Brasil se consolida como el destino predilecto de los paraguayos durante el verano austral, con un flujo de 538.000 compatriotas entre noviembre de 2025 y enero de 2026. Sin embargo, una nueva y controvertida tendencia turística está captando la atención: el auge del turismo de favela en Río de Janeiro, específicamente en la favela de Rocinha, la más grande de la ciudad. Este tipo de turismo, que busca mostrar la realidad de estas comunidades más allá de los estereotipos negativos, ha generado tanto fascinación como debate, especialmente por una atracción particular: la silla de Zé Pequeño .
Durante enero de este año, aproximadamente 40.000 paraguayos optaron por las playas brasileñas, y un número creciente se aventura en experiencias más allá de los circuitos turísticos tradicionales. Las redes sociales se han inundado de imágenes virales de La Toma , una experiencia que consiste en sentarse brevemente en una silla ubicada en una terraza de una casa en Rocinha, mientras la cámara se aleja para capturar una vista panorámica impresionante de la favela y la ciudad. El costo de esta experiencia ronda los 200 reales (aproximadamente 250.000 guaraníes), a lo que se puede añadir un recorrido en motocicleta por los rincones de la favela, con un precio de hasta 330 reales.
Pero lo que realmente atrae a los turistas no es la vista, sino la silla en sí misma. Conocida como la silla de Zé Pequeño , se cree que es una antigua silla de barbero que perteneció a José Eduardo Barreto Caonceica, alias Zé Pequeño , un narcotraficante cuya vida inspiró al personaje central de la aclamada película Ciudad de Dios . Según los relatos de los guías locales, la silla era el trono desde el cual Zé Pequeño dirigía sus operaciones criminales en las décadas de 1970 y 1980. Se dice que la utilizaba para cortarse el pelo y supervisar su territorio, convirtiéndose en un símbolo del poder y la violencia que caracterizaron a la favela en esa época.
El turismo de favela no es un fenómeno nuevo, pero ha ganado popularidad en los últimos años, impulsado por el deseo de los viajeros de experimentar la autenticidad y la diversidad cultural de Río de Janeiro. Sin embargo, esta forma de turismo también plantea importantes desafíos éticos y de seguridad. La línea entre la curiosidad y la explotación es delgada, y existe el riesgo de romantizar la violencia y el crimen organizado.
Para abordar estas preocupaciones, organizaciones comunitarias y operadores de turismo han trabajado en la implementación de protocolos de seguridad y códigos de conducta para los turistas. Estas medidas incluyen la prohibición de fotografiar situaciones sensibles, el respeto a los espacios privados y la contratación de guías locales que puedan proporcionar información precisa y contextualizada sobre la historia y la cultura de la favela.
Nuestro objetivo es mostrar la realidad de Rocinha de una manera responsable y respetuosa , explica Ana Silva, coordinadora de una organización comunitaria que promueve el turismo de favela. Queremos que los turistas vean la belleza y la resiliencia de nuestra comunidad, pero también que comprendan los desafíos que enfrentamos. No queremos que vengan aquí solo para tomarse fotos y alimentar estereotipos .
La silla de Zé Pequeño se ha convertido en un punto focal de este debate. Algunos critican su inclusión en el circuito turístico como una glorificación del crimen, mientras que otros la ven como un recordatorio de un pasado doloroso que no debe ser olvidado. Los defensores del turismo de favela argumentan que la silla puede servir como un punto de partida para una conversación más profunda sobre la historia del crimen organizado en Brasil y las causas de la violencia en las favelas.
El gobierno local de Río de Janeiro ha adoptado una postura cautelosa ante el auge del turismo de favela. Si bien reconoce el potencial económico de esta actividad, también enfatiza la importancia de garantizar la seguridad de los turistas y la protección de los residentes. Se están llevando a cabo estudios para evaluar el impacto del turismo de favela en la comunidad y desarrollar políticas que promuevan un turismo sostenible y responsable.
El caso de La Toma y la silla de Zé Pequeño ilustra la complejidad del turismo de favela y los desafíos que plantea. Si bien puede ofrecer a los turistas una experiencia única y enriquecedora, también requiere una cuidadosa consideración de las implicaciones éticas y de seguridad. La clave para un turismo de favela exitoso radica en la colaboración entre las organizaciones comunitarias, los operadores de turismo y el gobierno local, con el objetivo de promover un turismo que beneficie a la comunidad y respete su cultura e historia.
Para los paraguayos que buscan experiencias turísticas alternativas en Brasil, el turismo de favela puede ser una opción tentadora. Sin embargo, es importante informarse adecuadamente sobre los riesgos y las responsabilidades que implica, y elegir operadores turísticos que se comprometan con un turismo responsable y sostenible. La aventura en Rocinha, y la oportunidad de sentarse en el trono de Zé Pequeño, puede ser una experiencia inolvidable, pero también exige una reflexión profunda sobre la historia y la realidad de las favelas brasileñas.












