La Asamblea Nacional de Ecuador aprobó este Día Mundial contra el Cáncer una normativa que busca ampliar los derechos de las personas que padecen esta enfermedad, en un contexto de creciente preocupación por el aumento de casos y la crisis que atraviesa el sistema de salud del país. La ley recibió un apoyo abrumador, con 142 votos a favor de los 144 legisladores presentes, demostrando un consenso inusual en un panorama político a menudo polarizado.
La iniciativa legal, que ahora pasa al escritorio del presidente Daniel Noboa para su posible sanción o veto, introduce una serie de mecanismos de protección para los pacientes oncológicos, abordando aspectos cruciales que van más allá del tratamiento médico en sí. Entre los puntos más destacados se incluyen la garantía de acceso a servicios de salud mental, un componente a menudo descuidado en el abordaje integral del cáncer; el reforzamiento de la estabilidad laboral, protegiendo a los pacientes de despidos injustificados durante y después del tratamiento; y el innovador derecho al olvido oncológico, que busca evitar la discriminación en ámbitos como el acceso a seguros y créditos, basándose en el historial médico del paciente.
La aprobación de la ley fue precedida por un llamado al pleno parlamentario de María Gabriela Rivadeneira, fundadora de la Fundación Fuerza Rosa, y Guido Panchana, director médico de Solca (Sociedad de Lucha Contra el Cáncer), quienes expusieron la urgencia de contar con un marco legal que proteja los derechos de los pacientes y mejore su calidad de vida. Ambos representantes de la sociedad civil destacaron la necesidad de una respuesta integral al cáncer, que incluya no solo el tratamiento, sino también la prevención, el diagnóstico temprano y el apoyo psicosocial.
El respaldo a la ley trascendió las líneas partidistas, con votos favorables tanto del oficialismo como de la oposición, lo que subraya la importancia que se le otorga a esta problemática a nivel nacional. Sin embargo, la aprobación de la normativa no es más que un primer paso. La implementación efectiva de las medidas contenidas en la ley requerirá de una asignación adecuada de recursos y de una coordinación interinstitucional eficiente, algo que se presenta como un desafío en un contexto de crisis económica y de limitaciones presupuestarias en el sector salud.
Ecuador enfrenta un panorama preocupante en lo que respecta al cáncer. Según datos oficiales, cada año se registran más de 30 mil nuevos casos, una cifra que se espera que siga aumentando debido al envejecimiento de la población, los cambios en los estilos de vida y la exposición a factores de riesgo como el tabaquismo y la contaminación ambiental. El cáncer se ha convertido en una de las principales causas de muerte en el país, superando incluso a las enfermedades cardiovasculares en algunas regiones.
La carga que representa el cáncer para el sistema sanitario ecuatoriano es significativa. Los costos del tratamiento, que incluyen quimioterapia, radioterapia, cirugía y medicamentos de apoyo, son elevados y a menudo representan una barrera para el acceso a la atención médica, especialmente para las personas de bajos recursos. Además, el sistema de salud enfrenta una escasez crónica de medicinas e insumos, lo que dificulta aún más la atención de los pacientes oncológicos.
Expertos y activistas coinciden en que la falta de inversión en prevención, diagnóstico de alta precisión y tratamientos innovadores limita la capacidad de respuesta de Ecuador ante esta enfermedad. La detección temprana del cáncer es fundamental para aumentar las tasas de supervivencia, pero en muchos casos, los pacientes llegan a los centros de salud en etapas avanzadas de la enfermedad, cuando las opciones de tratamiento son más limitadas y costosas.
La nueva ley aprobada por la Asamblea Nacional representa un avance importante en la protección de los derechos de los pacientes con cáncer, pero no es una solución mágica. Es necesario un esfuerzo conjunto del gobierno, el sector privado, la sociedad civil y la comunidad científica para abordar esta problemática de manera integral y sostenible. Esto implica aumentar la inversión en investigación, fortalecer los programas de prevención y detección temprana, mejorar la infraestructura y el equipamiento de los centros de salud, garantizar el acceso a medicamentos y tratamientos de calidad, y capacitar al personal médico en las últimas técnicas y avances en el campo de la oncología.
La decisión final sobre la ley recae ahora en el presidente Daniel Noboa. Su apoyo sería un mensaje claro de compromiso con la salud y el bienestar de los ciudadanos ecuatorianos, y un paso importante hacia la construcción de un sistema de salud más justo y equitativo. Un veto, por otro lado, podría generar frustración y desconfianza en la población, y retrasar la implementación de medidas que podrían salvar vidas. La expectativa es alta, y la comunidad oncológica ecuatoriana observa con atención la decisión que tomará el mandatario en los próximos días. La esperanza, en este Día Mundial contra el Cáncer, reside en que la luz verde presidencial impulse un futuro con mayor protección y oportunidades para quienes luchan contra esta enfermedad.











