La destitución de José Antonio Romero Tellaeche como director del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) ha dejado al centro en una encrucijada, con acusaciones de plagio académico, nombramientos irregulares y un clima laboral marcado por el hostigamiento, especialmente hacia las mujeres. La Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti), encabezada por Rosaura Ruiz, ha reconocido la necesidad de que el CIDE “trabaje para recuperarse”, pero la controversia persiste y plantea interrogantes sobre el futuro de esta importante institución académica.
Ruiz confirmó que Romero Tellaeche, a pesar de su destitución, conservará su puesto como investigador en el CIDE, argumentando que “tiene una plaza” dentro del centro. Sin embargo, la secretaria se mostró evasiva al ser cuestionada sobre la posibilidad de una investigación exhaustiva sobre la administración de Romero Tellaeche, limitándose a señalar que se seguirán “los procesos normales de cualquier cambio de dirección” y que se analizarán los informes correspondientes.
La destitución de Romero Tellaeche, formalizada por la Secihti el 28 de enero, se basó en su incumplimiento de presentar el informe de autoevaluación ante los órganos colegiados del CIDE durante los últimos tres años. Además, se argumentó que la comunidad estudiantil, laboral y de investigadores había expresado reiteradamente su descontento con la gestión del director.
Sin embargo, la controversia va más allá del incumplimiento administrativo. Romero Tellaeche enfrenta acusaciones serias de plagio académico, nombramientos irregulares y, lo que ha generado mayor indignación, un trato misógino hacia las mujeres. Estas acusaciones han provocado un profundo malestar en la comunidad del CIDE y han erosionado la confianza en la dirección del centro.
El intento de Romero Tellaeche por revertir su destitución a través de un amparo legal ha fracasado. Un juez rechazó restituirlo en el cargo, admitiendo a trámite la demanda del académico, pero negándole la suspensión provisional que le permitiría regresar a la dirección del CIDE. Esta decisión judicial refuerza la legitimidad de la destitución y allana el camino para la designación de un nuevo director.
Jean Meyer, académico de la División de Historia del CIDE, ha revelado detalles cruciales sobre el proceso que condujo a la destitución de Romero Tellaeche. Según Meyer, la situación se agravó durante una reunión celebrada el 10 de diciembre entre Rosaura Ruiz y la Junta Directiva del CIDE, conformada por representantes de diversas instituciones académicas y de la comunidad del centro.
En esa reunión, la comunidad del CIDE confrontó a Romero Tellaeche por el hostigamiento hacia estudiantes y profesores, especialmente hacia las mujeres. Meyer relató que el director se comportó de manera inapropiada, interrumpiendo constantemente a Rosaura Ruiz y mostrando una actitud desafiante. La secretaria, según Meyer, le pidió a Romero Tellaeche que se callara y que escuchara las acusaciones en su contra, señalando que había recibido una carta de las mujeres del CIDE que denunciaban sus groserías.
“Allí estaba (Tellaeche), se portó muy mal, le cortó la palabra tres veces a la doctora Ruiz, que le tuvo mucha paciencia, y a la tercera vez le dijo: ‘José Antonio, cállate, ¿que no entendiste? hace rato leímos la carta de las mujeres del CIDE que se quejaban de tus groserías con las mujeres y mira cómo me estás tratando, yo nunca te corté la palabra’”, detalló Meyer.
La reunión del 10 de diciembre marcó un punto de inflexión en la crisis del CIDE. La confrontación entre Romero Tellaeche y Rosaura Ruiz, así como las acusaciones de hostigamiento y misoginia, dejaron claro que la situación era insostenible. La destitución del director se convirtió en una necesidad para restaurar la confianza en la institución y garantizar un ambiente de trabajo respetuoso y seguro para todos.
La comunidad del CIDE espera ahora que la Secihti inicie una investigación exhaustiva sobre la administración de Romero Tellaeche, con el fin de esclarecer las acusaciones de plagio académico, nombramientos irregulares y hostigamiento. Asimismo, se espera que se implementen medidas para prevenir futuros abusos y garantizar la transparencia y la rendición de cuentas en la gestión del centro.
El futuro del CIDE depende de su capacidad para superar esta crisis y reconstruir su reputación. La designación de un nuevo director con un perfil sólido y comprometido con los valores de la academia, así como la implementación de políticas claras para prevenir el acoso y la discriminación, serán fundamentales para lograr este objetivo. La comunidad del CIDE, después de años de incertidumbre y controversia, espera con esperanza un nuevo capítulo en la historia de esta importante institución académica. La Secihti, por su parte, tiene la responsabilidad de garantizar que el CIDE recupere su prestigio y continúe contribuyendo al desarrollo del conocimiento y la investigación en México.


