El Ejército israelí ha lanzado una nueva y escalada oleada de ataques contra Beirut, Líbano, apuntando presuntamente a instalaciones del grupo Hezbolá, incluyendo la sede de la cadena de televisión Al Manar, afín a la organización. La ofensiva, iniciada en la madrugada de este martes, se produce en represalia por los recientes ataques de Hezbolá contra territorio israelí, a su vez desencadenados por la muerte del líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, en bombardeos atribuidos a Estados Unidos e Israel.
Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) anunciaron el inicio de los ataques a través de su cuenta de Telegram, declarando que se dirigían a "la sede y los depósitos de armas de la organización terrorista Hezbolá en Beirut". Poco después, Avichay Adraee, portavoz en árabe de las FDI, emitió una orden de evacuación "urgente a todos" los habitantes del sur de Beirut, específicamente en la zona adyacente al barrio Haret Hreik, argumentando que se encuentran cerca de instalaciones y objetivos pertenecientes a Hezbolá que serán atacados "con fuerza próximamente".
"Por la seguridad y la de sus familiares, deben evacuar este edificio y los edificios adyacentes inmediatamente y alejarse al menos 300 metros", declaró Adraee en la plataforma X, acompañando su mensaje con un mapa detallado del área afectada. La orden de evacuación ha generado pánico y caos en la capital libanesa, con miles de civiles buscando refugio en zonas más seguras.
La cadena de televisión Al Manar denunció un bombardeo del "enemigo sionista" contra su sede en Haret Hreik, aunque hasta el momento no ha reportado víctimas ni daños materiales significativos. Este ataque contra un medio de comunicación ha suscitado preocupaciones sobre la libertad de prensa y la seguridad de los periodistas en la región.
Esta escalada de violencia marca la segunda jornada consecutiva de ataques israelíes contra Líbano. Hezbolá ha justificado sus ataques anteriores contra Israel como un "acto defensivo y un derecho legítimo" en respuesta a más de un año de "agresiones" por parte del ejército israelí, a pesar del alto el fuego alcanzado en noviembre de 2024. En una nota difundida a través de Al Manar, el grupo chií denunció que durante los últimos 15 meses, Israel ha continuado con "asesinatos, destrucción y todo tipo de actos criminales" en Líbano.
Hezbolá lamentó el fracaso de los esfuerzos políticos y diplomáticos para frenar la agresión israelí y obligar a Israel a implementar la tregua. El grupo ha advertido repetidamente que la agresión no puede continuar sin una respuesta, y ha recalcado la necesidad de "poner fin a la agresión por todos los medios disponibles, mediante acciones decisivas y medidas efectivas".
Las autoridades libanesas han informado que más de 50 personas han muerto y otras 154 han resultado heridas a consecuencia de la "campaña ofensiva" iniciada por el ejército israelí contra la capital y el sur de Líbano. Además, al menos 29.000 ciudadanos han sido desplazados de sus hogares debido a la violencia. La situación humanitaria en Líbano se está deteriorando rápidamente, con una creciente necesidad de asistencia médica, alimentos y refugio.
La escalada actual se produce en un contexto de tensiones regionales ya elevadas. Israel ha lanzado decenas de bombardeos contra Líbano a pesar del alto el fuego de 2024, argumentando que actúa contra actividades de Hezbolá y que, por lo tanto, no viola el pacto. Sin embargo, tanto el gobierno libanés como Hezbolá han criticado estas acciones, al igual que Naciones Unidas.
El alto el fuego contemplaba la retirada de las fuerzas israelíes y de Hezbolá del sur de Líbano. No obstante, el ejército israelí ha mantenido cinco puestos en territorio libanés, lo que ha sido objeto de críticas por parte de Beirut y Hezbolá, quienes exigen el fin de este despliegue. La persistencia de estos puestos israelíes en territorio libanés ha sido un factor clave en la escalada de tensiones y ha alimentado la desconfianza entre las partes.
La comunidad internacional ha expresado su preocupación por la escalada de violencia y ha instado a Israel y a Hezbolá a ejercer la máxima moderación y a evitar acciones que puedan poner en peligro a los civiles. Varios países han ofrecido su mediación para facilitar un diálogo entre las partes y encontrar una solución pacífica al conflicto. Sin embargo, hasta el momento, los esfuerzos diplomáticos no han logrado avances significativos.
La situación en Líbano es extremadamente volátil y existe el riesgo de que la escalada de violencia se extienda a otros países de la región. La comunidad internacional debe redoblar sus esfuerzos para evitar una nueva guerra en Oriente Medio y para proteger a los civiles de los efectos devastadores del conflicto. La resolución del conflicto requiere un compromiso genuino por parte de todas las partes involucradas y una solución justa y duradera que aborde las causas profundas de la inestabilidad en la región. La seguridad y la estabilidad de Líbano son esenciales para la paz y la prosperidad de todo el Oriente Medio.


