La vacunación, una de las intervenciones de salud pública más exitosas y rentables en la historia de la medicina moderna, continúa salvando entre 2 y 3 millones de vidas cada año a nivel mundial. Esta afirmación, respaldada por décadas de investigación y evidencia científica, fue reiterada por la Dra. Margarita Lay Remolcoi, destacada académica e investigadora del Departamento de Biotecnología de la Facultad de Ciencias del Mar y Recursos Biológicos (FACIMAR) de la Universidad de Antofagasta (UA), y directora (s) del Centro de Investigación en Inmunología y Biotecnología Biomédica de Antofagasta (CIIBBA).
La Dra. Lay enfatizó que el valor fundamental de las vacunas reside en su capacidad para prevenir enfermedades, en lugar de simplemente tratarlas una vez que se han manifestado. Esta prevención se traduce en una reducción significativa de hospitalizaciones, una disminución de la carga económica que las enfermedades infecciosas imponen a los sistemas de salud, y, crucialmente, en la evitación de secuelas y discapacidades a largo plazo asociadas con infecciones prevenibles.
Cuando logramos una alta cobertura de vacunación en una población, no solo estamos protegiendo a los individuos que reciben la vacuna, sino que también estamos construyendo una barrera de inmunidad colectiva que beneficia a toda la comunidad, incluyendo a aquellos que no pueden ser vacunados por razones médicas, como bebés muy pequeños o personas con sistemas inmunológicos comprometidos , explicó la Dra. Lay, quien también es investigadora adjunta del Instituto Milenio en Inmunología e Inmunoterapia.
Chile, con su Programa Nacional de Inmunizaciones (PNI), se erige como un ejemplo de éxito en la implementación de estrategias de vacunación a gran escala. El PNI, reconocido internacionalmente por su solidez y efectividad, ha logrado hitos notables en la salud pública del país. Entre estos logros, destaca la erradicación de la poliomielitis, certificada en 1992, la eliminación del sarampión, y el control efectivo de enfermedades como la rabia, el tétanos neonatal y la lepra.
Estos avances no son fruto de la casualidad, sino el resultado de políticas de salud sostenidas en el tiempo, basadas en evidencia científica rigurosa y en un sistema de salud que garantiza el acceso gratuito y oportuno a las vacunas para toda la población. La inversión en el PNI no solo ha mejorado la salud de los chilenos, sino que también ha generado importantes ahorros económicos al reducir la necesidad de tratamientos costosos para enfermedades prevenibles.
En cuanto a las vacunas actualmente impulsadas por el Gobierno de Chile, la Dra. Lay detalló el calendario de vacunación para lactantes, que incluye vacunas esenciales como la BCG, la Hepatitis B al nacer, la Hexavalente, la Neumocócica conjugada 13 valente (administrada a los 2, 4 y 6 meses), la triple vírica y la meningocócica tetravalente (a los 12 meses). Además, a partir de 2025, se incorporará la administración de nirsevimab, un anticuerpo monoclonal diseñado para la prevención del Virus Respiratorio Sincicial (VRS), una causa común de infecciones respiratorias graves en bebés y niños pequeños.
Estas estrategias de vacunación están dirigidas a proteger a los grupos más vulnerables de la población y a disminuir la circulación de agentes infecciosos, contribuyendo así a la salud pública en general. La Dra. Lay subrayó la importancia de mantener altas tasas de vacunación para evitar brotes de enfermedades prevenibles y proteger a la comunidad en su conjunto.
En relación con las recientes decisiones de los Centers for Disease Control and Prevention (CDC) de Estados Unidos de modificar algunas recomendaciones de vacunación para ciertos grupos de población, la Dra. Lay aclaró que estas decisiones no implican que las vacunas hayan dejado de ser necesarias.
Se trata de una adaptación a la realidad epidemiológica específica de Estados Unidos. Sin embargo, es importante tener en cuenta que estos cambios podrían aumentar el riesgo de reaparición de enfermedades prevenibles, ya que la evidencia científica respalda de manera consistente la vacunación generalizada como una forma efectiva de reducir la morbilidad y la mortalidad asociadas a estas enfermedades , advirtió la especialista.
La Dra. Lay explicó que la realidad sanitaria de Estados Unidos puede diferir significativamente de la chilena debido a factores epidemiológicos, organizativos y a recientes modificaciones en las políticas públicas, que incluso han resultado en una reducción del número de vacunas recomendadas, pasando de 17 a 11. Estas decisiones deben ser analizadas cuidadosamente en el contexto específico de cada país, teniendo en cuenta sus propias características y necesidades.
Finalmente, la Dra. Lay enfatizó que la seguridad de las vacunas aplicadas en los Centros de Salud Familiar (CESFAM) y vacunatorios del país está plenamente garantizada. Este proceso de control de calidad es supervisado rigurosamente por el Instituto de Salud Pública (ISP), que realiza una farmacovigilancia post-registro exhaustiva.
Este sistema de farmacovigilancia incluye el control de cada lote de vacunas antes de su distribución, el monitoreo permanente de los Eventos Supuestamente Atribuibles a Vacunación e Inmunización (ESAVI), y la supervisión estricta de la cadena de frío, asegurando que las vacunas mantengan su efectividad y seguridad desde su fabricación hasta su aplicación en los pacientes.
La confianza en las vacunas se sustenta en la ciencia, la vigilancia constante y la transparencia. Vacunarse es una decisión responsable que protege la salud individual y colectiva, y es una de las herramientas más poderosas que tenemos para combatir las enfermedades infecciosas y construir un futuro más saludable para todos , concluyó la Dra. Margarita Lay. La comunidad científica y las autoridades de salud pública continúan trabajando en conjunto para garantizar que las vacunas sigan siendo una herramienta fundamental en la protección de la salud de la población chilena.












