Lima, 18 de febrero – El gobierno de José Jerí Oré llegó a un abrupto final tras solo 130 días en el poder, convirtiéndose en el segundo mandato presidencial más corto en la historia del Perú desde inicios del siglo XX. La censura impuesta por el Congreso de la República marca un hito sin precedentes en la política peruana, un proceso nunca antes utilizado para destituir a un jefe de Estado. Este desenlace agudiza la profunda crisis política que atraviesa el país, poniendo en tela de juicio la estabilidad institucional y la capacidad de gobernabilidad.
El breve período de Jerí al frente del país solo es superado por los cinco días que Manuel Merino ocupó la presidencia en 2020, antes de ser vacado en medio de protestas masivas. Antes de estos dos casos, el último presidente que no completó 150 días en el cargo fue Nicolás Lindley López, en 1963, durante un gobierno de transición. La sucesión de presidentes con mandatos truncados se ha convertido en una constante en la historia reciente del Perú, reflejando una profunda polarización política y una fragilidad institucional alarmante.
Contrastando con la inestabilidad actual, la historia peruana registra figuras presidenciales con largos períodos en el poder. Augusto B. Leguía lideró el país durante 11 años, 1 mes y 21 días, mientras que Alberto Fujimori gobernó por 10 años, 3 meses y 21 días. Estas prolongadas presidencias, aunque marcadas por controversias en el caso de Fujimori, representan un pasado distante en un contexto político actual dominado por la volatilidad y la incertidumbre.
La crisis política que se inició en 2016, con la destitución de Pedro Pablo Kuczynski, ha tenido un impacto devastador en la duración promedio de los mandatos presidenciales. Desde entonces, un presidente peruano permanece en el cargo por poco más de un año y cuatro meses, una reducción del 66% en comparación con el período 2001-2016. Este descenso drástico refleja la creciente dificultad para construir consensos políticos y la proliferación de mociones de censura y vacancia.
La fragmentación del poder legislativo ha exacerbado la inestabilidad. Mientras que entre 2001 y 2016, cada período presidencial contó con un solo mandatario, los períodos 2016-2021 y 2021-2026 probablemente tendrán cuatro presidentes cada uno. Esta rotación constante de líderes impide la implementación de políticas a largo plazo y socava la confianza de los ciudadanos en las instituciones.
El último presidente en completar su mandato hasta la fecha es Ollanta Humala Tasso, quien gobernó entre 2011 y 2016. Desde el siglo XX, el Perú ha experimentado 34 gobiernos, tanto legítimos como de facto, y más de la mitad de ellos han sido interrumpidos antes de tiempo. Los golpes de Estado (7) han sido la principal causa de terminación anticipada de los mandatos, seguidos de las renuncias (4) y las vacancias (4). La censura, como la que derrocó a José Jerí, representa una nueva forma de destitución presidencial, evidenciando la búsqueda de mecanismos para sortear la estabilidad política.
La situación se ha tornado particularmente crítica en los últimos diez años (2016-2025), durante los cuales se han presentado 28 mociones de vacancia o censura contra los presidentes de la República. José Jerí enfrentó siete mociones en los últimos meses de su gobierno, lo que demuestra la intensa presión política a la que fue sometido.
La destitución de Jerí Oré plantea interrogantes sobre el futuro político del Perú. El Congreso de la República se prepara para designar un nuevo presidente encargado este miércoles, en un intento por llenar el vacío de poder. Sin embargo, la falta de una mayoría sólida y la profunda división entre los partidos políticos dificultan la formación de un gobierno estable y duradero.
Analistas políticos advierten que la crisis actual podría prolongarse si no se abordan las causas estructurales de la inestabilidad. La polarización política, la debilidad de las instituciones y la falta de confianza en los líderes son factores que contribuyen a la perpetuación de la crisis.
La sociedad peruana se encuentra en un estado de incertidumbre y frustración. Las constantes crisis políticas han erosionado la confianza en la democracia y han generado un sentimiento de desesperanza. La necesidad de un diálogo nacional y la búsqueda de consensos políticos son urgentes para superar la crisis y construir un futuro más estable y próspero para el Perú. La designación del nuevo presidente encargado será un momento crucial para determinar el rumbo del país en los próximos meses. La capacidad de los líderes políticos para trabajar juntos y priorizar el interés nacional será fundamental para evitar que el Perú caiga en una espiral de inestabilidad y caos.


