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La Habana Ahogada en Basura: Apagones y Desesperación

Las autoridades aclararon que sí se ha autorizado de manera excepcional y transitoria la quema de desechos

La Habana Ahogada en Basura: Apagones y Desesperación

La capital cubana enfrenta una crisis sanitaria y ambiental sin precedentes, exacerbada por la escasez de combustible y la inoperancia de infraestructuras clave. Montañas de basura, que alcanzan alturas superiores a los cinco metros, se acumulan en distintos puntos de la ciudad, generando riesgos sanitarios y un panorama desolador para los habitantes. La situación, lejos de ser una novedad, se ha intensificado en los últimos meses, evidenciando la incapacidad del gobierno para gestionar eficazmente los residuos sólidos urbanos y garantizar servicios básicos a la población.

El vertedero ubicado junto a la termoeléctrica de Tallapiedra, fuera de servicio desde mediados de 2024, es un claro ejemplo de la magnitud del problema. Vecinos de la zona describen escenas impactantes, con cargadoras amarillas removiendo toneladas de desperdicios como si se tratara de los restos de una ciudad bombardeada. La operación, aunque aparentemente organizada, se limita a una transferencia de residuos de un punto a otro, sin abordar la raíz del problema. Camiones recolectores descargan su carga en una rotonda donde se registra cada entrada, para luego ser trasladada a vertederos finales, saturados y sin capacidad para recibir más desechos.

La crisis de combustible ha obligado a las autoridades a tomar medidas extremas, incluyendo la autorización excepcional e itinerante para la quema de basura en 122 puntos de acopio temporal. Esta decisión, justificada como una medida de contingencia, ha generado controversia y preocupación entre la población, debido a los impactos negativos en la salud y el medio ambiente. A pesar de las garantías oficiales de que la incineración se realiza bajo control y con la supervisión de especialistas, las columnas de humo que se levantan en todas partes son una constante en el paisaje habanero.

Según cifras oficiales de 2023, La Habana genera diariamente más de 23.000 metros cúbicos de residuos sólidos urbanos, una cifra que se estima ha aumentado debido al crecimiento del sector privado. Sin embargo, la capacidad de recogida está muy por debajo de esa producción, con solo 44 de los 166 camiones recolectores operativos y una carencia alarmante de contenedores, apenas 10.000 para una ciudad que necesita al menos 30.000.

La situación se ha agravado tras la pérdida del apoyo económico de Venezuela, que durante años fue el principal benefactor de Cuba. La escasez de combustible no solo ha paralizado el transporte público y limitado el acceso a bienes y servicios básicos, sino que también ha afectado gravemente la recolección de basura, dejando las calles desiertas y las montañas de desperdicios creciendo sin control.

Las autoridades han anunciado medidas organizativas para mejorar la gestión de residuos, incluyendo la creación de puestos de dirección en cada municipio y la designación de responsables por cada Consejo Popular. Se han establecido protocolos de supervisión y control, así como la dotación de herramientas y equipos de protección para el personal involucrado. Sin embargo, estas medidas parecen limitarse a las actas de las reuniones gubernamentales, sin traducirse en resultados tangibles en las calles.

Denuncias ciudadanas y alertas de instituciones como el Centro de Neurociencias de Cuba subrayan los impactos negativos de la quema de residuos, incluyendo problemas respiratorios, irritación de la piel y contaminación del aire. La situación se agrava aún más con la presencia de los llamados “buzos”, personas que hurgan entre la basura en busca de materiales reciclables, exponiéndose a riesgos sanitarios y condiciones de trabajo precarias.

La actividad informal de los buzos, aunque representa una fuente de ingresos para muchos, es un reflejo de la crisis económica que atraviesa Cuba, donde los salarios estatales no son suficientes para cubrir ni siquiera la canasta básica. Hombres, mujeres, niños y ancianos se arriesgan a escarbar entre los desperdicios, buscando plástico, aluminio, cartón o cualquier objeto que pueda ser revendido.

El problema de la basura se multiplica en distintos puntos de La Habana, con vertederos informales creciendo al borde de barrancos y contaminando suelos y cursos de agua cercanos. La ubicación del punto de acopio junto a la termoeléctrica de Tallapiedra, una planta que estaba destinada a generar electricidad y que lleva más de dos años fuera de servicio, añade una capa de ironía a la situación. Apagones y basura, una pésima combinación que refleja la profunda crisis que atraviesa Cuba y la falta de soluciones a la vista.

La inoperancia de la termoeléctrica, sumada a la acumulación de basura, simboliza la paradoja de un país sumido en la oscuridad y ahogado en desperdicios. La falta de inversión en infraestructura, la escasez de recursos y la ineficacia de las políticas gubernamentales han convertido a La Habana en una ciudad al borde del colapso sanitario y ambiental. La población, desesperada y resignada, observa cómo las montañas de basura crecen día a día, mientras las autoridades se limitan a anunciar medidas que no resuelven el problema de fondo. La situación exige una respuesta urgente y efectiva, que aborde las causas estructurales de la crisis y garantice el derecho a un medio ambiente sano y a una vida digna para todos los cubanos.

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