Por Álvaro Rivera Larios
La pregunta "¿Ha muerto la poética del compromiso?", tal como la formula Luis Melgar Brizuela en su libro sobre Roque Dalton, está mal planteada desde su punto de partida. Supone, en primer lugar, la existencia de La poética del compromiso como una entidad homogénea: un conjunto estable de rasgos formales, éticos y políticos que habría caracterizado a cierta literatura latinoamericana de las décadas de 1960 y 1970.
Sin embargo, esta supuesta unidad es más bien una ficción teórica. La poética del compromiso, lejos de ser un bloque monolítico, es un concepto que encierra una diversidad de propuestas estéticas e ideológicas que, si bien comparten ciertos rasgos, también presentan importantes diferencias y tensiones internas.
Melgar Brizuela parece asumir que existe una definición clara y consensuada de lo que es la poética del compromiso, cuando en realidad se trata de un término que ha sido objeto de múltiples interpretaciones y debates a lo largo del tiempo. Cada autor, cada crítico, cada lector, ha entendido y definido este concepto de manera particular, de acuerdo a sus propios marcos teóricos y posicionamientos políticos.
Además, el autor salvadoreño plantea la pregunta en términos de una supuesta "muerte" de esta poética, lo cual implica que en algún momento hubo un apogeo, una época de esplendor, que luego habría sido superada. Pero esta visión lineal y teleológica de la historia literaria es problemática, pues ignora la complejidad y la coexistencia de diversas tendencias y sensibilidades a lo largo del tiempo.
La poética del compromiso, lejos de haber "muerto", sigue siendo un referente importante en la literatura latinoamericana contemporánea. Aunque quizás ya no tenga la misma centralidad y visibilidad que en décadas pasadas, sigue siendo un horizonte de expectativas para muchos escritores y lectores que buscan una literatura que dialogue con los problemas sociales y políticos de su tiempo.
Lo que sí ha cambiado, sin duda, son las formas y las estrategias a través de las cuales los autores abordan el compromiso. Ya no se trata de asumir una posición ideológica monolítica, sino de explorar las tensiones, las ambig edades y las contradicciones inherentes a toda posición política. La poética del compromiso se ha vuelto más compleja, más matizada, más consciente de sus propias limitaciones y de la imposibilidad de abarcar la totalidad de lo real.
En este sentido, la crítica de Melgar Brizuela a la visión de Roque Dalton sobre el compromiso literario es, en sí misma, un síntoma de esta evolución. Al cuestionar la supuesta unidad de la poética del compromiso, el autor salvadoreño está contribuyendo a una comprensión más rica y diversa de este fenómeno literario y cultural.












