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Silencio Roto: La Epidemia Oculta Que Afecta a Millones de Mujeres

Silencio Roto: La Epidemia Oculta Que Afecta a Millones de Mujeres
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El aborto espontáneo, una realidad que afecta a una de cada cuatro mujeres que inician un embarazo, emerge del silencio social gracias a una creciente necesidad de visibilización y comprensión. A pesar de la apertura en torno a la prevención del embarazo, la búsqueda de la maternidad y sus dificultades, la experiencia del aborto espontáneo permanece profundamente minimizada, generando un vacío en el apoyo emocional y la información disponible. Una conversación con la gineco-obstetra Dominique Truan de la Universidad de Chile y la psicóloga clínica María de los Ángeles Cereceda de la Universidad Adolfo Ibáñez, revela la urgencia de abordar este tema con sensibilidad y rigor.

La doctora Truan enfatiza la importancia de normalizar la conversación sobre las pérdidas gestacionales. Es fundamental visibilizar el tema para que no se vivan en soledad y para que se consideren una posibilidad real al intentar un embarazo , explica. El aborto espontáneo se manifiesta comúnmente a través de sangrado vaginal, dolor tipo cólico en la zona baja del abdomen o la espalda, e incluso la expulsión de tejido. Sin embargo, en muchos casos, puede ocurrir sin síntomas evidentes, detectándose únicamente a través de una ecografía.

Desde el punto de vista clínico, las presentaciones varían: aborto completo (expulsión total del tejido), aborto incompleto (retención de parte del tejido), o aborto retenido (sin síntomas visibles). En algunos casos, el sangrado y el dolor pueden requerir interrupción del embarazo o atención urgente debido a infecciones.

Las cifras son alarmantes: entre el 10% y el 20% de los embarazos clínicamente reconocidos terminan en aborto espontáneo, y esta cifra podría superar el 30% si se incluyen las pérdidas muy precoces no diagnosticadas. La gran mayoría de estas pérdidas (80-85%) ocurre antes de las 12 semanas de gestación, aunque pueden ocurrir en etapas más avanzadas, asociándose a causas como malformaciones uterinas, incompetencia cervical, infecciones o patología placentaria.

El riesgo de aborto espontáneo aumenta con la edad, especialmente a partir de los 35 años. En mujeres entre 15 y 35 años, la causa más frecuente suele ser una alteración cromosómica esporádica. Sin embargo, las pérdidas recurrentes en este grupo etario requieren estudios médicos para identificar posibles causas subyacentes. Entre las causas más comunes se encuentran las alteraciones cromosómicas embrionarias (50-60%), factores anatómicos uterinos, alteraciones endocrinas, infecciones, trombofilias y enfermedades autoinmunes.

Señales de alerta como pérdidas recurrentes, abortos en etapas avanzadas, antecedentes de trombosis, infertilidad, ciclos menstruales irregulares, enfermedades autoinmunes o malformaciones uterinas, indican la necesidad de una investigación más profunda. Reconocer una pérdida gestacional y llevar un registro preciso es crucial para un manejo oportuno, la prevención de complicaciones y la construcción de un historial reproductivo real.

El embarazo químico, una pérdida muy temprana, es frecuente (50-60% de las pérdidas iniciales) y generalmente no afecta la fertilidad futura. El embarazo molar, aunque poco común (uno de cada mil embarazos), requiere seguimiento médico estricto debido al riesgo de enfermedad trofoblástica persistente.

El aborto recurrente, definido como dos o más pérdidas gestacionales consecutivas, es una situación particularmente compleja. Tras un aborto espontáneo aislado, el riesgo de una nueva pérdida aumenta ligeramente (20-25%), pero la mayoría de las mujeres logran un embarazo exitoso posteriormente.

Más allá de la pérdida física, el aborto espontáneo desencadena un profundo proceso de duelo. La psicóloga Cereceda subraya la importancia de abordar el tema para aliviar la carga emocional que muchas mujeres soportan en silencio. Hablar sobre el aborto y hablar sobre el duelo es lo que permite eliminar la culpa y darle espacio a las emociones necesarias para vivir el proceso de pérdida , explica.

Las emociones que surgen son variadas: shock, tristeza, rabia y, especialmente, culpa. La culpa es una emoción común, incluso cuando no existe una causa atribuible a la mujer. El duelo no sigue un patrón rígido y puede manifestarse en diferentes momentos y con distinta intensidad. Hoy se habla de duelo complicado para reconocer que no hay plazos ni formas únicas de atravesarlo.

La pérdida gestacional implica no solo la pérdida de un embarazo, sino también la ruptura de una proyección, una ilusión, una identidad en construcción. Puede surgir la sensación de un cuerpo que falla, incluso cuando no existe una base médica para ello.

Lo fundamental es normalizar el duelo y buscar acompañamiento psicológico especializado si la culpa persiste, el aislamiento aumenta o la capacidad de sostener la vida cotidiana se ve afectada. El apoyo del entorno es crucial, pero debe ser un acompañamiento sin juicios, basado en la escucha y la validación del dolor.

Las reacciones que minimizan o invalidan el dolor, como comentarios insensibles, pueden aumentar el malestar y la sensación de soledad. La forma en que los equipos de salud comunican la información también es importante, evitando comunicaciones frías o apresuradas que impidan la contención emocional.

Las pérdidas recurrentes intensifican la carga emocional y pueden generar ansiedad constante frente a futuros embarazos. La educación sexual integral, que incluya aspectos emocionales, es fundamental para comprender las pérdidas gestacionales como una realidad posible y para abordar el duelo de manera saludable.

La Ley Dominga, impulsada por Aracelly Brito tras una experiencia traumática, busca establecer protocolos claros en las instituciones de salud para el manejo de la muerte perinatal, incluyendo acompañamiento psicoemocional y permisos laborales en casos de muerte gestacional y neonatal.

Hablar del aborto espontáneo no es abrir una herida, sino dejar de esconderla. Es abordar el tema con información, menos culpa y más cuidado, permitiendo que las mujeres vivan su duelo de manera abierta y acompañada.

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