La inteligencia artificial (IA) se ha infiltrado silenciosamente en el tejido laboral colombiano, con un impresionante 92% de los trabajadores reportando su uso en sus tareas diarias, según un reciente estudio de EY Work Reimagined. Sin embargo, este despliegue masivo no se traduce automáticamente en un aumento significativo de la productividad real, revelando una desconexión preocupante entre la adopción tecnológica y la transformación organizacional. La investigación expone tensiones laborales emergentes y el creciente riesgo de lo que se denomina “IA en la sombra”, planteando interrogantes cruciales sobre el futuro del trabajo en el país.
El uso actual de la IA en Colombia se centra predominantemente en tareas operativas de bajo nivel, como la búsqueda de información (55%), la redacción de correos electrónicos (30%) y el resumen de documentos (28%). Si bien la adopción es generalizada, la falta de integración estratégica limita su potencial transformador. A nivel global, solo el 28% de las organizaciones ha logrado un impacto transformador en el negocio a pesar de que nueve de cada diez empleados utilizan herramientas de IA. Esta brecha entre la intención estratégica y la ejecución organizacional subraya la necesidad de un enfoque más holístico y deliberado.
Juan Taboada, socio líder de Consultoría de EY Colombia, enfatiza que la conversación sobre IA ha trascendido el ámbito tecnológico para convertirse en una cuestión estratégica. “Las organizaciones que realmente avanzan son aquellas que logran traducir la IA en mejores decisiones y mayor claridad para sus equipos. El reto está en integrar tecnología, procesos y personas de manera coherente para generar impacto sostenido en el negocio”, afirma Taboada.
El estudio identifica cinco tensiones clave que enfrentan las empresas al intentar convertir la IA en una ventaja competitiva. Estas tensiones, si no se gestionan adecuadamente, pueden anular las ganancias en productividad. En Colombia, los trabajadores reportan un ahorro promedio de 8 horas semanales gracias a la IA, pero paradójicamente, el 58% afirma que su carga laboral ha aumentado en el último año. Este aumento no es necesariamente una consecuencia directa de la IA, sino más bien un reflejo de la falta de un rediseño claro de funciones y una comunicación efectiva sobre cómo se reinvertirá el tiempo ahorrado.
La IA amplía la capacidad productiva, pero también redefine las expectativas, los tiempos de respuesta y los estándares de desempeño. Sin un rediseño de roles integral, el tiempo ganado puede traducirse en una mayor presión sobre los empleados. Los líderes se enfrentan a un dilema: invertir en formación en IA, arriesgándose a una mayor rotación de personal, o limitar la inversión y no desarrollar las capacidades necesarias. El estudio revela que más de 81 horas de capacitación en IA se asocian con excelencia en su adopción, pero los empleados que reciben este nivel de formación son un 55% más propensos a renunciar, evidenciando la alta demanda de profesionales con habilidades en IA y su movilidad laboral.
Las organizaciones deben adaptarse a las nuevas expectativas de los empleados, ofreciendo acceso a tecnología de punta, flexibilidad en el trabajo y oportunidades de desarrollo continuo, más allá de los incrementos salariales tradicionales. La retención del talento se convierte en un factor crítico para sostener la transformación.
Otro desafío importante es el temor a la pérdida de empleo debido a la IA. El 37% de los empleados en Colombia teme ser reemplazado por la inteligencia artificial, lo que genera tensiones culturales dentro de las organizaciones. La comunicación clara y el liderazgo comprometido son esenciales para gestionar el estrés asociado al cambio, incluyendo el aumento de la carga laboral, los temores sobre la seguridad laboral y la ansiedad por la obsolescencia. Mantener la confianza interna se convierte en un factor crítico para sostener la transformación.
El fenómeno de la “IA en la sombra” también está ganando terreno. El 82% de los empleados encuestados en Colombia afirma utilizar herramientas de IA de uso personal para apoyar su trabajo, ya sea de forma habitual u ocasional. Ignorar esta práctica puede generar riesgos en seguridad, gobernanza y cumplimiento normativo. Sin embargo, prohibirla puede frenar la innovación. La recomendación es institucionalizar y gobernar el uso de IA mediante esquemas de experimentación controlada, incentivando su adopción bajo marcos claros de responsabilidad.
A nivel global, el estudio advierte que no gestionar adecuadamente las tensiones entre talento y tecnología podría traducirse en una caída de hasta el 40% en la productividad esperada de las inversiones en IA. La presión por escalar rápidamente puede llevar a implementaciones fragmentadas, uso no estandarizado de herramientas y ausencia de marcos claros de control. En este contexto, la gobernanza no es un freno, sino el habilitador que permite escalar con coherencia estratégica y maximizar el retorno de la inversión.
En Colombia, la IA ya forma parte del trabajo cotidiano, pero todavía no está integrada plenamente en el modelo organizacional. La capacidad para rediseñar cómo se trabaja, cómo se toman decisiones y cómo se mide el desempeño avanza más lentamente que la adopción tecnológica. Ximena Zuluaga, presidenta y Country Managing Partner de EY Colombia, concluye: “Ya no hablamos del futuro del trabajo sino de la estructura organizacional que necesitamos para capturar el valor de la IA y lograr verdaderas transformaciones sostenibles en el negocio. Hoy no se trata solo de adoptar rápidamente la tecnología, sino de decidir qué tipo de organizaciones queremos construir. Y para esto se requiere un nuevo liderazgo. Las empresas que ganen serán las que logren una combinación efectiva entre talento, liderazgo e IA”.
Para las compañías en Colombia, el desafío ya no es implementar inteligencia artificial, sino liderarla. Esto implica gestionar las nuevas tensiones del trabajo, construir confianza interna y rediseñar la organización para capturar valor sostenible. La adopción masiva demuestra que la tecnología ya está presente. La diferencia competitiva dependerá ahora de la capacidad de las empresas para convertir esa presencia en impacto estratégico real.


