economiaBre-B Revoluciona Pagos: ¿Fin del 4x1000 y Banca Tradicional en Colombia?
Los pagos digitales ya no son solo una tendencia tecnológica; están moviendo la economía. Un informe de la fintech colombiana Mono, basado en experiencias como M-Pesa en Kenia, UPI en India, Pix en Brasil y el sistema Bre-B en Colombia, muestra que cuando más personas pagan de forma digital, el país crece más y baja la informalidad. En Colombia, el informe enmarca estos hallazgos en el despliegue del sistema de pagos inmediatos interoperables Bre-B, impulsado por el Banco de la República que reporta más de 100 millones de llaves registradas y acumula transacciones por más de $34 billones.En esta entrevista con EL COLOMBIANO, Juan Camilo Poveda, cofundador y CEO de Mono, explica por qué la interoperabilidad y la masificación de estos sistemas pueden convertirse en una herramienta clave para formalizar negocios, mejorar el recaudo y dinamizar el PIB.Conozca más: Pagos con tarjeta sin retención: la estrategia que aumentaría el recaudo tributario en Colombia “El año pasado movimos más de 1.000 millones de dólares con nuestra tecnología y procesamos más de 4 millones de transacciones. En términos de ingresos, duplicamos la facturación frente al año anterior. Atendemos empresas importantes de sectores como logística, cajas de compensación y consumo masivo en el país. Ese es, a grandes rasgos, el balance de 2025 y el contexto en el que está hoy la compañía”.“Hay un tema que nos interesa a todos los que estamos en el mundo fintech, todos queremos hacer más negocios, pero también queremos que Colombia crezca en inclusión financiera. Hoy las personas de a pie tienen una limitación muy grande para acceder al crédito formal. En Colombia el crédito formal sigue siendo bajo, pero eso no significa que la gente no pida plata prestada; lo hace, solo que de manera informal. Y ahí, tanto banqueros como fintech, tenemos la posibilidad de cambiar esa realidad.Una de las claves es el tema de los datos, lo que se conoce como Open Data o el Open Banking. Tradicionalmente los bancos han sido los dueños de la información financiera, pero los datos son del usuario. Si más entidades que prestan dinero pueden acceder, con autorización, a esa información sobre transacciones y pagos, habrá más elementos para evaluar si una persona es apta o no para un crédito. Eso nos interesa como industria porque nos permite prestar más, pero sobre todo porque facilita que la gente acceda a crédito formal, que es mucho más barato que el informal”.Le puede interesar: Este es el listado de bancos con las tasas de interés más bajas para prestarle plata este 2026 “Sí, en teoría protege al consumidor, pero el crédito es un negocio de riesgo, la tasa debe cubrir también a quienes no pagan. Cuando el techo es muy bajo, se limita la posibilidad de prestar a segmentos nuevos o con poca información crediticia. Colombia se modernizó en pagos hace apenas cinco años; hay muchos usuarios que, en términos de historial, son ‘nuevos’. Para atenderlos, bancos y fintech tenemos que asumir más riesgo, y la tasa de usura puede restringir ese margen”.“Sí, está la interoperabilidad. Lo que pasó la semana pasada lo demuestra, cuando dependemos de un solo actor o de una alta concentración del mercado, todo el sistema se afecta. Empresas con flujo de caja ajustado, personas sin poder pagar tarjetas, enviar dinero a sus familiares o cumplir obligaciones básicas. Eso es grave. Por eso la interoperabilidad es fundamental. Necesitamos un sistema estable, que permita que empresas y personas se envíen dinero fácilmente y que no dependa de una sola infraestructura. Desde Colombia Fintech y Mono hemos insistido en que ese sistema funcione bien y genere confianza. No podemos seguir con niveles de concentración que ponen en riesgo a todos los usuarios en un país como Colombia en 2026”.“El éxito de todos depende de todos. Esa es la principal lección. La interoperabilidad no funciona si solo las fintech son estables o si solo algunos actores cumplen. El sistema es un engranaje, si una pieza falla, el impacto es general. La estabilidad debe ser compartida.Otra lección es para personas y empresas. El mercado es libre y la interoperabilidad les permite escoger la entidad que mejor les funcione. Hoy muchos dicen: ‘Estoy en un banco porque siempre he estado ahí’. Pero ya no es una obligación técnica. Si el sistema permite enviar y recibir dinero entre distintas entidades, el usuario puede operar con el banco que le ofrezca mayor estabilidad y confianza. La responsabilidad de diversificar también recae en el cliente.Para la banca tradicional, el reto de modernización es urgente. Estamos hablando de organizaciones grandes, con infraestructuras complejas y legados tecnológicos pesados. Modernizar no es sencillo, pero el entorno competitivo no espera. Otros actores ya operan con arquitecturas más flexibles y eso presiona al sistema completo a actualizarse con rapidez. También, hay una lección regulatoria. La supervisión debe preguntarse cómo garantizar la estabilidad sistémica cuando existe alta concentración en un solo actor. No es sano que un evento puntual genere un sobresalto de esa magnitud. La resiliencia del sistema financiero tiene que ser estructural, no depender de la fortaleza individual de una entidad”.Entérese: “Que el banco más grande se apague es como si nos cortaran el oxígeno”: empresas reaccionan a caída “Una de las conclusiones del estudio es que en Colombia ya hay mucha gente con cuentas digitales, pero todavía falta profundidad en el uso. Es decir, tenemos la infraestructura, pero no la estamos aprovechando al máximo. Es como si todos tuviéramos bicicleta, pero pocos la usaran para ir a trabajar; la usamos para trayectos cortos, sin sacarle todo el potencial. Somos una sociedad relativamente nueva en el uso intensivo de productos financieros digitales. Hay acceso, pero aún no hay suficiente intensidad en transacciones, ahorro y, sobre todo, crédito.La relación con el crecimiento económico es clara. Primero, cuando aumentan los pagos digitales, se generan más datos. Y cuando hay más datos transaccionales, mejora la capacidad de las entidades para evaluar riesgo y ofrecer crédito. Más oferta de crédito significa más recursos circulando en la economía, más consumo, más inversión y, en consecuencia, mayor crecimiento del PIB.Segundo, está el efecto sobre la velocidad del dinero. Los pagos digitales operan en tiempo real. Si una empresa recibe el pago de inmediato, su flujo de caja mejora. Ya no tiene que esperar días para que el dinero se compense o para consignar efectivo. Eso acelera el pago a proveedores, empleados y nuevas compras de inventario. En términos macroeconómicos, aumenta la velocidad de circulación del dinero, lo que dinamiza la actividad productiva.Tercero, hay una reducción de costos. El manejo de efectivo es caro, implica transporte, seguridad, procesamiento e incluso el costo fiscal de imprimir billetes. El dinero digital reduce esos gastos operativos, tanto para las empresas como para el Estado. Esos recursos pueden destinarse a actividades más productivas. Por eso, cuando se profundiza el uso de pagos digitales, no solo cambia la forma de pagar; se fortalece el sistema crediticio, se acelera el flujo de caja empresarial y se optimizan costos. Esa combinación termina reflejándose en mayor crecimiento económico”.“En Colombia existe una percepción muy arraigada, muchos comerciantes y ciudadanos asocian tener cuenta bancaria o usar medios digitales con más impuestos. Lo dicen de forma coloquial: ‘me van a clavar’. Esa narrativa es consecuencia de figuras como el 4x1.000 y de retenciones asociadas a transacciones electrónicas. Se instaló la idea de que bancarizarse es sinónimo de mayor carga tributaria.Si el Estado quiere incentivar la formalización, la bancarización y que haya más crédito en la economía, necesita cambiar esa percepción. No puede castigar el uso del sistema financiero digital y, al mismo tiempo, esperar que más personas lo adopten. La discusión de fondo pasa por desmontar gradualmente gravámenes como el 4x1.000. Desde el sector se ha insistido en que debería reducirse progresivamente hasta desaparecer.Si la economía crece y se amplía la base formal, el recaudo puede mejorar incluso sin ese tipo de impuestos distorsionantes. Además, el propio Estado podría aprovechar mejor los sistemas digitales para recaudar de forma más eficiente y transparente. La lógica debería ser la contraria a la que históricamente se aplicó: generar incentivos al pago digital, no desincentivos. En lugar de penalizarlo, podría incluso premiarse su uso, porque fortalece la trazabilidad y reduce la informalidad”.Siga leyendo: “Es inaceptable”: gerente de Nubank cuestionó caída de Bancolombia y pidió reglas estrictas para Bre-B “El riesgo de volver a proponer un impuesto a las transacciones digitales es alto, precisamente porque es un tributo fácil de recaudar. Es automático, difícil de evadir y administrativamente eficiente. Para un gobierno con presiones fiscales, resulta tentador. Cambiar una tarifa es técnicamente sencillo y el sistema ya está montado.Ahí existe un conflicto evidente, lo que es eficiente para el recaudo puede ser perjudicial para la profundización financiera. Por eso, desde el sector fintech, y también desde la banca, se ha insistido en que el objetivo debe ser eliminar gradualmente ese tipo de gravámenes. Si se quiere más penetración de pagos digitales y, en consecuencia, mayor crecimiento económico, no se puede gravar la herramienta que lo hace posible”. “El 4x1.000 frena muchísimo el uso de pagos digitales, sobre todo por un tema cultural y práctico. Cultural, porque existe una asociación automática entre dinero digital e impuesto. Mucha gente no entiende en detalle cómo funciona el gravamen, pero sí tiene claro que ‘le cobran por mover su propia plata’. Esa percepción pesa mucho. En lo práctico, el diseño también genera fricciones. Marcar y desmarcar una cuenta como exenta no siempre es sencillo. En algunos casos implica trámites presenciales o procesos engorrosos. Eso desincentiva que una persona abra una segunda o tercera cuenta para diversificar riesgos o aprovechar mejores servicios. Si cambiar la cuenta exenta es complicado, el usuario prefiere quedarse donde está.Además, el solo hecho de tener varias cuentas genera temor a pagar el impuesto por mover recursos entre ellas. Entonces la persona concentra todo en una cuenta principal y, en muchos casos, opta por retirar efectivo para evitar costos adicionales. Eso va en contravía de la digitalización. El efecto es doble: operativo y cultural. Operativo, porque dificulta la movilidad entre entidades y la competencia; cultural, porque instala la idea de que usar el sistema financiero es más costoso que usar efectivo. Y mientras esa percepción exista, el avance hacia una economía más digital será más lento”.Conozca aquí: Retención del 1,5% a pagos digitales dejaría $223.000 millones extra al Gobierno en 2034, a costa de destruir Bre-B ¿Por qué no han eliminado ese impuesto?“Eliminar el 4x1.000 no es fácil, porque es un mecanismo de recaudo eficiente y representa ingresos importantes para el Estado. Pero si el objetivo es profundizar los pagos digitales y la inclusión financiera, mantener un impuesto que penaliza cada movimiento electrónico es una contradicción estructural”. “Excelente. A veces creemos que la innovación es inventarlo todo desde cero, pero también es válido copiar lo que ya funciona. Tomamos como referencia el modelo de Brasil y lo adaptamos a Colombia, ajustando algunos elementos, pero manteniendo la usabilidad. Si algo ya probó ser exitoso, no tiene sentido reinventarlo.Los datos muestran una adopción muy sólida. En Colombia hay cerca de 39 millones de adultos y alrededor de 34 millones ya tienen al menos una llave registrada. Es decir, cuatro de cada cinco adultos están habilitados para recibir dinero por este sistema. Eso cambia la percepción de que en Colombia poca gente usa servicios financieros. Además, si comparamos el ritmo de adopción con el caso brasileño, vamos incluso más rápido en penetración inicial”.“En cuanto a riesgos, el principal es la inestabilidad de actores clave. Si alguno de los grandes participantes falla, el impacto es sistémico. El segundo riesgo es el fraude. Entre más exitoso sea el sistema, más intentos habrá por parte de actores deshonestos. No es un problema del modelo, sino un efecto colateral del crecimiento. Por eso es clave la educación financiera: nadie debe pagar por registrar su llave ni entregar datos sensibles a terceros”.“En el caso de Mono, participamos como actor indirecto. Desarrollamos una tecnología que permite a las empresas pagar y recaudar a través de llaves interoperables. Por ejemplo, una compañía con miles de conductores puede pagar en tiempo real cuando finaliza un servicio. El trabajador registra su llave y recibe el dinero en segundos. Lo mismo ocurre con recaudos, generamos códigos QR interoperables para que un cliente pague desde cualquier banco, sin manejo de efectivo.Eso acelera el flujo de caja. El dinero no pasa por procesos manuales ni consignaciones físicas; se mueve en tiempo real. Lanzamos esta solución hace cuatro meses y ya tenemos clientes relevantes en logística, cajas de compensación y otros sectores, con volúmenes transaccionales crecientes.En cuanto a la promoción, el enfoque ha sido pedagógico y empresarial. Mostramos a emprendedores y compañías cómo la digitalización reduce costos operativos, elimina el riesgo del efectivo y mejora la trazabilidad. La interoperabilidad no solo es eficiencia tecnológica; también es una herramienta para reducir informalidad y fortalecer la formalización financiera”.Le puede interesar: Colombia Fintech alerta que impuesto del 1,5% a pagos digitales frenará la inclusión financiera “La respuesta puede sonar contraintuitiva, necesitamos más competencia. En este caso, que más bancos y más actores ofrezcan exactamente el mismo servicio no me perjudica; al contrario, acelera la adopción. Hoy todavía, cuando una empresa va a pagar nómina o proveedores, lo primero que pide es el número de cuenta. El sistema de llaves interoperables elimina esa fricción. El día en que todos los bancos integren de forma masiva esta funcionalidad y la promuevan activamente para nómina y pagos empresariales, el cambio será estructural.Claro, eso implica que otros jugadores compitan con nosotros. Pero si más entidades empujan el uso de pagos por llaves, más empresas se acostumbrarán a operar así. La adopción no depende solo de una fintech; requiere que el sistema completo, bancos y autoridades, impulse el estándar como práctica habitual. Lo que falta es decisión estratégica y pedagogía. Que las entidades lo incluyan como opción predeterminada en pagos empresariales y que el regulador siga promoviendo su uso. Cuando pagar nómina por llave sea tan natural como hoy lo es transferir a una cuenta, el salto será definitivo.Más allá del beneficio para una empresa puntual, lo relevante es que una mayor digitalización de pagos empresariales fortalece la formalización, reduce costos operativos y dinamiza la economía. Si el país avanza en esa dirección, el crecimiento del sector vendrá por añadidura”.“Lo primero es que queremos convertirnos en el principal proveedor tecnológico para que las empresas paguen y recauden a través de Bre-B. Ese es el objetivo central. Queremos liderar ese mercado en soluciones empresariales sobre interoperabilidad. Es un reto grande, pero creemos que ahí está la oportunidad estructural.Además, estamos iniciando un plan de expansión regional con nuestra tecnología de tarjetas. Estamos lanzando tarjetas que funcionan en Perú, Ecuador, Argentina, Brasil y Chile. La idea es que una empresa que necesite entregar tarjetas a conductores, colaboradores o aliados pueda hacerlo en varios países con una sola integración tecnológica. Esa escalabilidad regional es clave para nuestro crecimiento en 2026. En términos generales, el foco es profundizar en pagos y recaudos digitales, consolidarnos sobre Bre-B y expandir el negocio de emisión de tarjetas en América Latina”.Además: Bre-B, el nuevo sistema de pagos, acabaría con las tarjetas débito y crédito en Colombia, alerta Pronus “Soy una persona optimista por naturaleza. A pesar de los desafíos, veo señales positivas. Por ejemplo, la banca tradicional ha mostrado apertura frente a proyectos como Bre-B. Podrían haberse resistido, porque en teoría aumenta la competencia, pero entendieron que es conveniente para el país. Eso habla bien del sistema. También han participado activamente en conversaciones sobre open banking y modernización. Son entidades grandes, con estructuras complejas, pero dispuestas a competir en igualdad de condiciones con las fintech. Eso fortalece el ecosistema.En el corto plazo hay retos. El entorno de tasas de interés y la incertidumbre electoral pueden frenar decisiones de consumo e inversión. Cuando suben las tasas, se desincentiva la colocación de crédito y la gente tiende a ahorrar más. Eso puede generar un periodo incómodo. Sin embargo, en el mediano y largo plazo sigo viendo un sistema que avanza hacia mayor competencia y modernización. Las conversaciones con distintos actores políticos muestran que hay conciencia sobre la necesidad de hacer el sistema más eficiente y competitivo. Y eso no beneficia solo a las fintech o a los bancos grandes; beneficia al conjunto de la economía”.
miércoles, 4 de marzo de 2026, 17:23
CO
elcolombiano
Mono, la fintech colombiana que ha movido más de mil millones de dólares en el último año, proyecta liderar los pagos empresariales con el sistema Bre-B en 2026, mientras su CEO, Juan Camilo Poveda, aboga por la eliminación del controvertido gravamen del 4x1.000 y una aceleración en la modernización del sector bancario colombiano. Un reciente informe de la compañía, inspirado en modelos exitosos como M-Pesa en Kenia, UPI en India y Pix en Brasil, subraya la correlación directa entre la adopción de pagos digitales y el crecimiento económico, así como la reducción de la informalidad.
El informe destaca el rápido despliegue de Bre-B, la plataforma de pagos inmediatos interoperables impulsada por el Banco de la República, que ya cuenta con más de 100 millones de llaves registradas y ha procesado transacciones por valor de más de 34 billones de pesos. Poveda, en una entrevista exclusiva con EL COLOMBIANO, explica cómo la interoperabilidad y la masificación de estos sistemas pueden convertirse en una herramienta clave para formalizar negocios, mejorar el recaudo tributario y dinamizar el Producto Interno Bruto (PIB) del país.
“El año pasado movimos más de 1.000 millones de dólares con nuestra tecnología y procesamos más de 4 millones de transacciones. En términos de ingresos, duplicamos la facturación frente al año anterior. Atendemos empresas importantes de sectores como logística, cajas de compensación y consumo masivo en el país. Ese es, a grandes rasgos, el balance de 2025 y el contexto en el que está hoy la compañía”, afirma Poveda.
El CEO de Mono enfatiza la importancia de la inclusión financiera, señalando que el acceso al crédito formal sigue siendo limitado en Colombia, lo que obliga a muchos ciudadanos a recurrir a fuentes de financiamiento informales con tasas de interés mucho más altas. “Hoy las personas de a pie tienen una limitación muy grande para acceder al crédito formal. En Colombia el crédito formal sigue siendo bajo, pero eso no significa que la gente no pida plata prestada; lo hace, solo que de manera informal. Y ahí, tanto banqueros como fintech, tenemos la posibilidad de cambiar esa realidad”, explica.
Una de las claves para lograr esta transformación, según Poveda, es el Open Data o Open Banking, que permitiría a las entidades financieras acceder, con la autorización del usuario, a su información financiera para evaluar su capacidad crediticia de manera más precisa. “Tradicionalmente los bancos han sido los dueños de la información financiera, pero los datos son del usuario. Si más entidades que prestan dinero pueden acceder, con autorización, a esa información sobre transacciones y pagos, habrá más elementos para evaluar si una persona es apta o no para un crédito. Eso nos interesa como industria porque nos permite prestar más, pero sobre todo porque facilita que la gente acceda a crédito formal, que es mucho más barato que el informal”.
Poveda también aborda el tema de las tasas de interés, argumentando que las regulaciones que limitan las tasas pueden restringir la oferta de crédito a segmentos de la población con poco historial crediticio. “Sí, en teoría protege al consumidor, pero el crédito es un negocio de riesgo, la tasa debe cubrir también a quienes no pagan. Cuando el techo es muy bajo, se limita la posibilidad de prestar a segmentos nuevos o con poca información crediticia. Colombia se modernizó en pagos hace apenas cinco años; hay muchos usuarios que, en términos de historial, son ‘nuevos’. Para atenderlos, bancos y fintech tenemos que asumir más riesgo, y la tasa de usura puede restringir ese margen”.
La interoperabilidad es otro tema central en la visión de Poveda, quien destaca la importancia de evitar la concentración del mercado en un solo actor. “Sí, está la interoperabilidad. Lo que pasó la semana pasada lo demuestra, cuando dependemos de un solo actor o de una alta concentración del mercado, todo el sistema se afecta. Empresas con flujo de caja ajustado, personas sin poder pagar tarjetas, enviar dinero a sus familiares o cumplir obligaciones básicas. Eso es grave. Por eso la interoperabilidad es fundamental. Necesitamos un sistema estable, que permita que empresas y personas se envíen dinero fácilmente y que no dependa de una sola infraestructura”.
Poveda subraya que la estabilidad del sistema debe ser compartida por todos los actores involucrados, incluyendo fintech, bancos y reguladores. “El éxito de todos depende de todos. Esa es la principal lección. La interoperabilidad no funciona si solo las fintech son estables o si solo algunos actores cumplen. El sistema es un engranaje, si una pieza falla, el impacto es general. La estabilidad debe ser compartida”.
En cuanto al uso actual de los pagos digitales en Colombia, Poveda señala que, si bien existe una alta penetración de cuentas digitales, todavía falta profundizar su uso. “En Colombia existe una percepción muy arraigada, muchos comerciantes y ciudadanos asocian tener cuenta bancaria o usar medios digitales con más impuestos. Lo dicen de forma coloquial: ‘me van a clavar’. Esa narrativa es consecuencia de figuras como el 4x1.000 y de retenciones asociadas a transacciones electrónicas. Se instaló la idea de que bancarizarse es sinónimo de mayor carga tributaria”.
Poveda insiste en que el Estado debe eliminar gradualmente gravámenes como el 4x1.000 para incentivar la formalización y la bancarización. “Si el Estado quiere incentivar la formalización, la bancarización y que haya más crédito en la economía, necesita cambiar esa percepción. No puede castigar el uso del sistema financiero digital y, al mismo tiempo, esperar que más personas lo adopten. La discusión de fondo pasa por desmontar gradualmente gravámenes como el 4x1.000. Desde el sector se ha insistido en que debería reducirse progresivamente hasta desaparecer”.
El CEO de Mono advierte sobre el riesgo de que se proponga un nuevo impuesto a las transacciones digitales, argumentando que sería un incentivo perjudicial para la profundización financiera. “El riesgo de volver a proponer un impuesto a las transacciones digitales es alto, precisamente porque es un tributo fácil de recaudar. Es automático, difícil de evadir y administrativamente eficiente. Para un gobierno con presiones fiscales, resulta tentador”.
Finalmente, Poveda comparte su visión para el futuro de Mono, que incluye convertirse en el principal proveedor tecnológico para pagos y recaudos a través de Bre-B, así como expandir su negocio de emisión de tarjetas a otros países de América Latina. “Lo primero es que queremos convertirnos en el principal proveedor tecnológico para que las empresas paguen y recauden a través de Bre-B. Ese es el objetivo central. Queremos liderar ese mercado en soluciones empresariales sobre interoperabilidad. Es un reto grande, pero creemos que ahí está la oportunidad estructural”.