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Murillo Busca Trono: EEUU Advierte Sobre Copresidencia Fantasma

Murillo Busca Trono: EEUU Advierte Sobre Copresidencia Fantasma

Estados Unidos ha alzado la voz con firmeza contra las crecientes acciones de Rosario Murillo, vicepresidenta de Nicaragua, acusándola de orquestar un camino hacia una copresidencia que considera ilegítima y una amenaza para la democracia en el país centroamericano. La declaración, emitida a un año de una polémica reforma constitucional, ha intensificado las tensiones entre Washington y el gobierno de Daniel Ortega, esposo de Murillo, y pone de manifiesto la preocupación de la administración estadounidense por la consolidación del poder en manos de la pareja presidencial.

La acusación central de Estados Unidos se centra en la percepción de que Murillo está utilizando su influencia y posición para erosionar las instituciones democráticas de Nicaragua y establecer un sistema de gobierno dual de facto, que equivaldría a una copresidencia no contemplada en la constitución vigente. Esta estrategia, según fuentes diplomáticas, se estaría implementando a través de una serie de medidas que otorgan a Murillo un control cada vez mayor sobre las políticas gubernamentales, la administración pública y las fuerzas de seguridad.

La reforma constitucional que se debate actualmente en Nicaragua es vista por la comunidad internacional como un intento de legitimar esta copresidencia y perpetuar el gobierno de Ortega y Murillo indefinidamente. La reforma, que aún no ha sido aprobada, podría modificar la estructura del poder ejecutivo y permitir la reelección presidencial sin límites, abriendo la puerta a una concentración de poder sin precedentes.

La respuesta de Estados Unidos ha sido contundente. En un comunicado oficial, el Departamento de Estado calificó las acciones de Murillo como un ataque frontal a la democracia y advirtió sobre las consecuencias negativas que esto podría tener para la estabilidad regional. La administración estadounidense ha instado al gobierno de Nicaragua a respetar el estado de derecho, garantizar la independencia de las instituciones y permitir la celebración de elecciones libres y justas.

La situación en Nicaragua se ha deteriorado significativamente en los últimos años, con un aumento de la represión política, la persecución de opositores y la restricción de las libertades civiles. Desde las protestas de 2018, que fueron brutalmente reprimidas por el gobierno, la situación de los derechos humanos en el país ha sido motivo de grave preocupación para la comunidad internacional. Organizaciones de derechos humanos han denunciado casos de tortura, detenciones arbitrarias y asesinatos extrajudiciales cometidos por las fuerzas de seguridad y grupos paramilitares afines al gobierno.

La creciente influencia de Rosario Murillo en el gobierno ha sido un factor clave en este deterioro. Conocida por su estilo autoritario y su retórica confrontacional, Murillo ha sido acusada de ser la principal responsable de la represión contra la oposición y de la erosión de las instituciones democráticas. Su control sobre los medios de comunicación estatales también ha sido criticado, ya que se utiliza para difundir propaganda gubernamental y silenciar las voces disidentes.

La acusación de Estados Unidos de que Murillo está inventando una copresidencia ha generado una fuerte reacción en Nicaragua. El gobierno ha calificado las declaraciones de Washington como una interferencia en los asuntos internos y ha defendido las acciones de Murillo como necesarias para garantizar la estabilidad y el desarrollo del país. Sin embargo, la oposición y la sociedad civil han respaldado la postura de Estados Unidos, argumentando que la copresidencia de facto de Murillo es una amenaza para la democracia y el estado de derecho.

La reforma constitucional que se debate actualmente en Nicaragua es vista como un punto de inflexión en la crisis política del país. Si la reforma es aprobada, podría consolidar el poder de Ortega y Murillo y abrir la puerta a un régimen autoritario de facto. La comunidad internacional, liderada por Estados Unidos, ha advertido sobre las consecuencias negativas que esto podría tener para la estabilidad regional y ha instado al gobierno de Nicaragua a reconsiderar sus planes.

La situación en Nicaragua es compleja y volátil. La polarización política, la represión gubernamental y la falta de diálogo entre las partes han dificultado la búsqueda de una solución pacífica y democrática a la crisis. La comunidad internacional tiene un papel importante que desempeñar en la promoción del diálogo, el respeto a los derechos humanos y la celebración de elecciones libres y justas.

La postura de Estados Unidos es clara: no reconocerá ninguna reforma constitucional que busque legitimar una copresidencia ilegítima y perpetuar el gobierno de Ortega y Murillo. Washington ha dejado claro que está dispuesto a utilizar todas las herramientas a su disposición, incluyendo sanciones económicas y diplomáticas, para presionar al gobierno de Nicaragua a respetar la democracia y el estado de derecho.

El futuro de Nicaragua es incierto. La crisis política y económica del país se ha agravado en los últimos años, y la falta de perspectivas de cambio ha generado un clima de desesperanza y frustración entre la población. La comunidad internacional debe redoblar sus esfuerzos para apoyar a la sociedad civil nicarag ense y promover una solución pacífica y democrática a la crisis. La defensa de la democracia y los derechos humanos en Nicaragua es una responsabilidad compartida por todos los países que creen en un mundo libre y justo. La sombra de una "copresidencia" impuesta amenaza con oscurecer aún más el futuro de la nación centroamericana, y la comunidad internacional observa con creciente preocupación.

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