Caracas, Venezuela Una investigación de Radio France Internationale (RFI) revela un panorama desolador dentro del sistema penitenciario venezolano, donde, según estimaciones, 687 presos políticos aguardan una anistía que parece cada vez más lejana. Entre ellos, un número significativo 59 son extranjeros y binacionales, la mayoría de ellos ciudadanos colombianos, detenidos bajo acusaciones que organizaciones de derechos humanos califican de arbitrarias y sometidos, en muchos casos, a condiciones inhumanas y torturas. La situación plantea serias interrogantes sobre el estado de derecho en Venezuela y la vulneración de los derechos fundamentales de los detenidos.
La RFI se centró en los casos de Javier Giraldo y Lucas Hunter, dos de los extranjeros atrapados en esta crisis carcelaria. Giraldo, un ciudadano colombiano, fue arrestado en 2018 bajo la acusación de conspiración y terrorismo, cargos que él y sus defensores niegan rotundamente. Su caso, como el de muchos otros, se caracteriza por la falta de debido proceso, la manipulación de pruebas y la prolongada espera de un juicio justo. La familia de Giraldo denuncia que ha sido sometido a interrogatorios brutales y a condiciones de reclusión insalubres, lo que ha afectado gravemente su salud física y mental.
Lucas Hunter, también colombiano, enfrenta una situación similar. Detenido en 2019, se le acusa de participar en un supuesto plan para derrocar al gobierno de Nicolás Maduro. Hunter, un activista social conocido por su trabajo en defensa de los derechos humanos, ha denunciado haber sido torturado y amenazado por funcionarios del régimen. Su caso ha generado preocupación entre organizaciones internacionales, que temen por su seguridad y exigen su liberación inmediata.
La detención arbitraria de extranjeros y binacionales en Venezuela no es un fenómeno nuevo. Desde hace años, organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional y Human Rights Watch han documentado casos de persecución política y represión contra opositores al gobierno, incluyendo a ciudadanos de otros países. La crisis económica y política que atraviesa Venezuela ha exacerbado esta situación, creando un clima de impunidad donde las violaciones de derechos humanos son frecuentes y los responsables rara vez son llevados ante la justicia.
La falta de transparencia en el sistema judicial venezolano dificulta la verificación de la información sobre la situación de los presos políticos. Las autoridades se niegan a proporcionar datos precisos sobre el número de detenidos y las condiciones de sus reclusiones, lo que impide a las organizaciones de derechos humanos y a las familias de los presos brindarles la asistencia necesaria. Además, el acceso a las cárceles es restringido, lo que dificulta la realización de visitas independientes y la supervisión del trato que reciben los detenidos.
La esperanza de una anistía para los presos políticos en Venezuela se ha desvanecido en los últimos meses. A pesar de las conversaciones entre el gobierno y la oposición, no se ha logrado un acuerdo sobre la liberación de los detenidos. El gobierno exige concesiones políticas a cambio de la liberación, mientras que la oposición insiste en que la liberación debe ser incondicional. Esta situación de estancamiento prolonga la agonía de los presos políticos y sus familias, que viven en la incertidumbre y la desesperación.
La comunidad internacional ha expresado su preocupación por la situación de los presos políticos en Venezuela y ha instado al gobierno a respetar los derechos humanos y el estado de derecho. Sin embargo, las presiones internacionales no han sido suficientes para lograr la liberación de los detenidos. Algunos países han impuesto sanciones a funcionarios del régimen venezolano responsables de violaciones de derechos humanos, pero estas medidas no han tenido un impacto significativo en la situación.
La RFI destaca que la situación de los presos extranjeros es particularmente vulnerable. Al no contar con el apoyo de sus gobiernos y al estar lejos de sus familias, estos detenidos se encuentran en una situación de mayor aislamiento y desprotección. Además, enfrentan barreras ling ísticas y culturales que dificultan su acceso a la justicia y a la asistencia legal.
La investigación de la RFI revela que muchos de los presos extranjeros fueron detenidos en el contexto de operativos de seguridad realizados en zonas fronterizas. Las autoridades venezolanas acusan a estos detenidos de participar en actividades ilegales, como el contrabando y el paramilitarismo, pero las pruebas presentadas en su contra son a menudo débiles y poco convincentes.
La situación de los presos políticos en Venezuela es un reflejo de la crisis humanitaria y política que atraviesa el país. La falta de independencia judicial, la corrupción y la impunidad han socavado el estado de derecho y han creado un clima de represión donde los derechos humanos son sistemáticamente violados. La liberación de los presos políticos es un paso fundamental para la restauración de la democracia y el restablecimiento del estado de derecho en Venezuela. La comunidad internacional debe redoblar sus esfuerzos para presionar al gobierno venezolano a que cumpla con sus obligaciones en materia de derechos humanos y a que libere a todos los presos políticos de manera inmediata e incondicional. El silencio ante la injusticia solo perpetúa el sufrimiento de aquellos que han sido privados de su libertad por motivos políticos. La esperanza de Javier Giraldo, Lucas Hunter y los otros 57 extranjeros presos, reside en la presión internacional y en la búsqueda incansable de la justicia.











