El ministro de Turismo, William Rodríguez, ha expresado su deseo de continuar al frente del ministerio durante la próxima administración de Laura Fernández, a pesar de los desafíos económicos y laborales que enfrenta el sector. La declaración, realizada en una entrevista con El Observador, se produce en un momento crítico para el turismo costarricense, marcado por un crecimiento lento, pérdida de empleos y la volatilidad del tipo de cambio.
Rodríguez, uno de los pocos ministros que ha permanecido en su cargo desde el inicio del gobierno de Rodrigo Chaves Robles, enfatizó que su interés en continuar se basa en la necesidad de completar un proyecto a largo plazo. “Este es un proyecto que no es de cuatro años, es un proyecto más largo que eso. Obviamente, el tema está en querer terminar un proyecto que he empezado y que tiene condiciones muy claras”, afirmó.
El principal objetivo de Rodríguez, según sus propias palabras, es “emparejar la cancha” entre las diferentes regiones del país, específicamente entre el Caribe y el Pacífico Sur, y las zonas turísticas más desarrolladas. Esta visión implica una distribución más equitativa de las oportunidades de desarrollo y atracción turística, buscando diversificar la oferta y beneficiar a comunidades que históricamente han quedado rezagadas.
Sin embargo, el panorama actual del turismo costarricense presenta serias dificultades. A pesar de un crecimiento del 1% en las llegadas de turistas vía aérea al cierre de 2025, alcanzando un total de 2.689.278 visitantes, esta cifra representa la tasa de crecimiento más baja en la última década, encendiendo las alarmas en el sector. Este modesto aumento, de apenas 27.790 personas en comparación con 2024, contrasta con el crecimiento interanual registrado en los últimos meses de 2025 y enero de 2026.
La situación se agrava al considerar la pérdida de empleos en la industria de hoteles y restaurantes. Un análisis de la Universidad Nacional (UNA) revela que se perdieron 12.181 puestos de trabajo entre 2019 y finales de 2025, afectando desproporcionadamente a las mujeres. Esta pérdida de empleos no solo impacta en la economía familiar, sino que también reduce la capacidad del sector para brindar un servicio de calidad a los turistas.
Otro factor que complica el escenario es la fluctuación del tipo de cambio. Desde 2022, el valor del dólar ha experimentado variaciones entre el 20% y el 25%, lo que afecta los ingresos de las empresas turísticas, especialmente las más pequeñas, que carecen de la capacidad financiera para mitigar los efectos de estas fluctuaciones. La reciente declaración del presidente Chaves Robles, instando al país a “acostumbrarse” a estos niveles de tipo de cambio, similares a los de hace más de 20 años, no ha generado precisamente tranquilidad en el sector.
Rodríguez, por su parte, aboga por un enfoque en el “turismo de valor” en lugar de un turismo masivo sin límites. “Nosotros no deberíamos estar apostando por más y más turismo sin límite, sino por un turismo de valor, que es lo que hemos venido predicando en los últimos tiempos”, señaló. Esta estrategia implica atraer a turistas que estén dispuestos a gastar más en experiencias de alta calidad, contribuyendo así a una mayor rentabilidad para el sector y a una distribución más equitativa de los beneficios.
La decisión final sobre la continuidad de Rodríguez en el cargo recaerá en Laura Fernández, quien asumirá la presidencia en mayo próximo. La nueva administración deberá evaluar cuidadosamente los desafíos que enfrenta el sector turístico y definir una estrategia que permita impulsar su crecimiento sostenible, generar empleos de calidad y contribuir al desarrollo económico del país.
El contexto económico general del país también influye en el futuro del turismo. La relación deuda/PIB, que supera el 60%, obligará a implementar recortes en el gasto público a partir de 2027, lo que podría afectar la inversión en infraestructura turística y en la promoción del país como destino. Además, la inflación, monitoreada de cerca por instituciones financieras como Citigroup Inc., y la incertidumbre geopolítica, exacerbada por los conflictos internacionales, como los ataques entre Estados Unidos e Israel e Irán, generan volatilidad en el mercado petrolero y afectan la confianza de los inversionistas.
La situación actual exige una respuesta integral que involucre al gobierno, al sector privado y a la sociedad civil. Es fundamental fortalecer la promoción del país como destino turístico de alta calidad, invertir en infraestructura y capacitación, mejorar la competitividad de las empresas turísticas y garantizar la sostenibilidad ambiental y social del sector. La continuidad de Rodríguez en el cargo podría aportar estabilidad y conocimiento al proceso, pero la decisión final dependerá de la visión y las prioridades de la nueva administración. El futuro del turismo costarricense, y con él, una parte importante de la economía nacional, está en juego.

