La Guardia Revolucionaria de Irán ha confirmado el ataque a un petrolero comercial, el ‘Prima’, en el estratégico estrecho de Ormuz, intensificando una crisis que amenaza con desestabilizar los mercados energéticos globales y arrastrar a la región a un conflicto aún más profundo. El ataque, perpetrado con un dron, se justifica según las autoridades iraníes por la negativa del buque a acatar las advertencias sobre la inseguridad del estrecho, que, según Teherán, permanece “cerrado al tráfico” por motivos de seguridad. Este acto, enmarcado en una escalada de tensiones con Estados Unidos e Israel, ha provocado un aumento vertiginoso del precio del petróleo y una fuerte caída en los mercados bursátiles europeos.
El comunicado de la Guardia Revolucionaria, recogido por la agencia semioficial iraní Tasnim, vincula el cierre del estrecho a la “maliciosa agresión de terroristas estadounidenses” y al “martirio del Líder de la Ummah Islámica”, en clara referencia al fallecido líder supremo Alí Khamenei, así como a la “agresión contra la región del Golfo Pérsico y el estrecho”. La nota advierte que “los petroleros y buques comerciales aliados con los países en guerra no pueden pasar por este estrecho”, reiterando la prohibición de paso para embarcaciones vinculadas a “naciones hostiles”.
La información sobre el ataque al ‘Prima’ aún no ha sido confirmada de manera independiente, pero la declaración de la Guardia Revolucionaria es suficiente para generar una profunda preocupación en los mercados internacionales. El estrecho de Ormuz es una vía marítima crucial, por la que transita aproximadamente el 20% del crudo mundial, lo que lo convierte en un punto estratégico de vital importancia para el suministro energético global. Su cierre, incluso temporal, tiene el potencial de desencadenar una crisis energética de proporciones significativas.
El conflicto regional, que se ha extendido a 16 países en apenas una semana, ha cobrado ya la vida de 1.200 personas en la República Islámica y varios cientos en Líbano, donde la ofensiva israelí contra la milicia chií Hezbollah ha resurgido con fuerza. La situación es extremadamente volátil y el riesgo de una escalada aún mayor es palpable.
La respuesta del mercado a la crisis ha sido inmediata y contundente. El precio del petróleo se disparó el viernes a su nivel más alto desde 2023, con el barril de Brent cerrando en USD 92,69 y el West Texas Intermediate (WTI) en USD 90,90. Este aumento refleja los temores a interrupciones prolongadas en el suministro global y la incertidumbre sobre el futuro de la producción y el transporte de petróleo.
La escalada de los precios del crudo ha tenido un impacto negativo en los mercados bursátiles europeos. El índice paneuropeo STOXX 600 cerró la semana con una caída del 5,5%, su mayor retroceso en casi un año. Fráncfort y París sufrieron sus peores descensos semanales desde abril, mientras que Madrid experimentó su mayor desplome en cuatro años. La única excepción fue el sector energético, que logró avances gracias a la subida de los precios del petróleo.
La situación se ha visto agravada por las declaraciones del expresidente estadounidense Donald Trump, quien afirmó en su red social Truth Social que “no habrá ningún acuerdo con Irán, sólo una rendición incondicional”. Esta postura inflexible ha intensificado la preocupación de los mercados sobre la posibilidad de una guerra prolongada y ha afectado aún más la confianza de los inversores.
Desde el inicio del conflicto, varias infraestructuras energéticas han sido blanco de ataques, lo que ha contribuido a restringir la disponibilidad de crudo en los mercados internacionales. Analistas como Giovanni Staunovo, de UBS, han advertido que “cada día que el estrecho de Ormuz permanece cerrado, el mercado petrolero se tensa más”. Homayun Falakshahi, de Kpler, ha señalado que, si la situación se prolonga, podría ser necesario racionalizar la producción y reducir la actividad de las refinerías, especialmente en Asia y Oriente Medio.
La presión sobre el suministro ha provocado una búsqueda activa de barriles alternativos por parte de compradores internacionales. Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos pueden sortear parcialmente el estrecho, pero alrededor de 8,7 millones de barriles diarios siguen bloqueados. Ante esta situación, China ha pedido a sus principales refinerías que suspendan las exportaciones de gasóleo y gasolina para prevenir posibles escaseces, una medida que ha amplificado la volatilidad en los mercados energéticos.
En un intento por mitigar el impacto de la crisis, Estados Unidos podría considerar retirar más sanciones al crudo ruso para mejorar el suministro global, según declaró el viernes el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent. Sin embargo, esta medida podría generar controversia y no sería suficiente para compensar la pérdida de suministro a través del estrecho de Ormuz.
La comunidad internacional observa con preocupación la evolución de la situación y teme que el conflicto se extienda aún más, con consecuencias impredecibles para la estabilidad regional y la economía global. La diplomacia y el diálogo son ahora más urgentes que nunca para evitar una escalada aún mayor y encontrar una solución pacífica a la crisis. La posibilidad de una intervención militar directa por parte de Estados Unidos o Israel sigue siendo una preocupación latente, y cualquier error de cálculo podría desencadenar una guerra a gran escala en la región. El futuro del estrecho de Ormuz, y con él, el futuro del suministro energético mundial, pende de un hilo.


