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El Mencho Muere, Pero Su Esposa Asciende: La Reina Invisible del Narcotráfico

Valle fue la matriarca del Clan Valle Valle en Honduras. Una de los 13 hermanos de una familia originaria de El Espíritu, en la frontera compartida con Guatemala. Su clan transportaba cocaína a través de la frontera rumbo a México y era un enlace clave para el Cartel de Sinaloa. La entrada (InsightCrime) Más que esposas de narcos: el poder de las mujeres en el crimen organizado en América Latina se publicó primero en Proceso Digital.

El Mencho Muere, Pero Su Esposa Asciende: La Reina Invisible del Narcotráfico

El reciente fallecimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cartel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), ha eclipsado una verdad incómoda: su esposa, Rosalinda González Valencia, ha estado profundamente involucrada en el negocio del narcotráfico durante más tiempo que él y, tras su muerte, es probable que continúe siendo una figura central en el panorama criminal mexicano. En un Día Internacional de la Mujer que a menudo ignora las realidades complejas del crimen organizado, la historia de González Valencia sirve como un recordatorio contundente de que las mujeres no son meras víctimas o peones en este mundo, sino actores clave con poder, influencia y una capacidad demostrada para la supervivencia.

Desde las primeras rutas de tráfico entre América Latina y Estados Unidos en las décadas de 1940 y 1950, las mujeres han ocupado puestos de alto rango en el negocio de las drogas. Esta realidad, a menudo minimizada o estereotipada, es el tema central del libro “Narcas: El ascenso al poder de las jefas secretas del crimen organizado”, que explora la intrincada red de mujeres que han operado en las sombras del narcotráfico durante generaciones. González Valencia, aunque quizás no herede formalmente el liderazgo del CJNG, probablemente seguirá siendo una pieza fundamental de su estructura financiera, dada la profunda implicación de su familia en la creación y funcionamiento del cartel.

Su historial legal es revelador. Arrestada por primera vez en Jalisco en mayo de 2018 bajo cargos de lavado de dinero, fue liberada tres meses después por falta de pruebas. En noviembre de 2021, fue capturada nuevamente, sentenciada a cinco años de prisión por delitos financieros y liberada a principios de 2025 por buena conducta. Este ciclo de arrestos y liberaciones ilustra la complejidad de su caso y la dificultad de desmantelar las redes financieras que sustentan al CJNG. Su capacidad para navegar por el sistema legal, ya sea a través de la falta de pruebas o la obtención de beneficios por buena conducta, sugiere una sofisticación y recursos considerables.

El caso de González Valencia desafía las narrativas simplistas sobre el papel de las mujeres en el crimen organizado. A menudo, se las reduce a dos arquetipos: la asesina despiadada o la víctima indefensa. La realidad, sin embargo, es mucho más matizada. La evidencia sugiere que las mujeres están presentes en todos los niveles de los grupos criminales, desempeñando roles que van desde la logística y el lavado de dinero hasta la gestión de operaciones y la toma de decisiones estratégicas. Su presencia no es un fenómeno reciente, sino una característica permanente de las redes criminales en América Latina.

Las estadísticas respaldan esta afirmación. Según investigaciones de la Oficina en Washington para América Latina (WOLA), el número de mujeres encarceladas por delitos relacionados con las drogas en la región ha aumentado drásticamente en las últimas dos décadas. El narcotráfico es el principal motor de la encarcelación femenina en la mayoría de los países de la región, lo que indica que las mujeres están cada vez más involucradas en el negocio de las drogas, ya sea por elección, necesidad o coerción. Para muchas, el narcotráfico representa una oportunidad arriesgada, pero percibida como una vía de escape de la pobreza y la violencia.

La conexión familiar de González Valencia con el mundo criminal se remonta a antes de su matrimonio con El Mencho. Su tío, Armando Valencia Cornelio, alias “El Maradona”, fue el fundador del ahora extinto Cartel del Milenio, del cual surgió el CJNG. Muchos miembros del Cartel del Milenio se unieron al CJNG cuando fue creado por El Mencho, lo que demuestra la continuidad de las redes criminales y la importancia de los lazos familiares en el mundo del narcotráfico.

Además, los hermanos de Rosalinda fundaron Los Cuinis, una organización supuestamente responsable de gran parte de las finanzas del CJNG y de las operaciones de lavado de dinero. Erika González Valencia, posiblemente una hermana de Rosalinda, también está involucrada en la estructura de Los Cuinis y fue sancionada por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos en 2019. La estructura del CJNG está salpicada de nombres de mujeres, destacando su papel crucial en la organización. Jessica Oseguera González, alias “La Negra”, hija de González Valencia y El Mencho, fue arrestada en febrero de 2020 y cumplió condena en Estados Unidos por administrar negocios relacionados con el imperio narcotraficante de su padre.

La forma en que se documenta y se combate el crimen organizado está influenciada por la composición de género en las agencias de seguridad, así como por los supuestos sobre el comportamiento y las características masculinas y femeninas que todos compartimos. Existe una tendencia a subestimar la capacidad de las mujeres para participar en actividades criminales, lo que dificulta la detección y el desmantelamiento de sus redes. Como sociedad, nos resulta más cómodo creer que las mujeres son cooptadas y victimizadas por el crimen organizado, en lugar de ser protagonistas.

Sin embargo, asumir que las mujeres no tienen capacidad de acción es ignorar las habilidades que han demostrado durante años en la economía legal. El submundo criminal no es diferente, y las mujeres trabajan en todo el espectro: como lavadoras de dinero, asesinas, transportistas, intermediarias y genias de la logística. La historia del narcotráfico latinoamericano está llena de ejemplos de mujeres que han ascendido al poder y han dejado una huella indeleble en el mundo criminal.

Casos recientes ilustran esta tendencia. Sánchez, acusada en abril de 2025 de proporcionar apoyo material al CJNG, demuestra la creciente participación de las mujeres en actividades que antes se consideraban dominio exclusivo de los hombres. Digna Valle, la matriarca del Clan Valle Valle en Honduras, fue un enlace clave para el Cartel de Sinaloa y ayudó a capturar a sus propios familiares involucrados en el crimen. María Fernández Valencia, conocida como “La Patrona”, fue la mano derecha de uno de los hijos de El Chapo y una importante lavadora de dinero para el Cartel de Sinaloa. Marchant, en Chile, lideró una de las organizaciones de tráfico de drogas más temidas en Santiago. Y “La Alemana”, en México, fue una generadora de violencia en Manzanillo, enfrentándose directamente al CJNG.

Estas mujeres, junto con otras como la “Reina del Sur” y Lola “La Chata”, demuestran que las mujeres no son meras espectadoras en el mundo del crimen organizado, sino actores activos y poderosos. Su participación desafía los estereotipos de género y exige una reevaluación de las estrategias para combatir el narcotráfico. La muerte de El Mencho puede haber marcado el fin de una era, pero el ascenso de Rosalinda González Valencia y otras mujeres en el mundo criminal sugiere que el futuro del narcotráfico latinoamericano será cada vez más femenino. La comunidad global debe reconocer esta realidad y adaptar sus estrategias para abordar este desafío complejo y en evolución.

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