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Hamás: "Ni un arma menos", desafío a EEUU e Israel

Un dirigente de Hamás, Khaled Meshaal, afirmó el domingo que el grupo terrorista no renunciará a sus armas y rechazará cualquier dominio extranjero en la Franja de Gaza, pese a los pedidos de desarme de Israel y Estados Unidos.

Hamás: "Ni un arma menos", desafío a EEUU e Israel

Khaled Meshaal, alto dirigente de Hamás, ha reafirmado con contundencia que el grupo no renunciará a su arsenal ni aceptará la imposición de un control extranjero sobre la Franja de Gaza, a pesar de las insistentes demandas de desarme provenientes de Israel y Estados Unidos. La declaración, realizada durante una conferencia en Doha, representa un desafío directo al plan de paz impulsado por la administración Trump, que busca una solución definitiva al conflicto israelí-palestino a través del desarme de Hamás y la retirada gradual de las fuerzas israelíes del territorio gazatí.

Meshaal argumentó que la posesión de armas por parte de Hamás es una parte integral de la “resistencia” palestina contra la ocupación israelí, un derecho legítimo de los pueblos oprimidos. “Criminalizar a la resistencia, sus armas y a quienes la realizaron, es algo que no debemos aceptar”, enfatizó, defendiendo la continuidad de la lucha armada como respuesta a la ocupación. Su discurso resonó con la narrativa de Hamás, que se presenta como defensor de los palestinos y garante de su derecho a la autodeterminación.

El exjefe del buró político de Hamás, ahora al frente de la oficina de la diáspora del movimiento, subrayó que “mientras haya ocupación, hay resistencia. La resistencia es el derecho de los pueblos bajo ocupación (...). Es algo de lo que las naciones están orgullosas”. Esta postura inflexible complica significativamente las perspectivas de un acuerdo de paz duradero, ya que Israel considera el desarme de Hamás como una condición indispensable para cualquier negociación seria.

El plan de paz de Trump, que entró en su segunda fase a mediados de enero, prevé la entrega de las armas de Hamás a una futura autoridad palestina, aunque la organización ha dejado claro que no contempla la posibilidad de un desarme completo. La administración estadounidense confía en que, bajo la supervisión de la llamada Junta de Paz, presidida por el propio Trump, se pueda lograr una transición pacífica y estable en Gaza.

Sin embargo, la realidad sobre el terreno es mucho más compleja. Según fuentes israelíes, Hamás aún cuenta con aproximadamente 20.000 combatientes y un arsenal considerable, estimado en decenas de miles de armas, en la Franja de Gaza. Esta capacidad militar, adquirida a lo largo de años de conflicto, representa una amenaza constante para la seguridad de Israel y dificulta cualquier intento de imponer un desarme unilateral.

La situación humanitaria en Gaza, devastada por dos años de guerra, agrava aún más la complejidad del panorama. La reconstrucción del territorio requiere una inversión masiva y un flujo constante de ayuda humanitaria, pero la desconfianza mutua entre Hamás, Israel y la comunidad internacional dificulta la implementación de programas de asistencia efectivos.

Meshaal instó a la Junta de Paz a adoptar una visión “equilibrada” que priorice la reconstrucción de Gaza y el alivio de la crisis humanitaria, pero advirtió que Hamás no tolerará ninguna forma de “dominación extranjera”. Esta declaración sugiere que el grupo está dispuesto a colaborar con una autoridad palestina legítima, pero se opondrá firmemente a cualquier intento de imponer un control externo sobre el territorio.

La postura de Hamás plantea serias dudas sobre la viabilidad del plan de paz de Trump. El desarme del grupo, considerado por muchos como un obstáculo insuperable, parece cada vez más improbable, mientras que la posibilidad de una “dominación extranjera” es vista por Hamás como una amenaza existencial.

La comunidad internacional se encuentra ante un dilema. Por un lado, existe una fuerte presión para lograr una solución pacífica al conflicto israelí-palestino. Por otro lado, la intransigencia de Hamás y la desconfianza entre las partes dificultan cualquier avance significativo.

La clave para desbloquear la situación podría residir en la creación de un entorno propicio para el diálogo y la negociación. Esto requeriría un compromiso genuino por parte de todas las partes involucradas, así como una mayor implicación de la comunidad internacional en la búsqueda de una solución justa y duradera.

Sin embargo, las perspectivas a corto plazo no son alentadoras. La escalada de tensiones en la región, la persistencia de la violencia y la falta de confianza mutua hacen que la paz parezca más lejana que nunca. La declaración de Meshaal, lejos de allanar el camino hacia la paz, ha reafirmado la determinación de Hamás de continuar la resistencia armada, lo que complica aún más las ya difíciles perspectivas de un acuerdo.

La situación en Gaza sigue siendo extremadamente volátil y requiere una atención constante por parte de la comunidad internacional. La reconstrucción del territorio, el alivio de la crisis humanitaria y la búsqueda de una solución política duradera son desafíos urgentes que deben abordarse con determinación y pragmatismo. De lo contrario, el conflicto israelí-palestino corre el riesgo de perpetuarse indefinidamente, con consecuencias devastadoras para ambas partes. La negativa de Hamás a renunciar a sus armas, combinada con su rechazo a cualquier forma de control extranjero, representa un obstáculo significativo para cualquier intento de lograr una paz duradera en la región. La comunidad internacional debe redoblar sus esfuerzos para facilitar el diálogo y la negociación, y para garantizar que se respeten los derechos y las aspiraciones de todos los pueblos involucrados.

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