El sueño es una función biológica universal en el reino animal, pero en la naturaleza representa un riesgo considerable, ya que limita la capacidad de reacción ante amenazas externas. Sin embargo, las especies han desarrollado adaptaciones sorprendentes para poder descansar en entornos hostiles.
Un equipo internacional de investigadores ha estudiado los patrones de sueño de diversos animales, desde ping inos hasta elefantes marinos, revelando estrategias de "sueño extremo" que les permiten sobrevivir.
En la Antártida, los ping inos barbijo enfrentan el desafío de incubar huevos y cuidar a sus polluelos sin interrumpir la vigilancia. Para resolver esta tensión, han adoptado una estrategia única: realizan miles de "microsueños" diarios, cada uno de apenas cuatro segundos de duración. Aun así, alcanzan alrededor de once horas totales de sueño por día.
Por su parte, las fragatas de las Islas Galápagos pueden volar durante semanas sin posarse, una capacidad esencial porque sus plumas no repelen el agua. Durante el vuelo, duermen mediante "sueño unihemisférico": una mitad de su cerebro permanece despierta y la otra descansa, con un ojo abierto para vigilar el entorno.
Los elefantes marinos del norte, por su parte, duermen durante las fases más profundas de sus inmersiones en busca de alimento, donde hay menos riesgo de ataques de tiburones y orcas. Incluso llegan a entrar en sueño REM, con un movimiento en espiral que los investigadores han denominado "espiral de sueño".
Estos hallazgos demuestran que el sueño, lejos de responder a un único patrón, adopta múltiples formas según el entorno y las exigencias de supervivencia de cada especie. Los mecanismos fisiológicos se han ajustado a escenarios de riesgo constante, revelando una sorprendente plasticidad del sueño en el mundo natural.












