y los derechos humanos.
El impacto de la movilización del 8M se sintió también en el ámbito político. Representantes de diversos partidos políticos expresaron su apoyo a las demandas de las manifestantes y condenaron las políticas de Kast. Algunos incluso propusieron la formación de un frente común para enfrentar el avance de la extrema derecha.
Sin embargo, Kast y sus seguidores han minimizado la importancia de la movilización y han acusado a las manifestantes de ser “radicales” y “extremistas”. Han defendido sus políticas como “defensoras de la familia” y “protectoras de los valores tradicionales”.
La polarización política en Chile se ha intensificado en los últimos meses, y la movilización del 8M ha exacerbado aún más las tensiones. El futuro de los derechos de las mujeres en Chile es incierto, y la lucha por la igualdad y la justicia continúa. La masiva participación en la marcha del 8M demuestra que las mujeres chilenas están dispuestas a defender sus derechos con uñas y dientes, y que no permitirán que se les arrebaten las conquistas sociales logradas en las últimas décadas. La sombra de Pinochet, aunque intentada ser disimulada, planea sobre el debate, recordando un pasado doloroso y la necesidad de proteger la democracia y los derechos humanos. La movilización del 8M es un llamado a la acción, una advertencia a quienes pretenden imponer una agenda conservadora y una reafirmación del compromiso de las mujeres chilenas con la lucha por un futuro más justo e igualitario. La batalla por los derechos de las mujeres en Chile está lejos de haber terminado.


