ÚLTIMA HORA

Cobertura global las 24 hs. • jueves, 30 de julio de 2026 • Noticias actualizadas al minuto.

Menú

Cuba al Límite: Gasolina para Pocos, Hambre para Muchos

La suerte y la astucia determinan cada vez más quién obtiene cuánto

Cuba al Límite: Gasolina para Pocos, Hambre para Muchos

Cuba se enfrenta a una crisis multifacética que profundiza las divisiones sociales y económicas, con el acceso a recursos básicos como la electricidad y el combustible convirtiéndose en un privilegio para unos pocos. La situación, descrita por algunos como peor que el “período especial” tras la caída de la Unión Soviética, se agrava por el endurecimiento del embargo estadounidense y la incapacidad del Estado para satisfacer las necesidades de la población.

La escasez de combustible es palpable en todo el país, ejemplificada en la gasolinera Los Pinos, a 100 kilómetros al este de La Habana. Allí, una cola de más de 100 vehículos se formó durante un día entero, esperando pacientemente el encendido de las luces que significaría la posibilidad de repostar. El sistema de colas, peculiarmente cubano, se basa en la memoria y la confianza mutua: los conductores deben recordar las caras, los nombres o las matrículas de quienes les rodean, ya que no se permite abandonar la fila. El premio, el combustible, es demasiado valioso como para arriesgarse a perder el lugar.

Sin embargo, el acceso a la gasolina en Los Pinos está restringido a los coches de alquiler, que pueden adquirir un máximo de 20 litros por visita, pagando en dólares al tipo de cambio oficial de 1,10 dólares por litro con tarjetas de crédito extranjeras o tarjetas prepagadas cubanas. Para los cubanos, la opción de repostar en esta gasolinera es prácticamente inexistente, ya sea por la falta de acceso a divisas o por la dificultad de obtener una reserva a través de la aplicación oficial, un sistema que se asemeja más a una lotería.

Incluso si pudieran acceder a Los Pinos, los precios serían prohibitivos para la mayoría de la población. El salario promedio de un empleado estatal, según datos oficiales (posiblemente manipulados), es de 6.500 pesos al mes, lo que equivale a unos 15 dólares al tipo de cambio no oficial. En contraste, el precio de la gasolina en el mercado negro se ha disparado, alcanzando hasta 6.000 pesos por litro en algunas zonas. Esta disparidad ha generado un lucrativo negocio para algunos conductores que alquilan coches, llenan el depósito y venden la gasolina en provincias, una práctica que el gobierno ha intentado frenar limitando el acceso a los coches de alquiler a no residentes.

La crisis energética se manifiesta en cortes de electricidad cada vez más prolongados e impredecibles, especialmente en las provincias del centro y este de Cuba. La situación varía significativamente entre zonas urbanas y rurales, e incluso dentro de las mismas ciudades. Aquellos que viven cerca de hospitales, bases militares o estaciones de bombeo de agua tienen más probabilidades de disfrutar de un suministro eléctrico más estable. La falta de electricidad ha obligado a muchas personas a cocinar con carbón, generando un activo comercio de cocinas de hierro improvisadas y sacos de carbón, que en el oriente de Cuba se intercambian por 1.300 pesos.

La escasez de alimentos es otro aspecto crítico de la crisis. La carne y el pescado desaparecieron de las raciones estatales en 2023, dejando a la población dependiente de cantidades limitadas de arroz (un kilo por persona), azúcar (una libra), un panecillo diario y cuatro paquetes de cigarrillos sin filtro, que muchos venden en el mercado negro para obtener ingresos adicionales. El aceite de cocina, antes subvencionado, ahora se obtiene principalmente de empresas privadas autorizadas por el gobierno, alcanzando precios de hasta 5 dólares el litro en las zonas remotas del este del país, un costo equivalente al de la gasolina de contrabando.

La desesperación económica ha llevado a un aumento de la mendicidad y de las personas que duermen a la intemperie, algo inusual en Cuba hasta hace pocos años. La basura sin recoger se acumula en las calles, y el transporte público se ha reducido drásticamente o incluso desaparecido por completo.

A pesar de la difícil situación, algunos cubanos pueden permitirse el lujo de comprar aceite de cocina y carbón, gracias a las remesas enviadas por familiares y amigos en el extranjero. También se benefician de la situación aquellos que participan en las empresas privadas altamente reguladas que proliferan en la isla, que tienen acceso a la economía dolarizada y, en muchos casos, se gestionan de manera más eficiente que las empresas estatales.

Sin embargo, el sector privado también enfrenta desafíos. La mayoría de las importaciones ahora deben pasar por una zona franca en Mariel, un puerto occidental alejado de la mayor parte del país, lo que aumentará significativamente los costos de transporte. Además, la reciente decisión del gobierno de permitir a las empresas privadas importar combustible, siempre y cuando no termine en manos del Estado, podría dar lugar a la proliferación de empresas fantasma y al caos en el mercado.

La provincia de Guantánamo, una de las más pobres de Cuba, es un claro ejemplo de las contradicciones y desigualdades que atraviesa el país. Los salarios estatales son inferiores al promedio nacional, hay menos oportunidades para participar en empresas privadas y la agricultura, aunque rica, no es suficiente para satisfacer las necesidades de la población. Sin embargo, Guantánamo también se beneficia de la emigración y las remesas, y algunas zonas del centro de la ciudad tienen electricidad durante la mayor parte del día, con bares y restaurantes abarrotados los fines de semana. Pero a pocos metros de estos centros de consumo, en el barrio de San Justo, la realidad es muy diferente: calles sin pavimentar, escasez de electricidad y residentes que cocinan con carbón lo poco que pueden permitirse.

La situación en Cuba es compleja y multifacética, con profundas raíces históricas y económicas. El futuro de la isla es incierto, pero una cosa es clara: la crisis actual exige soluciones urgentes y estructurales que aborden las desigualdades sociales y económicas, y que permitan a la población cubana acceder a los recursos básicos necesarios para una vida digna. La dependencia de las remesas y el sector privado, aunque importantes, no son soluciones sostenibles a largo plazo. Se necesita una reforma económica integral que promueva la inversión, la innovación y la diversificación de la economía cubana, y que garantice la participación de todos los sectores de la sociedad en el proceso de desarrollo.

Cobertura en Video