Ali Larijani, durante décadas un pilar del establishment iraní conocido por su enfoque pragmático y su habilidad para la negociación, ha experimentado una transformación radical en su discurso y postura, situándose ahora en el epicentro de la respuesta de Teherán a la escalada de tensiones con Estados Unidos e Israel. El cambio, abrupto y notorio, se produjo el 1 de marzo, tras los ataques aéreos, cuando Larijani, de 67 años, abandonó su tono moderado para adoptar una retórica incendiaria en redes sociales.
“Estados Unidos y el régimen sionista (Israel) han incendiado el corazón de la nación iraní”, escribió Larijani, acompañando sus palabras con una imagen del difunto líder supremo, Alí Jamenei. “Los valientes soldados y la gran nación de Irán darán una lección inolvidable a los infernales opresores internacionales”, añadió, marcando un punto de inflexión en su trayectoria política.
Este cambio de actitud es particularmente significativo dado el papel histórico de Larijani en la política iraní. Nacido en Irak en 1958, en una familia acomodada, Larijani posee una formación académica sólida, con una maestría en matemáticas y ciencias computacionales de la Universidad Tecnológica de Sharif. Sin embargo, su carrera se ha definido principalmente por su compromiso político, comenzando con su adhesión al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) durante la Revolución Islámica de 1979.
Su ascenso en el gobierno fue constante. Ocupó el cargo de Ministro de Cultura a mediados de los años 90 y, posteriormente, entre 2008 y 2020, presidió el Parlamento iraní durante tres mandatos consecutivos, desempeñando un papel crucial en la formulación de la política interior y exterior del país. Fue durante su presidencia del Parlamento cuando se logró la aprobación del Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC), el acuerdo nuclear de 2015 entre Irán y las potencias mundiales.
Larijani fue también un actor clave en las negociaciones nucleares, sirviendo como principal negociador de Irán con las potencias occidentales. Sin embargo, su pragmatismo y su disposición a llegar a acuerdos le valieron críticas dentro del establishment, lo que lo llevó a renunciar al cargo de secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional en 2007, debido a diferencias con las políticas nucleares del entonces presidente Mahmud Ahmadineyad.
A pesar de su trayectoria y experiencia, Larijani ha sido vetado en dos ocasiones para la presidencia. Sus candidaturas en 2021 y 2024 fueron descalificadas por el Consejo de Guardianes, el organismo encargado de evaluar a los candidatos presidenciales, lo que sugiere la existencia de fuertes resistencias a su figura dentro del sistema político iraní.
Sin embargo, en 2025, Larijani fue reelegido secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional por el presidente Masoud Pezeshkian, lo que indicaba un posible resurgimiento de su influencia. Desde su regreso al cargo, su postura ha experimentado un endurecimiento notable. En octubre de 2025, informes revelaron que Larijani había cancelado un acuerdo de cooperación con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), argumentando que los informes del organismo “ya no eran eficaces”.
A pesar de esta firmeza, Larijani siempre ha sido considerado un pragmático, un hombre dentro del sistema iraní dispuesto a explorar vías de negociación. De hecho, apenas unas semanas antes de la actual escalada, se informó que Larijani estaba manteniendo conversaciones indirectas con Estados Unidos. En febrero, durante estas negociaciones, Larijani declaró que Teherán no había recibido una propuesta específica de Washington y acusó a Israel de intentar sabotear la vía diplomática para “provocar una guerra”.
Antes de los ataques estadounidenses e israelíes, Larijani se mostraba optimista sobre las conversaciones, afirmando que “recurrir a la negociación es una vía racional”. Sin embargo, los ataques han cerrado la puerta a la diplomacia, al menos por el momento, y el tono pragmático de Larijani parece haber desaparecido. El lunes, Larijani declaró que Irán “no negociaría” con Washington y prometió una respuesta con “una fuerza sin precedentes”.
El cambio en la actitud de Larijani refleja la creciente frustración dentro del establishment iraní con la política de Estados Unidos e Israel, y la percepción de que la diplomacia ha fracasado. Su papel en la respuesta de Teherán a la crisis actual será crucial, y se espera que desempeñe un papel importante en la transición del país tras la muerte del ayatola.
La transformación de Ali Larijani, de negociador pragmático a defensor de una respuesta contundente, plantea interrogantes sobre el futuro de la política iraní y las perspectivas de una resolución pacífica de la crisis. Su postura endurecida podría indicar un cambio fundamental en la estrategia de Teherán, alejándose de la diplomacia y acercándose a una confrontación más directa. La comunidad internacional observa con preocupación la evolución de la situación, temiendo que la escalada de tensiones pueda desembocar en un conflicto de consecuencias impredecibles.

