La soja en Chicago experimentó una semana de altibajos, acercándose a los US$418 por tonelada tras tocar mínimos de US$378 en enero, aunque cerró este viernes con una leve pérdida de US$1,56, ubicándose en US$416,31. En contraste, la plaza local mostró un retroceso del 0,6%, cerrando la soja mayo en US$317, marcando el inicio de la nueva cosecha. Analistas de AZ Group señalan una divergencia preocupante: mientras Chicago experimenta una recuperación, Argentina no logra capitalizarla, debido a la estacionalidad y la creciente oferta de Brasil.
Jeremías Battistoni, analista de AZ Group, explica que las correcciones en Chicago son habituales tras movimientos fuertes. “La soja en Chicago subió un 10% desde sus mínimos de enero, mientras que en Argentina la subida fue solo del 2%”, detalla. La clave, según Battistoni, reside en el ciclo de cosecha diferente entre ambos mercados. “En Sudamérica estamos viendo el ingreso de la cosecha brasileña y el empalme con la nuestra. En Estados Unidos ya cosecharon y la mercadería disponible es cada vez menor”.
Lorena D’Angelo, también de AZ Group, coincide en que los factores que impulsan la subida en Chicago no se replican en Sudamérica. “Las subidas en Chicago responden a dinámicas específicas de Estados Unidos, mientras que aquí la presión de la oferta brasileña actúa como un techo para los precios, especialmente bajando las primas”. El Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) elevó su estimación de la cosecha brasileña a 180 millones de toneladas, confirmando la magnitud del volumen que ingresará al mercado.
En el mercado doméstico, el precio disponible rondó los $465.000, estable en pesos pero a la baja en dólares debido a la depreciación del tipo de cambio. A la presión externa se suma la incertidumbre climática. “La definición del cultivo en Argentina dependerá de las lluvias de los próximos días. Si bien los cuadros de soja muestran deterioro por la falta de precipitaciones, los pronósticos sugieren una posible mejora general”, explica D’Angelo.
Esta incertidumbre, combinada con precios que no convencen, está generando una parálisis en la comercialización de la nueva cosecha (2025/26). Según datos de Battistoni, solo el 5,6% de la producción estimada en 48,9 millones de toneladas tiene precio definido (2,73 millones de toneladas). De este volumen, 0,83 millones de toneladas corresponden a exportaciones y 1,9 millones a compras de la industria. El resto permanece “a fijar”, reflejando la cautela de los productores.
En contraste, la campaña vieja 2024/25 presenta un nivel de fijación mucho más avanzado: el 80% de la producción de 50,9 millones de toneladas ya tiene precio (40,7 millones de toneladas), con 11,3 millones de toneladas destinadas a exportación y 29,4 millones a la industria.
Granar informó que, pese a la caída del viernes, la soja en Chicago cerró la semana con un balance positivo, ganando un 1,59% respecto al viernes anterior. La toma de ganancias de los inversores fue la principal causa de la merma del viernes, pero la tendencia general sigue siendo alcista.
El informe de Granar también destaca otros factores que influyen en el mercado: el avance de la cosecha récord en Brasil, el atraso en las exportaciones estadounidenses (que dependen de la demanda china y las expectativas generadas por las declaraciones de Donald Trump sobre un posible aumento en las compras de soja), y las lluvias en Argentina, que podrían mejorar las condiciones de los cultivos. Trump sugirió que China podría aumentar sus compras de soja estadounidense de 12 a 20 millones de toneladas.
La situación actual plantea un desafío para los productores argentinos, quienes se enfrentan a precios internacionales en alza pero no se ven reflejados en el mercado local debido a la fuerte competencia de Brasil y la incertidumbre climática. La falta de comercialización de la nueva cosecha es una señal de alerta, ya que podría afectar la liquidez de los productores y la capacidad de inversión en la próxima campaña.
La clave para revertir esta situación, según los analistas, pasa por una mejora en las condiciones climáticas, que permita recuperar el potencial productivo de los cultivos, y por una mayor claridad en el escenario internacional, que brinde certidumbre a los mercados y permita a los productores fijar precios más favorables. La evolución de la demanda china y las políticas comerciales de Estados Unidos serán factores determinantes en los próximos meses.
La parálisis en la comercialización también podría tener consecuencias para la industria aceitera, que depende del suministro de soja para mantener su actividad. La falta de mercadería disponible podría obligar a las empresas a reducir su capacidad de procesamiento o a importar soja de otros países, lo que aumentaría sus costos y disminuiría su competitividad.
En resumen, el mercado de la soja se encuentra en un momento de transición, marcado por la incertidumbre y la volatilidad. La situación en Argentina es particularmente compleja, debido a la combinación de factores externos e internos que presionan a la baja los precios y dificultan la comercialización. Los productores y la industria aceitera deberán estar atentos a la evolución de los mercados y adaptarse a las nuevas condiciones para minimizar los riesgos y aprovechar las oportunidades que puedan surgir.

