Lima, Perú – La inestabilidad política en Perú ha alcanzado un punto crítico con la destitución, este martes 17 de febrero de 2026, del presidente interino José Jerí, convirtiéndose en el séptimo jefe de Estado desde 2016. Este evento sin precedentes subraya una década de turbulencia política en el país sudamericano, donde la presidencia se ha convertido en un cargo de alto riesgo, con solo un mandatario logrando completar su período en los últimos diez años.
El Congreso peruano, marcado por una fuerte fragmentación y falta de consenso político, ha demostrado una notable capacidad para destituir presidentes, generando un ciclo de crisis que amenaza la gobernabilidad y la estabilidad del país. La destitución de Jerí, quien asumió el cargo el 10 de octubre tras la remoción de Dina Boluarte, deja un vacío de poder que será llenado temporalmente por el próximo presidente elegido por el Congreso este miércoles. Este nuevo mandatario gobernará hasta las elecciones generales de abril, en un intento por restaurar la confianza en las instituciones y encontrar una salida a la profunda crisis política.
El origen de esta inestabilidad se remonta a las elecciones de 2016, cuando un choque de poderes entre un Legislativo fuerte y un Ejecutivo débil comenzó a manifestarse. La elección de Pedro Pablo Kuczynski, de derecha, marcó el inicio de un período de tensiones con un Congreso dominado por el partido fujimorista liderado por Keiko Fujimori. A pesar de haber derrotado a Fujimori en una apretada elección, Kuczynski se vio acosado por la oposición y finalmente renunció en marzo de 2018, en vísperas de un juicio político por acusaciones de corrupción relacionadas con el escándalo de Odebrecht. Su gobierno duró apenas 20 meses.
La renuncia de Kuczynski llevó al poder a Martín Vizcarra, su vicepresidente, quien asumió el cargo con la esperanza de completar el mandato hasta julio de 2021. Sin embargo, Vizcarra también se enfrentó a la hostilidad del fujimorismo y fue destituido el 10 de noviembre de 2020, acusado de "incapacidad moral permanente", un controvertido artículo constitucional que permite al Congreso cesar al mandatario. Vizcarra permaneció en el poder durante 32 meses, pero su gobierno estuvo marcado por la confrontación con el Congreso y las acusaciones de corrupción.
La destitución de Vizcarra desencadenó una nueva crisis política, con la asunción del entonces jefe del Congreso, Manuel Merino, quien solo duró cinco días en el cargo. Su breve presidencia estuvo marcada por violentas protestas que dejaron dos muertos y lo obligaron a renunciar en medio de una ola de indignación popular.
En un intento por calmar los ánimos, el Congreso eligió al centrista Francisco Sagasti como presidente de transición. Sagasti logró completar un mandato de ocho meses hasta julio de 2021, supervisando las elecciones generales que buscaban poner fin a la crisis política. Su gobierno se caracterizó por la búsqueda de consensos y la estabilidad institucional.
Las elecciones de 2021 llevaron al poder a Pedro Castillo, un maestro de escuela de origen campesino cuya presidencia se vislumbraba como una reivindicación de los peruanos pobres y excluidos. Sin embargo, Castillo se encontró con un Congreso controlado por la derecha y sin mayoría parlamentaria, lo que dificultó la implementación de su programa de gobierno. En diciembre de 2022, Castillo intentó disolver el Congreso y gobernar por decreto, lo que provocó su destitución y el inicio de nuevas protestas que dejaron medio centenar de muertos. Su gobierno duró apenas 17 meses.
La vicepresidenta de Castillo, Dina Boluarte, lo reemplazó en el cargo, convirtiéndose en la primera mujer presidenta de Perú. Sin embargo, Boluarte también enfrentó la oposición del Congreso y las protestas sociales, y fue removida del cargo el 10 de octubre pasado, acusada de "incapacidad para el cargo" y en medio de una ola de inseguridad y extorsiones en el país. Su presidencia duró 34 meses.
La destitución de Jerí, el séptimo presidente en una década, confirma la profunda crisis política que atraviesa Perú. La falta de consenso político, la fragmentación del Congreso y la polarización social son factores que contribuyen a la inestabilidad y dificultan la búsqueda de soluciones duraderas. El próximo presidente elegido por el Congreso tendrá la tarea de gobernar hasta las elecciones generales de abril, en un contexto de incertidumbre y desconfianza en las instituciones. La elección de abril se presenta como una oportunidad crucial para que los peruanos elijan un líder capaz de unir al país y superar la crisis política que lo ha sumido en el caos durante los últimos diez años. La pregunta que queda en el aire es si Perú podrá romper con este ciclo de inestabilidad y construir un futuro más próspero y democrático.


