Eiko Toyama esperó 32 años para tomar la decisión de dejar a su esposo. Durante más de tres décadas de matrimonio en Japón, Toyama asumió la totalidad de las tareas del hogar y el cuidado de los hijos, mientras que, simultáneamente, era ella quien mantenía económicamente a la familia. A pesar de su aporte, describió una relación marcada por el control absoluto de su esposo sobre su vida social y sus ambiciones profesionales, una situación que la hizo sentirse miserable y atrapada. El único motivo por el cual resistió durante tanto tiempo fue el bienestar de sus dos hijos.
La oportunidad llegó cuando cumplió 60 años. Con sus hijos ya adultos y un esposo que, aunque sano, no requería cuidados intensivos, Toyama decidió aprovechar esa ventana de tiempo. Al finalizar el proceso, describió su estado emocional con una sola palabra: felicidad. "Estaba tan feliz que quería correr por todas partes", relató la mujer, quien ahora, a los 63 años, se describe a sí misma como una persona "llena de vida".
El caso de Toyama es parte de una tendencia creciente en todo el mundo conocida como "divorcios grises", que se refiere a las separaciones entre parejas de 50 años o más. Si bien este fenómeno se ha observado en países como Estados Unidos, cobra una relevancia particular en Asia, debido a que la población en esta región tiende a vivir más tiempo. Países como Corea del Sur, Japón, Hong Kong, Taiwán y China continental están experimentando un aumento en estas rupturas en medio de crisis demográficas caracterizadas por la caída de las tasas de natalidad y el envejecimiento poblacional.
Este incremento está impulsado principalmente por las mujeres, quienes históricamente han enfrentado normas de género restrictivas en sociedades asiáticas conservadoras, además de barreras financieras y sociales. En Japón, los datos de 2024 reflejan que, entre las parejas que se separaron tras décadas de matrimonio, el doble de mujeres que de hombres solicitaron el divorcio. Según expertos, esto podría transformar la estructura de la población anciana en la próxima década, resultando en más personas viviendo solas y requiriendo mayor apoyo social, pero también en individuos más empoderados.
Sangyoub Park, profesor asociado de Sociología en la Universidad de Washburn, explica que para las mujeres nacidas en los años 60 y 70, el divorcio era visto como un tabú, asociado a la vergüenza y el juicio social. En aquel entonces, separarse era percibido como "el fin de la vida". Sin embargo, la incorporación de más mujeres al mercado laboral y al acceso a la educación superior en la segunda mitad del siglo XX comenzó a cambiar esta dinámica.
Un factor determinante ha sido la influencia de la Generación X (nacidos entre 1965 y 1980). Este grupo creció en una Asia globalizada, expuesta a la cultura pop estadounidense a través del cine y la televisión, absorbiendo valores que priorizan las decisiones personales sobre las obligaciones familiares. Esta transición mental, sumada a factores económicos, ha facilitado que el divorcio sea visto ya no como un fracaso, sino como el comienzo de un nuevo capítulo.
Las estadísticas respaldan esta tendencia. En Corea del Sur, el número de divorcios entre parejas con al menos 30 años de matrimonio superó por primera vez al de las parejas jóvenes con menos de cinco años de casadas. En China continental, las separaciones entre personas mayores se han duplicado en los últimos 30 años, mientras que en Taiwán y Hong Kong también se reportan incrementos sostenidos.
Además de los cambios culturales, las reformas legales han sido fundamentales. En 2014, Corea del Sur dictaminó que las pensiones futuras y las indemnizaciones por despido podían incluirse en la división de bienes, permitiendo que las amas de casa que apoyaron la carrera de sus esposos tengan derecho a una parte de la pensión de vejez. Japón implementó una reforma similar en 2007. Estas medidas son críticas dada la alta tasa de pobreza entre los ancianos en la región, especialmente en Corea del Sur y Hong Kong.
A pesar de los avances, la desigualdad de género persiste. Toyama señala que la falta de independencia financiera sigue siendo el principal obstáculo para muchas mujeres debido a los salarios más bajos en Japón. Por ello, aconseja a las mujeres jóvenes que, pase lo que pase, nunca abandonen su trabajo.
Otro factor clave es la longevidad. Park menciona que tener 20 o 30 años adicionales de vida crea nuevas expectativas, haciendo que las personas estén más dispuestas a abandonar matrimonios insatisfactorios. Iman Lau, de 50 años y residente de Hong Kong, vivió este proceso tras años de soportar la infidelidad de su esposo. Lau, quien se consideraba una mujer tradicional, descubrió que en su matrimonio había perdido su identidad al orbitar únicamente alrededor de su pareja.
Tras su divorcio, Lau se reinventó. Comenzó a practicar senderismo, natación, kayak y esnórquel, además de aprender piano y jazz. Sus viajes por Europa, específicamente por Sicilia y Georgia, forman ahora parte de su "pared feliz", un recordatorio de la alegría de la vida en solitario.
Por su parte, Toyama ha canalizado su libertad hacia el emprendimiento digital. Realiza transmisiones en TikTok y ofrece consejos a través de una aplicación de mensajería, mientras trabaja en el lanzamiento de una agencia matrimonial y una empresa de eventos en vivo. Para ella, cualquier desafío actual es preferible a la ansiedad que sentía junto a su exesposo.
Finalmente, Lau observa una brecha generacional en la percepción del divorcio: mientras que sus contemporáneos lo tratan como un tabú o una tragedia familiar, los jóvenes de la Generación Z suelen felicitarlas por su decisión. Aunque se prevé que la tendencia podría estabilizarse cuando los millennials lleguen a la jubilación, Lau anima a quienes temen dar el paso a ver el divorcio como una oportunidad para tener una vida más vibrante.


