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¡Pizza y Guerra! El Pentágono al Límite

¡Pizza y Guerra! El Pentágono al Límite

Estados Unidos intensifica su despliegue militar en torno a Irán, en un contexto de negociaciones diplomáticas y crecientes tensiones, alimentando especulaciones sobre una posible acción militar. La premisa, susurrada durante años en círculos diplomáticos y de inteligencia, resurge con fuerza: un aumento repentino en los pedidos de pizza cerca del Pentágono suele ser un indicador temprano de que la maquinaria militar estadounidense está entrando en acción. Aunque nunca confirmada oficialmente, esta correlación ha sido ampliamente aceptada por analistas que monitorean los patrones de preparación bélica de EE. UU.

Las últimas imágenes satelitales comerciales y los datos de seguimiento aéreo revelan un escenario inequívoco: un notable incremento en la presencia militar estadounidense en la región, particularmente en las costas del Mar Arábigo, el Mar Rojo y el estratégico Estrecho de Ormuz. A este despliegue se suma el reciente traslado del grupo de combate encabezado por el portaaviones USS Abraham Lincoln desde el Indo-Pacífico, una maniobra que refuerza la señal de presión y busca anticipar posibles ataques, como el incidente del martes pasado en el que un dron iraní Shahed-139 se acercó al portaaviones. Según el Comando Central de EE. UU., el dron fue derribado por un caza F-35C en legítima defensa, sin causar víctimas ni daños materiales.

Jesús Nuñez, Codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH), advierte que ni Estados Unidos ni Irán desean una guerra a gran escala. "Irán está muy debilitado y difícilmente podría hacer frente a un ataque combinado de Israel y Estados Unidos", explica Nuñez. "Por otro lado, Washington no busca un derrocamiento del régimen al estilo de Venezuela. Lo que sí se me hace difícil de imaginar es que EE.UU. no vaya a efectuar un golpe puntual antes de las negociaciones para lanzarle un mensaje a Irán: 'ahora no tenéis más remedio que sentaros a negociar'".

El analista sugiere que el masivo despliegue de fuerzas marítimas y aéreas, así como el envío de miles de soldados adicionales al Golfo Pérsico, responde a la necesidad de tener los medios necesarios para ejecutar un posible ataque. "Si hasta ahora EE.UU. no ha atacado a Irán es simplemente porque no tenía los medios necesarios desplegados. Ahora sí los tiene, por lo menos para rechazar un golpe". Nuñez también señala que Israel tampoco estaba preparado para contrarrestar posibles represalias iraníes, pero ahora cuenta con mayor capacidad de defensa. "Mi previsión es que habrá un golpe por vía militar, más o menos amplio, como elemento adicional de presión para que Irán acepte condiciones".

En las últimas semanas, Washington ha reposicionado una docena de buques de guerra, incluyendo destructores con capacidad antimisiles y armamento de largo alcance, en puntos estratégicos de Oriente Medio. La presencia del USS Abraham Lincoln, desviado desde el Indo-Pacífico, es una demostración de fuerza adicional. Paralelamente, más de treinta aeronaves cazas, drones armados, aviones de reabastecimiento, transporte y reconocimiento han aterrizado o sobrevolado bases clave en Qatar y Jordania. Algunos de estos aparatos, como los cazabombarderos F-15E y los EA-18G Growler, están diseñados para penetrar espacios aéreos hostiles y degradar sistemas antiaéreos.

La incorporación de medios de búsqueda y rescate de combate es otro indicio significativo. Estos equipos suelen desplegarse cuando el Pentágono contempla escenarios en los que podría ser necesario recuperar pilotos u operadores especiales en territorio enemigo, lo que sugiere una planificación que va más allá de una simple demostración de fuerza.

Aunque el nivel de acumulación militar aún no alcanza el observado en operaciones anteriores contra Irán, la capacidad desplegada es creíble y puede escalarse rápidamente si la Casa Blanca lo considera necesario. La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, confirmó que las conversaciones entre el enviado especial estadounidense Steve Witkoff y funcionarios iraníes, previstas para este viernes en Omán, siguen programadas, pero advirtió que el presidente Trump tiene "varias opciones sobre la mesa, y el uso de la fuerza militar es una de ellas".

El propio Trump amenazó directamente al Líder Supremo iraní, Alí Jamenei, advirtiéndole que "debería estar muy preocupado".

La estrategia de Trump parece combinar la presión militar con la diplomacia, buscando reforzar su posición negociadora y tranquilizar a sus aliados regionales, especialmente a Israel, que teme represalias iraníes.

En respuesta al despliegue estadounidense, Irán ha desplegado uno de sus misiles balísticos más avanzados, el Khorramshahr 4, en bases subterráneas en todo el país, afirmando que puede alcanzar Israel en 10 o 12 minutos. El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmaeil Baghaei, ha asegurado que su gobierno está evaluando "todas las dimensiones" de un posible proceso de diálogo, pero ha subrayado que el tiempo juega en contra de Irán mientras sigan vigentes las sanciones.

El alivio económico es una prioridad para el régimen iraní, especialmente después de las recientes protestas masivas por el colapso del poder adquisitivo y la inflación. Las acusaciones de corrupción y mala gestión han intensificado el malestar social, convirtiendo una protesta inicialmente económica en un desafío político que, según el régimen, ha dejado 3.117 fallecidos. Informes independientes estiman cifras mucho más altas, que oscilan entre varios miles y más de 30.000 muertos.

Las negociaciones entre Irán y Estados Unidos, que se celebrarán este viernes en Mascate, Omán, se centrarán exclusivamente en la cuestión nuclear y el levantamiento de las sanciones. Sin embargo, el Secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, ha advertido que cualquier acuerdo debe incluir restricciones al programa de misiles balísticos de Irán, su apoyo a organizaciones terroristas y su trato a la población. Estas demandas son respaldadas por el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu.

Irán y Estados Unidos ya celebraron varias rondas de negociaciones indirectas en Mascate en 2025, pero el proceso se interrumpió tras la "guerra de los 12 días" entre Irán e Israel, en la que Washington participó con bombardeos contra instalaciones nucleares iraníes. Teherán se había negado a retomar las negociaciones hasta las recientes amenazas de Trump.

En paralelo, varios países de Oriente Medio, incluyendo Turquía, Catar, Egipto, Omán y Arabia Saudí, han intensificado sus esfuerzos diplomáticos para evitar una escalada militar y facilitar el regreso a la mesa de diálogo. La complejidad del momento exige mediadores capaces de amortiguar el choque directo.

La pregunta clave no es si Estados Unidos puede atacar, sino si quiere hacerlo antes de negociar. La estrategia actual parece ser una presión calculada: acumular fuerza suficiente para que la amenaza sea creíble, sin cruzar el punto de no retorno. Ganar tiempo, tensar la cuerda y sentarse a la mesa con ventaja. En la diplomacia coercitiva, a veces no hace falta disparar para imponer las reglas del juego.

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