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El auge del "divorcio gris" en Asia: el camino hacia la libertad después de los 50

Cada año aumentan los llamados “divorcios grises”: separaciones entre parejas de 50 años o más. La tendencia cobra un significado particular en Asia, donde la gente generalmente vive más tiempo.

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El auge del "divorcio gris" en Asia: el camino hacia la libertad después de los 50
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Tras 32 años de matrimonio y sacrificio, Eiko Toyama decidió divorciarse a los 60 años para recuperar su libertad, reflejando una tendencia creciente en Asia conocida como divorcios grises. Este fenómeno, impulsado principalmente por mujeres mayores de 50 años, marca una ruptura con las normas de género conservadoras y el deseo de autonomía en países como Japón, Corea del Sur y China. El aumento de estas separaciones tardías se debe a una mayor esperanza de vida, reformas legales que facilitan la división de bienes y un cambio cultural liderado por la Generación X. Lo que antes era visto como un tabú o el fin de la vida, hoy se percibe como el inicio de una etapa vibrante y empoderada, donde la independencia financiera y la salud mental prevalecen sobre la obligación familiar.

Eiko Toyama esperó 32 años para tomar la decisión de dejar a su esposo. Durante más de tres décadas de matrimonio en Japón, Toyama asumió la totalidad de las tareas del hogar y el cuidado de sus hijos, mientras que, simultáneamente, era ella quien mantenía económicamente a la familia. A pesar de su rol proveedor, enfrentó un entorno de control donde su esposo intentaba dominar desde su vida social hasta sus ambiciones profesionales, una situación que la mantuvo sintiéndose atrapada y miserable. No obstante, Toyama resistió durante años priorizando el bienestar de sus dos hijos.

El cambio llegó al cumplir los 60 años. Con sus hijos ya adultos e independientes y un esposo cuya salud aún no requería de una cuidadora constante, Toyama identificó una ventana de oportunidad invaluable. Tras formalizar el divorcio, la mujer describió que su única emoción fue la felicidad, llegando a expresar que sentía deseos de correr por todas partes debido a la alegría de su nueva situación.

La historia de Toyama no es un caso aislado, sino parte de una tendencia creciente en Asia conocida como "divorcios grises", término utilizado para describir las separaciones entre parejas de 50 años o más. Si bien este fenómeno se ha observado en países como Estados Unidos, adquiere una relevancia particular en Asia debido a la alta esperanza de vida de sus poblaciones. Regiones como Corea del Sur, Japón, Hong Kong, Taiwán y China continental enfrentan actualmente crisis demográficas caracterizadas por la caída de las tasas de natalidad y el aumento de la población anciana.

Este incremento en las separaciones tardías es impulsado mayoritariamente por mujeres que han vivido bajo normas de género restrictivas en sociedades conservadoras, enfrentando barreras sociales, financieras y legales. En Japón, por ejemplo, los datos de 2024 indican que el doble de mujeres que de hombres solicitaron el divorcio entre parejas que habían estado casadas durante décadas. Según expertos, esto podría transformar la estructura de la población anciana en Asia, resultando en más personas viviendo solas y requiriendo mayor apoyo social, pero también en individuos más empoderados.

Para las mujeres nacidas en los años 60 y 70, el divorcio era anteriormente visto con juicio y vergüenza. Sangyoub Park, profesor asociado de Sociología en la Universidad de Washburn en Kansas, señala que en aquel entonces divorciarse era percibido como "el fin de la vida". Sin embargo, el panorama comenzó a cambiar en la segunda mitad del siglo XX con la mayor incorporación de las mujeres al mercado laboral y al acceso a la educación superior.

Park destaca el rol de la Generación X (nacidos entre 1965 y 1980), quienes crecieron en una Asia en proceso de globalización y absorbieron valores occidentales a través de la cultura pop, priorizando las decisiones personales sobre la obligación familiar. Este cambio cultural se refleja en las estadísticas: en Corea del Sur, el número de divorcios entre parejas con al menos 30 años de matrimonio superó por primera vez al de las parejas jóvenes con menos de cinco años de unión. Tendencias similares se reportan en Taiwán, Hong Kong y China continental, donde los divorcios entre personas mayores se han duplicado en los últimos 30 años.

Además de los factores culturales, las reformas legales han sido determinantes. En 2014, Corea del Sur dictaminó que las pensiones futuras y las indemnizaciones por despido podían incluirse en la división de bienes, permitiendo que las amas de casa tengan derecho a una parte de la pensión de vejez de sus exesposos. Japón implementó una reforma similar en 2007. Estas medidas son cruciales dado el alto índice de pobreza entre los ancianos en la región, especialmente en Corea del Sur y Hong Kong.

A pesar de los avances, la desigualdad de género persiste. Toyama enfatiza que la incapacidad de ser financieramente independiente sigue siendo la principal barrera para muchas mujeres, debido a los salarios más bajos para ellas en Japón. Por ello, aconseja a las nuevas generaciones, especialmente a las mujeres, que nunca abandonen su empleo.

El factor de la longevidad también ha redefinido las expectativas. Para muchos, tener 20 o 30 años adicionales de vida convierte al divorcio no en un fracaso, sino en el comienzo de un nuevo capítulo. Iman Lau, de 50 años y residente de Hong Kong, vivió este proceso tras años de infidelidad por parte de su esposo. Aunque inicialmente se sentía como un "pájaro en una jaula abierta", Lau descubrió tras su separación que la vida en solitario podía ser espectacular. Actualmente, se dedica al senderismo, la natación, el kayak y el aprendizaje del piano y el jazz.

Por su parte, Toyama, ahora de 63 años, se describe como una persona "llena de vida". Ha incursionado en TikTok, ofrece consejos a través de aplicaciones de mensajería y trabaja en el lanzamiento de una agencia matrimonial y una empresa de eventos. Para ambas mujeres, la reacción social ha evolucionado: mientras que algunas personas de su edad aún ven el divorcio como un tabú, las generaciones más jóvenes, como la Generación Z, suelen felicitarlas por su decisión.

Se prevé que esta tendencia de divorcios grises podría estabilizarse cuando los millennials lleguen a la edad de jubilación, ya que se casaron bajo circunstancias sociales distintas. No obstante, hasta entonces, las separaciones en la madurez seguirán siendo una vía para que muchas personas busquen una vida más vibrante y autónoma.

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