Groenlandia se encuentra en el centro de una creciente tensión geopolítica, con Estados Unidos a la cabeza de las potencias mundiales que ven en la isla un activo estratégico de valor incalculable. Un reciente documental de TV ha puesto de manifiesto la larga historia de interés estadounidense en Groenlandia, que se remonta a la Segunda Guerra Mundial y ha resurgido con fuerza bajo la administración de Donald Trump. La isla, un territorio semiautónomo vinculado a Dinamarca desde 1814, se ha convertido en un objetivo codiciado debido a su ubicación estratégica, sus abundantes recursos naturales y los efectos del cambio climático que están abriendo nuevas vías de transporte.
El interés de Estados Unidos en Groenlandia no es nuevo. En 1941, durante la Segunda Guerra Mundial, el presidente Truman propuso a Dinamarca la compra de la isla por 100 millones de dólares, una oferta que fue rechazada. Sin embargo, se estableció un acuerdo de defensa que permitió a Estados Unidos instalar bases militares en Groenlandia, como la base de Thule (hoy Pituffik), que en su apogeo albergó a cerca de 10.000 personas y sigue siendo un eslabón importante del escudo antimisiles y de la red de vigilancia por satélite estadounidense.
A pesar de este acuerdo preexistente, Donald Trump ha expresado repetidamente su deseo de adquirir la propiedad y el control total de Groenlandia, calificándolo de "una necesidad imperiosa". Estas declaraciones han generado indignación y preocupación entre la población groenlandesa, que aspira a la independencia de Dinamarca y se siente amenazada por las pretensiones estadounidenses. "No puede uno, simplemente, comprar un territorio o a su gente", advierte Kuupik Kleist, ex primer ministro de Groenlandia. La consultora Mira Kleist añade que "mucha gente siente que se ha faltado al respeto enormemente a las personas que viven aquí".
El interés de Trump en Groenlandia va más allá de la estrategia militar. Los expertos señalan que los recursos naturales de la isla, incluyendo oro, petróleo, gas y, especialmente, tierras raras, son un factor clave en su ambición. Groenlandia posee una de las mayores reservas de tierras raras del planeta, minerales indispensables para la transición verde y la industria armamentística. La ministra groenlandesa de Recursos, Naaja Nathanielsen, afirma que "podemos ser un El Dorado en términos de recursos, pero nosotros decidiremos cómo utilizarlos".
El cambio climático está exacerbando el interés en Groenlandia. A medida que el hielo se derrite, se abren nuevas rutas de navegación en el Ártico, acortando considerablemente el transporte marítimo internacional. Esto convierte a Groenlandia en un punto estratégico para el control de estas rutas y el acceso a los recursos naturales. Paul Bierman, geólogo y profesor de Ciencias Medioambientales de la Universidad de Vermont, subraya que esta situación es "en absoluto" algo bueno, ya que el deshielo es una consecuencia del cambio climático y plantea serias amenazas para el medio ambiente y las comunidades locales.
La ambición de Estados Unidos por Groenlandia ha generado inquietud en Europa, especialmente en Francia. El presidente francés ha manifestado que la isla "ni se vende ni nadie la puede arrebatar", calificando las pretensiones estadounidenses como un "ataque a un territorio europeo". Algunos países de la Unión Europea han respondido aumentando los ejercicios conjuntos en el Ártico para demostrar su independencia militar con respecto a Estados Unidos. Peter Viggo Jakobsen, profesor de Relaciones Internacionales del Real Colegio de Defensa de Dinamarca, afirma que "hemos llegado a una conclusión no oficial en Dinamarca: ya no podemos confiar en los Estados Unidos".
Además de Estados Unidos, otros países como China y Rusia también están mostrando un creciente interés en Groenlandia y el Ártico. Julia Neishenwat, ex consejera de Seguridad Nacional con Trump, explica que "la tierra, el mar, el aire y el subsuelo marino se han vuelto primordiales y no solo para Rusia, sino también para China". El expansionismo chino y las ambiciones de Rusia inquietan a Trump, quien ahora considera el control y la dominación de Groenlandia como una prioridad en su agenda.
La situación en Groenlandia plantea una serie de desafíos y preguntas cruciales. ¿Cómo se equilibrarán los intereses de las potencias mundiales con los derechos y aspiraciones del pueblo groenlandés? ¿Cómo se gestionarán los recursos naturales de la isla de manera sostenible y responsable? ¿Cómo se evitará que la competencia geopolítica en el Ártico conduzca a conflictos?
El documental de TV pone de relieve la complejidad de esta situación y la necesidad de un diálogo abierto y transparente entre todas las partes involucradas. El futuro de Groenlandia, y en cierta medida el futuro del orden internacional, depende de la capacidad de encontrar soluciones que respeten la soberanía de la isla, protejan el medio ambiente y promuevan la paz y la cooperación en el Ártico. La incertidumbre sobre el destino de este territorio estratégico podría cambiar el orden internacional vigente desde la Segunda Guerra Mundial, poniendo en juego una buena parte de nuestro futuro global. La población groenlandesa, atrapada entre las ambiciones de las grandes potencias, se enfrenta a un futuro incierto, pero está decidida a defender su identidad, su cultura y su derecho a la autodeterminación.












