Antonio Tomas, un pequeño productor de frutas en el Valle Medio rionegrino, es uno de esos fruticultores que a pesar de las innumerables dificultades que enfrenta el sector, decide seguir adelante con su actividad por pura pasión.
Tomas, conocido como "Nino", nació y se crió dentro de una chacra, heredando de su padre el proyecto frutícola. A lo largo de los años, ha tenido que sortear una gran cantidad de obstáculos, desde inclemencias climáticas como heladas y granizos, hasta problemas de mercado como la sobreoferta y los bajos precios.
Sin embargo, Tomas no se rinde. Consciente de las penas que le caben a un pequeño productor como él, se ha puesto de pie una y otra vez, diversificando su producción para minimizar riesgos y echando mano a algunas tácticas paliativas como seguros de riesgo y riego a manta.
"Porque me gusta. Nada más que por eso", responde Tomas cuando se le pregunta por qué sigue siendo fruticultor a pesar de todos los problemas. Y es que la pasión por la actividad, heredada de su padre, pesa más que las penas acumuladas.
Lamentablemente, Tomas no ve un futuro prometedor para la fruticultura en la región. Ninguno de sus cinco hijos varones parece interesado en continuar con el negocio familiar, prefiriendo otras actividades más rentables. Pero el productor confía en que la tan esperada "revancha de la fruticultura" llegará algún día.
Mientras tanto, Tomas sigue plantando, sabiendo que va a contramano de otros pequeños productores que han optado por abandonar sus chacras. Para él, no habría otra forma de vivir que no fuera entre los frutales.











