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Trump amenaza con dinamitar el TMEC: ¿El fin de una era comercial?

Trump analiza una posible salida del T-MEC que negoció, mientras Washington se prepara para una revisión clave del pacto con México y Canadá.

Trump amenaza con dinamitar el TMEC: ¿El fin de una era comercial?

Donald Trump está considerando en privado abandonar el Tratado entre Estados Unidos, México y Canadá (T-MEC), sembrando la incertidumbre sobre el futuro de uno de los acuerdos comerciales más grandes del mundo. Fuentes cercanas a la Casa Blanca revelan que el expresidente, aunque no ha tomado una decisión definitiva, ha cuestionado a sus asesores sobre las razones para no deshacer el pacto que él mismo firmó durante su primer mandato.

Esta potencial salida del T-MEC se produce en un momento crítico, coincidiendo con las renegociaciones clave entre las tres naciones. La administración Trump busca obtener concesiones comerciales adicionales de Canadá y México, extendiendo las demandas más allá de los términos estrictamente comerciales para incluir cuestiones como migración, narcotráfico y defensa. Un funcionario de la Casa Blanca, defendiendo la postura del presidente, afirmó que Trump siempre busca el mejor acuerdo para el pueblo estadounidense y que las discusiones internas son parte del proceso de toma de decisiones.

Jamieson Greer, funcionario de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos, enfatizó que la aprobación automática de los términos de 2019 no sirve al interés nacional. La administración Trump pretende mantener abiertas todas las opciones para negociar y abordar los problemas identificados. Greer anunció que se llevarán a cabo conversaciones bilaterales y separadas con México y Canadá, reconociendo que la relación comercial con Canadá es particularmente tensa.

El T-MEC contempla una revisión obligatoria antes de una posible prórroga el 1 de julio. Este proceso, inicialmente concebido como rutinario, se ha transformado en una negociación conflictiva. Trump exige reglas de origen más estrictas para bienes industriales clave, mayor cooperación en minerales críticos, protecciones laborales y medidas contra el dumping. Si se alcanza una resolución que incorpore estas demandas, el pacto podría extenderse por 16 años más. De lo contrario, se abriría un período de revisiones anuales durante una década, hasta su vencimiento en 2036. Cualquier país puede anunciar su intención de retirarse con un aviso previo de seis meses.

La salida de Estados Unidos del T-MEC tendría un impacto económico significativo, exponiendo a México y Canadá a aranceles estadounidenses más altos. Actualmente, la mayoría de los bienes comercializados bajo el acuerdo están exentos de los aranceles globales impuestos por Trump. Esto ha permitido a México y Canadá mantener aranceles efectivos promedio más bajos en comparación con otras potencias económicas. Ambos países son socios comerciales clave de Estados Unidos y los mayores compradores de productos estadounidenses. Una salida del pacto, acompañada de represalias, podría afectar las exportaciones estadounidenses.

A largo plazo, la posibilidad de abandonar el acuerdo podría profundizar el distanciamiento entre los tres países y revertir tres décadas de integración de cadenas de suministro. El primer ministro canadiense, Mark Carney, ha expresado su preocupación por la coerción económica de las superpotencias, en una aparente crítica a Estados Unidos. Carney ha abogado por la construcción de nuevos vínculos entre países de tamaño medio para resistir tales presiones.

La imprevisibilidad de Trump ha desconcertado a líderes mundiales durante gran parte de su segundo mandato. Su postura de que Estados Unidos no necesita importar automóviles de Canadá sirve como advertencia para una industria integrada entre los tres países, al igual que sus decisiones para imponer aranceles al acero y al aluminio de la región. Sin embargo, el presidente también ha mostrado disposición para preservar elementos clave del T-MEC, en especial la exención del régimen arancelario, tras las advertencias del sector automotriz.

Durante una visita a una planta de Ford Motor Co. cerca de Detroit, Trump calificó el T-MEC como “irrelevante”, aunque no afirmó explícitamente que lo abandonaría. También planteó la opción de acuerdos bilaterales con Canadá y México. En mayo pasado, durante una reunión con Carney, Trump describió el T-MEC como “bueno” y “excelente para todos los países”, pero advirtió que la renegociación de 2026 se acerca “para ajustarlo o rescindirlo”.

La amenaza de Trump se suma a una serie de presiones recientes sobre Canadá y México. Ha amenazado con elevar los aranceles a productos canadienses hasta el 100 por ciento si ese país firma un acuerdo comercial con China, con aumentar los impuestos a ciertos aviones de Canadá hasta el 50 por ciento si no autoriza aeronaves Gulfstream, con bloquear la apertura de un nuevo puente entre Ontario y Michigan, y con imponer aranceles a productos de México y de otros países que envían petróleo a Cuba.

La reacción de grupos empresariales y legisladores estadounidenses apunta a un rechazo casi seguro a la salida del T-MEC. El riesgo de aranceles más altos también elevaría las preocupaciones sobre el costo de vida rumbo a las elecciones intermedias de noviembre, en las que los republicanos enfrentan una contienda compleja para conservar el control del Congreso.

La situación es compleja y volátil. Trump suele consultar a asesores cercanos sobre diversos temas, y estas preguntas pueden reflejar su pensamiento, pero no siempre anticipan sus decisiones. No está claro si el mandatario hará pública una amenaza de retiro o emitirá una advertencia formal. Sin embargo, es probable que utilice la amenaza como herramienta de presión para obtener un acuerdo más favorable, en lugar de concretar la salida de Estados Unidos. La incertidumbre persiste, y el futuro del T-MEC pende de un hilo.

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