Donald Trump ha intensificado drásticamente la presión sobre Cuba, firmando una orden ejecutiva que amenaza con aranceles a países que suministren petróleo a la isla, una medida que podría precipitar una crisis humanitaria de proporciones épicas. La acción, justificada por la administración Trump como una respuesta a la supuesta desestabilización regional y las alianzas de Cuba con adversarios de Estados Unidos, ha desatado una fuerte reacción del gobierno cubano, que denuncia un intento "fascista, criminal y genocida" de asfixiar su economía.
La orden ejecutiva declara una emergencia nacional, argumentando que la situación con Cuba representa una amenaza a la seguridad nacional y la política exterior estadounidense. El gobierno de Trump acusa a Cuba de aliarse con Rusia, China, Irán y grupos considerados terroristas como Hamás y Hezbolá, utilizando estas acusaciones como pretexto para restringir aún más el acceso de la isla a recursos energéticos vitales.
Desde su primer mandato, Trump ha revertido la política de apertura hacia Cuba iniciada por Barack Obama, reimponiendo duras sanciones y restricciones al flujo de dinero, bienes y personas. Tras la crisis política en Venezuela, Trump declaró que Cuba estaba "lista para caer" al perder el apoyo petrolero de su aliado más cercano. Sin embargo, la administración ha insistido en que no busca un cambio de régimen forzado, aunque el Secretario de Estado, Marco Rubio, ha expresado que un cambio de gobierno en Cuba sería "un gran beneficio para Estados Unidos".
La dependencia de Cuba del petróleo extranjero es alarmante. La isla necesita aproximadamente 110.000 barriles de petróleo diarios, pero solo produce alrededor de 40.000, lo que la obliga a importar la mayor parte de sus necesidades energéticas. En la década de 2000, durante el auge de la alianza entre Hugo Chávez y Fidel Castro, Cuba recibía hasta 100.000 barriles diarios de Venezuela. Sin embargo, la situación actual es drásticamente diferente.
Según datos de la empresa belga Kpler, Cuba ha recibido un solo envío de petróleo en lo que va de 2026, proveniente de México, con un volumen de apenas 84.000 barriles (menos de 3.000 diarios). La interrupción del suministro venezolano, tras la intervención de Trump en Venezuela, ha agravado significativamente la escasez. Trump ha declarado rotundamente que "no habrá más petróleo ni dinero para Cuba".
El petróleo venezolano no solo era crucial para satisfacer la demanda interna cubana, sino que también era revendido para generar divisas, una tarea particularmente difícil para Cuba debido al embargo estadounidense. Ante la escasez, México se había convertido en la principal esperanza de la isla, enviando alrededor de 12.000 barriles diarios en 2025.
La nueva orden ejecutiva de Trump apunta directamente a México, buscando disuadirlo de convertirse en el principal proveedor de petróleo a Cuba. La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, ha argumentado que los envíos de petróleo a Cuba tienen una motivación humanitaria, buscando evitar la interrupción de servicios esenciales como hospitales. Sin embargo, Sheinbaum también ha reconocido la necesidad de evitar aranceles adicionales por parte de Estados Unidos, ordenando a su secretario de Relaciones Exteriores que se comunique con la administración Trump para aclarar el alcance de la orden ejecutiva.
La situación en Cuba ya es crítica. Los cortes de electricidad se extienden por horas, las filas para comprar gasolina son interminables, el transporte y los alimentos son inasequibles, y la acumulación de basura en las calles es un problema creciente. Los cortes eléctricos en muchas áreas del país superan las 20 horas diarias, dejando a la población con solo cuatro horas de electricidad.
La economía cubana se encuentra en una profunda recesión, incapaz de pagar sus deudas, obtener financiamiento externo, mantener la producción o garantizar el suministro de alimentos y productos básicos. La producción industrial en 2024 fue la más baja en 40 años, y la agricultura está en crisis debido a la ineficiencia del sistema estatal y la falta de fertilizantes y combustible. El turismo, una fuente clave de divisas, ha caído a niveles no vistos en más de 20 años, excluyendo el período de la pandemia.
A la escasez económica se suma una grave escasez de medicamentos, coincidiendo con brotes de dengue, zika y chikungunya, y la reducción de los alimentos subsidiados. El presidente Díaz-Canel ha descrito la situación como "la acumulación de distorsiones, adversidades, dificultades y errores propios, exacerbados por un cerco externo extremadamente agresivo".
El canciller cubano, Bruno Rodríguez, ha calificado la orden ejecutiva como una "nueva escalada de Estados Unidos contra Cuba", denunciando que los argumentos utilizados por Trump son falsos y que la medida constituye un chantaje y una coerción contra otros países para que se sumen al bloqueo estadounidense.
La amenaza de Trump ha generado preocupación sobre una posible crisis humanitaria sin precedentes en Cuba. El canciller Rodríguez advierte que el bloqueo total de los suministros de combustible podría someter al pueblo cubano a "condiciones de vida extremas". La comunidad internacional observa con inquietud la escalada de tensiones y el impacto potencial en la población cubana, mientras la isla se enfrenta a un futuro incierto bajo la creciente presión de la administración Trump.


