Moscú advierte que podría desplegar su armada para impedir la confiscación de buques y tomar represalias contra el transporte marítimo europeo, elevando la tensión en medio de una creciente presión occidental sobre la llamada “flota fantasma” rusa. La amenaza, proferida por Nikolái Patrushev, un estrecho aliado del presidente Vladimir Putin y presidente de la Junta Marítima de Rusia, representa una escalada significativa en la retórica del Kremlin y plantea interrogantes sobre la seguridad marítima en Europa y más allá.
Patrushev, en declaraciones al medio ruso Argumenty i Fakty, acusó a potencias europeas, particularmente a Gran Bretaña y Francia, de una creciente “arrogancia” y de la intención de bloquear el acceso de Rusia a los mares, al menos en la cuenca atlántica. “Si no les damos un duro revés, pronto los británicos, los franceses e incluso los bálticos se volverán tan arrogantes que intentarán bloquear el acceso de nuestro país a los mares, al menos en la cuenca atlántica”, afirmó el alto funcionario. En respuesta, Patrushev argumentó que la mejor garantía para la seguridad de la navegación rusa es el despliegue permanente de fuerzas navales importantes en las principales zonas marítimas, incluyendo aquellas alejadas de las costas rusas, con el objetivo de “enfriar el fervor de los piratas occidentales”.
La advertencia se produce en un momento de intensa escrutinio sobre la “flota fantasma” rusa, una red de petroleros antiguos y de propiedad opaca que Moscú ha utilizado para eludir las sanciones impuestas por la Unión Europea, Estados Unidos y el Grupo de los Siete (G7) tras la invasión de Ucrania en 2022. La UE ha prohibido la entrada a puertos europeos a 598 embarcaciones, mientras que Estados Unidos ha sancionado a 183 buques. Estos barcos operan con tácticas de evasión sofisticadas, incluyendo el uso de documentos falsos, el registro bajo banderas de conveniencia y la desactivación de sus sistemas de identificación automática para evitar ser detectados por radar.
Expertos y un reciente documento del Parlamento Europeo han revelado que muchos de estos buques son viejos y presentan riesgos significativos, incluyendo la posibilidad de derrames petroleros en caso de accidente o confiscación. La estrategia de la “flota fantasma” no es exclusiva de Rusia; otros aliados de Moscú, como Irán, Venezuela y China, también la emplean. El contralmirante David Barata, de la Guardia Costera estadounidense, testificó ante el Congreso que entre 600 y 800 buques de este tipo operan a nivel mundial. Aunque Washington ha incautado una decena de estos buques en las últimas semanas, Barata admitió que representan “un porcentaje muy pequeño” del total.
Francia también ha intensificado sus esfuerzos para combatir la “flota fantasma”. La marina francesa interceptó recientemente un petrolero en el Mediterráneo sospechoso de pertenecer a la red rusa, siguiendo la detención de otro buque vinculado a Moscú en septiembre pasado. El presidente Emmanuel Macron confirmó que la embarcación interceptada provenía de Rusia, estaba sujeta a sanciones internacionales y operaba bajo una bandera falsa. Reino Unido brindó apoyo de rastreo y monitoreo para la operación francesa.
El Kremlin ya ha denunciado estas acciones como “piratería”. Tras la confiscación de un petrolero de bandera rusa en el Atlántico Norte en enero, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia advirtió que la medida podría “derivar en mayores tensiones militares y políticas”. La amenaza de Patrushev representa una reafirmación de esa postura y una advertencia directa a los países occidentales.
Desde el inicio de la guerra en Ucrania, los países occidentales han impuesto más de 30.000 sanciones contra Rusia, con el objetivo de aislar al país del comercio mundial y limitar sus ingresos para financiar el conflicto. Estas sanciones han tenido un impacto significativo en la economía rusa, pero Moscú ha demostrado ser resiliente, adaptándose y buscando nuevas vías para eludir las restricciones. La “flota fantasma” es un ejemplo de esta capacidad de adaptación, pero también ha generado preocupaciones sobre la seguridad marítima y el cumplimiento de las sanciones.
La posible respuesta de Rusia, que podría incluir el despliegue de su armada, podría exacerbar aún más las tensiones en los mares europeos y aumentar el riesgo de incidentes. Analistas advierten que una escalada militar podría tener consecuencias impredecibles, incluyendo interrupciones en el comercio marítimo, aumento de los costos de transporte y un mayor riesgo de conflicto. La comunidad internacional observa con preocupación la situación y urge a todas las partes a ejercer moderación y buscar soluciones diplomáticas para evitar una mayor escalada.
La situación plantea un desafío complejo para los países occidentales, que deben equilibrar la necesidad de hacer cumplir las sanciones con el riesgo de provocar una respuesta militar rusa. La cooperación internacional y el intercambio de información son cruciales para combatir la “flota fantasma” y garantizar la seguridad marítima. Además, es necesario abordar las causas subyacentes del problema, incluyendo la necesidad de fortalecer los mecanismos de aplicación de las sanciones y de promover la transparencia en el sector marítimo. El futuro de la seguridad marítima en Europa y más allá podría depender de la capacidad de las partes involucradas para encontrar una solución pacífica y sostenible a esta creciente crisis.

