ÚLTIMA HORA

Cobertura global las 24 hs. • miércoles, 29 de julio de 2026 • Noticias actualizadas al minuto.

Menú

Afganistán Retrocede Siglos: Nuevo Código Penal Condena a las Mujeres a la Esclavitud

El código pone a las mujeres al mismo nivel que los “esclavos”, con cláusulas que establecen que tanto los “amos” como los maridos pueden imponer castigos discrecionales en forma de palizas.

Afganistán Retrocede Siglos: Nuevo Código Penal Condena a las Mujeres a la Esclavitud

Kabul – Los talibanes han formalizado un nuevo código penal que consolida sus políticas más represivas en la ley afgana, con consecuencias devastadoras, especialmente para las mujeres. El documento de 90 páginas, firmado por el líder supremo talibán Hibatullah Akhundzada, introduce estipulaciones arcaicas que evocan interpretaciones extremas de la ley islámica, estableciendo un sistema de castigos diferenciados según el estatus social del infractor, reviviendo una estructura de clases que otorga inmunidad a la élite religiosa y castiga severamente a la clase trabajadora.

La implementación de este código, denominado “De Mahakumu Jazaai Osulnama”, ha generado un clima de terror en Afganistán, donde la disidencia es reprimida con brutalidad. The Independent ha tenido acceso a una copia del documento, distribuido a los tribunales afganos, que revela una regresión alarmante en los derechos humanos y las libertades civiles.

Uno de los aspectos más inquietantes del nuevo código es la equiparación de las mujeres con “esclavos”. El texto legal permite a “amos” y maridos infligir castigos corporales discrecionales a sus esposas o subordinadas, legitimando la violencia doméstica y la explotación. Esta cláusula, en particular, ha provocado indignación internacional y ha sido condenada por organizaciones de derechos humanos como una violación flagrante de los derechos fundamentales de las mujeres.

El código penal establece que los castigos corporales por delitos graves no serán administrados por el sistema penitenciario, sino por clérigos islámicos, lo que abre la puerta a interpretaciones subjetivas y abusos de poder. Esta transferencia de autoridad a los líderes religiosos refuerza su control sobre la sociedad afgana y socava cualquier intento de establecer un sistema judicial justo e imparcial.

Además de la discriminación de género, el código penal introduce una jerarquía social que divide a la población en “libres” y “esclavos”, con diferentes niveles de castigo para cada grupo. Esta distinción crea un nuevo sistema de castas, donde los líderes religiosos y los miembros de la élite talibán gozan de inmunidad virtual frente a la justicia, mientras que los ciudadanos comunes, especialmente aquellos pertenecientes a la clase trabajadora, son sometidos a castigos severos por infracciones menores.

El temor a las represalias ha silenciado a gran parte de la población afgana, que se abstiene de expresar públicamente su oposición al nuevo código. Incluso bajo condición de anonimato, muchas personas se muestran reacias a hablar por miedo a ser identificadas y castigadas por los talibanes. Esta atmósfera de miedo y autocensura dificulta la organización de cualquier forma de resistencia y perpetúa el ciclo de opresión.

Ante la creciente preocupación por la propagación del descontento, tanto en línea como a través de activistas afganos en el exilio, los talibanes han emitido una resolución que prohíbe incluso la discusión del nuevo código penal, considerándola un delito en sí misma. Esta medida draconiana demuestra la determinación del régimen talibán de sofocar cualquier forma de crítica y mantener el control absoluto sobre la información.

Organizaciones de derechos humanos han denunciado esta prohibición como una violación de la libertad de expresión y han instado a la comunidad internacional a tomar medidas urgentes para proteger a los defensores de los derechos humanos en Afganistán. La situación es particularmente grave para las mujeres activistas, que enfrentan un riesgo aún mayor de persecución y violencia.

La implementación de este nuevo código penal representa un retroceso devastador para los derechos humanos en Afganistán y amenaza con sumir al país en una era de oscuridad y opresión. La comunidad internacional debe responder con firmeza a esta situación, exigiendo a los talibanes que respeten los derechos fundamentales de todos los afganos, especialmente las mujeres, y que deroguen este código penal injusto y represivo.

La falta de transparencia en el proceso de elaboración y promulgación del código también ha generado críticas. No se llevó a cabo ninguna consulta pública ni se permitió la participación de la sociedad civil, lo que demuestra el desprecio de los talibanes por el estado de derecho y la participación ciudadana.

El código penal también incluye disposiciones que criminalizan conductas que no son consideradas delitos en la mayoría de los países, como la apostasía y la blasfemia. Estas cláusulas son utilizadas para reprimir la disidencia religiosa y para perseguir a aquellos que se atreven a cuestionar la ideología talibán.

La situación en Afganistán es cada vez más desesperada. La economía se encuentra en colapso, la pobreza y el hambre se han generalizado, y los derechos humanos son violados sistemáticamente. La comunidad internacional debe aumentar su ayuda humanitaria y política a Afganistán, y debe trabajar con los actores regionales e internacionales para encontrar una solución pacífica y sostenible a la crisis.

La implementación de este nuevo código penal es una señal clara de que los talibanes no tienen intención de moderar su postura ni de respetar los derechos humanos. La comunidad internacional debe estar preparada para enfrentar las consecuencias de esta situación y debe tomar medidas para proteger a la población afgana de la opresión y la violencia. La esperanza de un futuro mejor para Afganistán se desvanece rápidamente, y es imperativo que se actúe con urgencia para evitar una catástrofe humanitaria y un retroceso irreversible en los derechos humanos.

Cobertura en Video