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Starliner al Límite: NASA Revela Fallos Críticos y Futuro en Peligro

La misión Starliner CFT fue uno de los episodios más preocupantes de los últimos años en el programa espacial tripulado estadounidense. De hecho, se trató de un «Incidente de Tipo […]

Starliner al Límite: NASA Revela Fallos Críticos y Futuro en Peligro

La misión Starliner CFT ha sido catalogada por la NASA como un “Incidente de Tipo A”, la clasificación más grave, equiparable a los desastres del Challenger y el Columbia, aunque afortunadamente sin pérdida de vidas. Un informe reciente de la agencia espacial detalla una serie de fallos críticos que convirtieron una misión planeada para durar entre diez días y un mes en un prolongado vuelo de 286 días, poniendo en riesgo la seguridad de los astronautas Butch Wilmore y Sunita Williams, quienes finalmente regresaron a la Tierra en marzo de 2025 a bordo de la Crew-9 de SpaceX. La Starliner Calypso de Boeing, lanzada el 5 de junio de 2024, experimentó problemas con sus propulsores durante el acoplamiento con la Estación Espacial Internacional (ISS), lo que obligó a la NASA a tomar la decisión de retornar la nave sin tripulación el 7 de septiembre.

Este incidente no es aislado. La historia del programa Starliner está plagada de problemas desde sus inicios. La primera misión, la OFT-1 (Orbital Flight Test 1) en diciembre de 2019, no logró acoplarse a la ISS debido a un fallo en el reloj interno que impidió la corrección de la órbita. Además, diez de los propulsores de maniobra (RCS) del módulo de servicio (SM) fallaron, lo que obligó a un uso excesivo del propelente hipergólico y a la recuperación de nueve de los propulsores defectuosos. A pesar del aterrizaje exitoso, la causa raíz de los fallos en los motores RCS no fue investigada a fondo.

La NASA exigió a Boeing una segunda misión no tripulada, la OFT-2, para demostrar la fiabilidad de la Starliner. Sin embargo, en agosto de 2021, durante los preparativos para el lanzamiento, 13 de las 24 válvulas del oxidante (derivado del tetraóxido de nitrógeno) se estropearon, requiriendo la retirada de la nave y el lanzador para su sustitución. La OFT-2, finalmente lanzada en mayo de 2022, logró acoplarse a la ISS, pero tres de los propulsores traseros del SM también fallaron, aunque fueron recuperados posteriormente. Es importante destacar que la OFT-2 utilizó la segunda cápsula Starliner, mientras que la OFT-1 empleó la Calypso.

La misión tripulada CFT (Crewed Flight Test) exacerbó los problemas existentes. Se detectaron numerosas fugas de helio, utilizado para presurizar el sistema de propulsión del módulo de servicio, antes y después del lanzamiento. Una vez en el espacio, cinco de los 28 propulsores de maniobra RCS fallaron debido a un sobrecalentamiento excesivo, similar a lo ocurrido en misiones anteriores. La alta temperatura deterioró las juntas de teflón, impidiendo el flujo del oxidante a la cámara de combustión de los motores RCS de 38,6 kgf de empuje fabricados por Aerojet Rocketdyne. Este fallo provocó una pérdida temporal de control del vehículo, una situación crítica durante una maniobra de acoplamiento.

Afortunadamente, cuatro de los cinco propulsores volvieron a funcionar y se modificaron las reglas de operación, permitiendo el acoplamiento exitoso. Sin embargo, la Starliner habría quedado varada en el espacio, con posible pérdida de la tripulación, si el acoplamiento hubiera fallado o si más propulsores hubieran fallado. Durante la reentrada sin tripulación, uno de los doce propulsores MR-104J monopropelentes a base de hidrazina de la cápsula (CM), de 440 newton de empuje cada uno, también falló.

El informe de la NASA revela que, tras la OFT-2, no se tomaron las medidas adecuadas para solucionar los problemas subyacentes. Boeing realizó cambios y mejoras en la Starliner que la NASA no comprendió completamente, pero que fueron aprobados. Esta situación recuerda al caso de la relación entre Boeing (división aeronáutica) y la FAA tras los accidentes del 737 Max.

Según Jared Isaacman, administrador de la NASA, Boeing permitió que varios sistemas de la nave operaran fuera de los límites de diseño, comprometiendo la seguridad de la tripulación. Además, al discutir las opciones para el regreso de la tripulación, Isaacman afirma que la viabilidad del programa Starliner se priorizó sobre la seguridad, lo que impidió que la misión fuera declarada un Incidente de Tipo A.

Las críticas al programa Starliner se centran en la gestión y la aceptación de riesgos innecesarios, la falta de supervisión de los subcontratistas y la ausencia de límites claros. La NASA, en la administración anterior, también comparte la responsabilidad por no haber presionado a Boeing lo suficiente.

El informe de la NASA es un gesto de transparencia que reconoce los fallos y las deficiencias del programa. La misión Starliner 1, prevista para este año, será un vuelo de carga a la ISS sin tripulación, ya que la nave debe demostrar su seguridad antes de transportar astronautas. La inversión para mejorar los sistemas de la Starliner correrá a cargo de Boeing, lo que plantea dudas sobre la magnitud de la inversión y el compromiso con la fiabilidad.

La opinión generalizada es que la Starliner no volverá a volar con astronautas a bordo y que el programa será cancelado tras la misión de carga. La pérdida de redundancia en el acceso tripulado a la órbita terrestre baja (LEO) es una preocupación, aunque Blue Origin está desarrollando una nave tripulada con gran potencial.

La situación de la Starliner es un duro golpe para Boeing y para la NASA. La complejidad de la gestión de programas espaciales y la necesidad de mantener altos estándares de seguridad son evidentes. La moda de la comercialización espacial ha llevado a la NASA a perder cierto control sobre los productos que utiliza, con resultados mixtos. Si bien la colaboración con SpaceX ha sido exitosa, el programa Starliner ha demostrado ser un fracaso.

A pesar de los problemas, Boeing insiste en que hará que la Starliner sea operativa y que mantendrá dos naves diferentes para viajar al espacio. Sin embargo, la credibilidad de la empresa está en juego y el futuro del programa Starliner es incierto. La industria espacial está en constante evolución, y la competencia entre empresas como SpaceX y Blue Origin podría dar lugar a nuevas oportunidades y soluciones para el acceso tripulado al espacio. La transparencia y la seguridad deben ser las prioridades en cualquier programa espacial, y la lecciones aprendidas de la misión Starliner deben servir para evitar futuros incidentes.

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