Valladolid se ha convertido en el epicentro de la política castellana y leonesa, con las Cortes de la región como escenario de un debate crucial que podría inclinar la balanza electoral. La expectación era palpable desde horas antes del inicio, con periodistas y técnicos desplegados en un meticuloso montaje para capturar cada detalle de un evento que, como bien sabe Xabier Fortes, moderador con experiencia en este tipo de citas, es único en cada ocasión.
La puntualidad, o la falta de ella, marcó el inicio de la jornada. Carlos Pollán, candidato de Vox, fue el primero en llegar, adelantándose un minuto según algunos cronómetros, a las 20:39 horas. Carlos Martínez, del PSOE, optó por la prudencia y llegó a las 20:51 horas, asegurando su puntualidad tras un trayecto estratégico. Alfonso Fernández Mañueco, el candidato del PP y el único con experiencia previa en este formato de debate, hizo su entrada a las nueve en punto, mostrando una serenidad que contrastaba con la tensión latente en el ambiente.
Pero el debate no comienza con las palabras de los candidatos, sino con el trabajo silencioso de un equipo de más de cien profesionales. Nacho y Rubén, operadores de cámara, ensayaron incansablemente el plano de entrada, retrocediendo más de cincuenta pasos para lograr la perspectiva perfecta. Su labor, junto con la de todo el equipo técnico, es fundamental para que los espectadores puedan seguir la acción sin interrupciones.
El edificio de las Cortes bullía con actividad. Los asesores de los candidatos, armados con notas y cronómetros, recordaban a sus representados los bloques temáticos, los tiempos asignados y los momentos clave del debate: el "minuto de plata" y el "minuto de oro", instantes cruciales para dejar una impresión duradera en la audiencia. Cada equipo había elegido su espacio de trabajo: Fernández Mañueco en su despacho habitual, mientras que Martínez y Pollán se ubicaron en las salas de ponencias 1 y 2, con sus características mesas cuadrada y redonda respectivamente.
La uniformidad visual también fue objeto de atención. Los tres candidatos optaron por trajes azul marino, camisas blancas y corbatas: azules para Mañueco y Pollán, granate para Martínez. Una elección previsible, pensada para evitar distracciones y facilitar el trabajo del equipo de realización, que previamente había consultado los tejidos para prevenir el temido efecto moaré, un fallo técnico que puede arruinar cualquier comparecencia.
Tras las cámaras, un ejército de profesionales se afanaba en garantizar el éxito del evento. Tono Martín, escenógrafo, dirigía a los constructores de decorados, asegurando que el escenario fuera neutro y reconocible, siguiendo la línea estética habitual de los debates de Radiotelevisión Española. "Lo importante es que ninguno de los candidatos destaque sobre los demás", explicaba Martín, "el fondo tiene que ser discreto, sin elementos que puedan distraer la atención".
La dirección del debate también experimentó un relevo generacional. Antonio Casado, un veterano realizador, cedió el mando a Carlos Bueno, un joven talento al que admiraba profundamente. "Es un trabajo en equipo y lo más importante es que todos estemos muy concentrados, de principio a fin", insistía Bueno, mostrando humildad ante la experiencia de su predecesor.
La precisión temporal era otro aspecto crucial. Jesús, Ángel y Antonio, cronometradores oficiales pertenecientes a la Federación de Atletismo de Castilla y León, asumieron la responsabilidad de medir los tiempos de cada candidato, utilizando tanto cronómetros manuales como sistemas informáticos. "Nos repartieron un poco al azar", comentaba Jesús con una sonrisa, "pero bueno, a mí me han echado un poco al atril de este…".
El ambiente en las Cortes era solemne y entrañable. Un retrato de Miguel Delibes, junto con ejemplares de su obra y una copia del Estatuto de Autonomía, presidían una sala convertida en una oficina de control de tiempos. Un guiño a la cultura y la identidad de la región.
La logística del evento era impresionante. Gisela Hernández y Mercedes Vélez, productoras novatas en este tipo de eventos, coordinaban un equipo de más de 70 personas, gestionando las necesidades de cada departamento. Se habían adquirido 560 botellas de agua para mantener hidratados a todos los participantes.
El debate de Castilla y León se enmarca en una serie de citas electorales que incluyen Extremadura y Aragón. El engranaje está bien engrasado, pero los ensayos generales son minuciosos, con dobles de los candidatos discutiendo acaloradamente sobre temas de actualidad mientras los técnicos realizan los ajustes finales. Zuriñe, responsable de sonido, se centraba en los temas de incendios y medio ambiente, mientras que Irene, una periodista de refuerzo, pedía clemencia al desconocer los detalles específicos del territorio.
Selena, una de las falsas debatientes, reconocía la presión del momento: "Te pones en esa situación y da respeto". Víctor, montador de video, destacaba la importancia de los ensayos: "Si el ensayo va bien, es difícil que en el directo haya errores".
Los candidatos conocían bien el hemiciclo que aguardaba el comienzo de una nueva legislatura. Fernández Mañueco, con una larga trayectoria en las Cortes, se sentía como en casa. Pollán, actual presidente de la institución, también estaba familiarizado con el entorno. Martínez, aunque con menos experiencia parlamentaria, había sido procurador en el pasado.
El debate también permitió lucir la arquitectura monumental de las Cortes, una construcción contemporánea de piedra, granito, pizarra y madera que destaca en la Avenida de Salamanca. Fidel Parrondo, subdirector de medios técnicos exteriores, capturó un "plano beauty" del edificio, mostrando su imponente fachada y el enorme cubo de alabastro que alberga el hemiciclo, un espacio diseñado para acoger debates con 82 procuradores.
En definitiva, el debate en Castilla y León fue un despliegue de recursos humanos y técnicos, un ejercicio de precisión y coordinación, y un reflejo de la importancia de la política en la vida de la región. Un evento que, sin duda, marcará el rumbo de la próxima legislatura.


