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México al Límite: ¿Intervención EEUU Inminente?

«Lo que más atenta contra nuestra soberanía es el crimen organizado»

México al Límite: ¿Intervención EEUU Inminente?

La relación entre México y Estados Unidos se encuentra en un delicado equilibrio, oscilando entre la cooperación forzada y la amenaza latente de una intervención militar estadounidense. Tras un inicio de año marcado por la tensión, especialmente después de la postura de Washington frente a la situación en Venezuela, la atención se centra ahora en la estrategia de la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, para evitar una escalada de conflicto. El exembajador de México en Estados Unidos, Arturo Sarukhan, ofrece una visión contundente sobre los riesgos y las posibles vías para evitar una confrontación directa.

Sarukhan advierte que la posibilidad de una intervención militar unilateral por parte de Estados Unidos, aunque actualmente en “pausa”, no está descartada. Esta pausa, según el diplomático, se debe en gran medida a la cooperación, aunque impuesta, del gobierno mexicano en la entrega de presuntos criminales a Estados Unidos, como la reciente extradición de 37 narcos. Sin embargo, esta cooperación táctica no garantiza una solución a largo plazo.

Para conjurar el espectro de una intervención, Sarukhan propone tres medidas clave. En primer lugar, el gobierno mexicano debe reconocer públicamente que la actividad del crimen organizado representa la mayor amenaza a su soberanía. En segundo lugar, es fundamental un relanzamiento completo de la agenda de seguridad con Estados Unidos, una agenda que, según Sarukhan, fue “destruida” por el gobierno anterior de Andrés Manuel López Obrador. Y, por último, el paso más difícil: avanzar hacia modelos de operación conjunta, liderados por México pero con el apoyo de unidades de fuerzas especiales estadounidenses, para atacar blancos específicos en las cadenas de producción de fentanilo.

La propuesta de operaciones conjuntas es particularmente sensible, ya que implicaría una colaboración directa con Estados Unidos en territorio mexicano, algo que podría ser percibido como una cesión de soberanía. Sarukhan reconoce que el gobierno actual de Sheinbaum se resiste a esta idea, y que solo aceptaría tales operaciones “entre la espada y la pared”. Estados Unidos, por su parte, estaría buscando esta situación de presión para justificar una intervención más directa.

Además de la lucha contra los cárteles, Estados Unidos también estaría interesado en la entrega de políticos mexicanos vinculados al crimen organizado, incluyendo incluso al expresidente López Obrador. Sarukhan señala que tanto Donald Trump como López Obrador comparten un estilo autoritario y una tendencia a socavar la democracia en sus respectivos países, lo que podría explicar el interés de Washington en investigar a figuras clave del gobierno anterior. Ya existen casos de visados cancelados a legisladores mexicanos sospechosos de vínculos con el crimen organizado, lo que sugiere que Estados Unidos está recopilando información y preparando posibles acciones legales.

El analista también aborda la creciente relación entre México y Cuba, calificándola como un factor que complica aún más la situación. El apoyo del gobierno mexicano a Cuba y Venezuela, incluyendo el envío de petróleo a cambio de servicios médicos y de inteligencia, ha generado preocupación en círculos republicanos de Estados Unidos, quienes ven a México como un aliado de regímenes dictatoriales. Esta percepción negativa podría aumentar la presión sobre Sheinbaum para que adopte una postura más alineada con los intereses estadounidenses.

A pesar de las tensiones, la relación personal entre Donald Trump y Claudia Sheinbaum parece ser, al menos en apariencia, cordial. Trump ha calificado a Sheinbaum como una “mujer estupenda”, pero al mismo tiempo la critica por su supuesta falta de valentía para enfrentar al crimen organizado. Esta ambivalencia refleja la estrategia de Trump, que busca mantener una puerta abierta para la cooperación, pero al mismo tiempo presionar a México para que adopte medidas más drásticas contra los cárteles.

La situación es extremadamente delicada y el futuro de la relación entre México y Estados Unidos es incierto. La presidenta Sheinbaum se enfrenta a un desafío monumental: equilibrar la defensa de la soberanía nacional con la necesidad de cooperar con Estados Unidos para combatir el crimen organizado y evitar una intervención militar. La clave, según Sarukhan, reside en una estrategia clara y audaz que reconozca la gravedad de la amenaza y proponga soluciones concretas, sin ceder a las presiones externas ni comprometer los principios fundamentales de la política exterior mexicana.

El riesgo de un “impasse” es real, y en ese escenario, Trump no dudaría en recurrir al uso unilateral de la fuerza. México se encuentra, por lo tanto, en una encrucijada, con el destino de su soberanía y su estabilidad en juego. La capacidad de Sheinbaum para navegar por estas aguas turbulentas determinará el futuro de la relación bilateral y el rumbo de la política mexicana en los próximos años. La comunidad internacional observa con atención, consciente de que una escalada de conflicto en la región tendría consecuencias devastadoras para ambos países y para la estabilidad de América Latina. La diplomacia, la cooperación y el respeto mutuo son las únicas herramientas que pueden evitar un desenlace catastrófico.

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