Una investigación de la Universitat de València (UV) ha revelado que las barreras que impiden el ascenso de las mujeres a puestos de liderazgo, el conocido “techo de cristal”, se manifiestan mucho antes de lo que se creía. Contrario a la creencia generalizada de que estos obstáculos surgen en etapas avanzadas de la carrera profesional, el estudio sitúa el inicio de estas dificultades en los primeros diez años tras la finalización de los estudios universitarios, afectando directamente la progresión a cargos de gestión intermedia y alta dirección.
La investigación, publicada en la prestigiosa revista Management Decision, se centra en analizar la trayectoria profesional de egresados y egresadas en sus primeros años en el mercado laboral, un período que ha sido relativamente poco explorado en estudios previos. El equipo de investigadores de la Facultad de Economía de la UV analizó los perfiles públicos de 966 profesionales graduados en Administración de Empresas o en el doble grado de Administración de Empresas y Derecho entre 2014 y 2017, partiendo de una muestra inicial de 1.452 individuos. Para llevar a cabo este análisis, se utilizó LinkedIn como indicador clave de la trayectoria profesional y la construcción de la marca personal de los participantes.
Los resultados del estudio son contundentes y revelan una disparidad significativa en las oportunidades de ascenso entre hombres y mujeres. Se encontró que los hombres con entre seis y nueve años de experiencia profesional tienen 2,1 veces más probabilidades de alcanzar puestos de gestión intermedia en comparación con sus contrapartes femeninas. La brecha se amplía aún más cuando se considera el acceso a los niveles más altos de la jerarquía corporativa, donde los hombres tienen 2,7 veces más opciones de llegar a la alta dirección.
Rosa M. Yagüe, profesora del Departamento de Economía Aplicada de la UV y principal autora del artículo, destaca que el hallazgo más relevante de la investigación es que, para un hombre con al menos seis años de experiencia profesional, la posibilidad de permanecer en puestos de baja dirección es prácticamente nula. “Ser hombre con al menos seis años de experiencia profesional prácticamente garantizaba eludir puestos de baja dirección”, afirma Yagüe. Por el contrario, muchas mujeres con la misma formación académica y edad (entre 28 y 32 años) tienen una mayor probabilidad de permanecer estancadas en estos puestos de menor responsabilidad.
Este análisis desafía la narrativa tradicional que sugiere que las diferencias de género en el ámbito laboral se limitan a etapas más avanzadas de la carrera profesional. Los investigadores argumentan que las barreras estructurales que enfrentan las mujeres son evidentes desde poco después de su incorporación al mercado laboral, lo que se traduce en una permanencia más prolongada en puestos directivos de menor nivel en comparación con los hombres.
Pau Pérez, profesor del Departamento de Sociología y Antropología Social de la UV e investigador del Instituto Interuniversitario de Desarrollo Local (IDL), subraya la importancia de este hallazgo. “Sugiere que las barreras estructurales que enfrentan las mujeres en su camino hacia puestos directivos de alta dirección son evidentes poco después de incorporarse al mercado laboral, ya que suelen permanecer en puestos directivos de menor nivel más tiempo que los hombres”, explica Pérez.
El estudio también arroja luz sobre las diferencias de género en la forma en que se utilizan las estrategias de marca personal, especialmente en plataformas como LinkedIn. Los hombres tienden a mostrar una mayor actividad en esta red social profesional, lo que podría estar contribuyendo a su mayor visibilidad y, por ende, a sus mayores oportunidades de ascenso.
Isidre March Chordà, catedrático del Departamento de Dirección de Empresas “Juan José Renau Piqueras”, señala que existe una relación directa entre la marca personal y el éxito directivo. “Revelan una relación directa entre la marca personal y el éxito directivo, lo que indica una posible correlación entre una presencia efectiva en redes sociales profesionales y el acceso a puestos de alta dirección”, afirma Chordà. Sin embargo, también advierte que es probable que los directivos con carreras exitosas obtengan mayor visibilidad en línea gracias a sus logros, más que que su presencia virtual sea la causa principal de su éxito profesional.
La investigación también analiza las decisiones sectoriales que toman los profesionales tras finalizar sus estudios. Se observa que las mujeres tienden a inclinarse más por la administración pública y la educación, aunque estos sectores no siempre son su primera opción profesional. Rosa M. Yagüe explica que esta tendencia podría estar relacionada con la decepción que experimentan las mujeres ante las limitadas oportunidades de ascenso en el sector privado. “Por este motivo, las mujeres se inclinan más por la administración pública y la educación, si bien estos sectores no siempre son su primera opción profesional, sino más bien una segunda opción tras la decepción por las limitadas oportunidades de ascenso en el sector privado”, detalla Yagüe.
En definitiva, este estudio aporta evidencia empírica sólida sobre la aparición temprana del techo de cristal y abre un debate crucial sobre las dinámicas estructurales que influyen en la progresión profesional de mujeres y hombres desde los primeros años de su trayectoria laboral. Los resultados sugieren que es necesario implementar medidas proactivas para abordar estas desigualdades y garantizar que las mujeres tengan las mismas oportunidades que los hombres para alcanzar puestos de liderazgo. La investigación de la Universitat de València no solo confirma la existencia del techo de cristal, sino que también redefine su ubicación, obligando a repensar las estrategias para promover la igualdad de género en el ámbito laboral.


