Un estudio reciente revela que una abrumadora mayoría de nicarag enses, un 99% según la organización Hagamos Democracia, alberga una visión profundamente pesimista sobre el futuro de su país, impulsada por una combinación letal de crisis económica, represión política y la virtual ausencia de oportunidades. Los resultados, publicados por Artículo 66, pintan un panorama desolador que anticipa un éxodo masivo de ciudadanos buscando una vida mejor en el extranjero.
La encuesta, que no detalla el tamaño de la muestra ni la metodología precisa, sí deja claro la magnitud de la desesperación que se vive en Nicaragua. La casi totalidad de los consultados asocia su pesimismo con la situación económica, que se ha deteriorado significativamente en los últimos años, exacerbada por la pandemia de COVID-19 y las políticas gubernamentales consideradas por muchos como erráticas y perjudiciales para el sector privado. La inflación galopante, la devaluación de la moneda local y la escasez de empleos decentes han empujado a miles de familias a la pobreza extrema, dificultando el acceso a alimentos, salud y educación.
Sin embargo, la crisis económica no es el único factor que impulsa a los nicarag enses a considerar la emigración. La represión política, intensificada tras las protestas de 2018, ha creado un clima de miedo y persecución que sofoca cualquier atisbo de disidencia. El gobierno de Daniel Ortega ha sido acusado por organizaciones internacionales de violaciones sistemáticas de los derechos humanos, incluyendo detenciones arbitrarias, torturas, asesinatos y la clausura de medios de comunicación independientes y organizaciones de la sociedad civil.
La falta de libertades civiles y políticas, la erosión del estado de derecho y la impunidad de los responsables de abusos han generado un ambiente de incertidumbre y desconfianza que impide la inversión y el desarrollo económico. Muchos nicarag enses temen por su seguridad y la de sus familias, y ven en la emigración la única forma de escapar de la violencia y la opresión.
El estudio de Hagamos Democracia confirma lo que ya se observa en las calles de Managua y otras ciudades del país: un flujo constante de personas que buscan desesperadamente una salida. Las solicitudes de visas y permisos de residencia en países como Costa Rica, Estados Unidos, España y Canadá se han disparado en los últimos meses, y las rutas de migración irregular se han reactivado, a pesar de los riesgos que implican.
La diáspora nicarag ense, que ya es una de las más grandes de América Latina, sigue creciendo a un ritmo alarmante. Millones de nicarag enses viven en el extranjero, principalmente en Estados Unidos, Costa Rica y España, enviando remesas que representan una parte importante del Producto Interno Bruto (PIB) de Nicaragua. Sin embargo, estas remesas no son suficientes para compensar la pérdida de capital humano y el impacto negativo de la crisis en el desarrollo del país.
La situación en Nicaragua plantea serios desafíos para la comunidad internacional. La falta de voluntad del gobierno de Ortega para dialogar con la oposición y abordar las causas de la crisis ha dificultado cualquier intento de mediación o solución pacífica. La comunidad internacional ha condenado la represión política y las violaciones de los derechos humanos, pero sus esfuerzos por presionar al gobierno para que cambie su rumbo han sido limitados.
Algunos analistas sugieren que la única forma de lograr una solución duradera a la crisis en Nicaragua es a través de un proceso de transición democrática que garantice la celebración de elecciones libres y justas, la liberación de los presos políticos y el respeto de los derechos humanos. Sin embargo, el gobierno de Ortega se ha mostrado inflexible en su negativa a ceder el poder, lo que hace que las perspectivas de un cambio político a corto plazo sean escasas.
El éxodo masivo de nicarag enses no solo representa una tragedia humana, sino que también tiene consecuencias económicas y sociales para los países de acogida. La llegada de un gran número de migrantes puede generar tensiones sociales y presionar los servicios públicos, como la salud y la educación. Sin embargo, los migrantes también pueden contribuir a la economía de los países de acogida, aportando mano de obra, talento y diversidad cultural.
La crisis en Nicaragua es un recordatorio de la importancia de la democracia, el estado de derecho y el respeto de los derechos humanos. La falta de estos valores puede conducir a la inestabilidad política, la violencia y la migración forzada. La comunidad internacional tiene la responsabilidad de apoyar a los nicarag enses en su lucha por un futuro mejor y de exigir al gobierno de Ortega que respete los derechos de su pueblo. La situación actual exige una respuesta integral que aborde las causas profundas de la crisis y que promueva la reconciliación nacional y la reconstrucción del país. De lo contrario, Nicaragua corre el riesgo de convertirse en un país vacío, despojado de su gente y de su futuro. La encuesta de Hagamos Democracia es un grito de desesperación que no puede ser ignorado.











