El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, ha intentado intervenir en la crisis venezolana tras la captura de Nicolás Maduro, pero expertos consideran que su margen de acción es muy limitado. Lula ha mantenido contactos con todas las partes, incluyendo a la presidenta encargada Delcy Rodríguez y al presidente estadounidense Donald Trump, con quien habló por última vez en diciembre de 2025.
Sin embargo, antiguos diplomáticos de Brasil y Estados Unidos consultados por EFE ven muy limitado el papel de Brasil para acelerar la prometida transición democrática en Venezuela. Destacan que eso no interesa ni al gobierno de Rodríguez ni al de Trump, quien prefiere tener un régimen autocrático que se someta a sus intereses.
"Brasil no puede hacer nada. Ahora es imposible. Creo que el régimen se volverá mucho más agresivo y desde la Administración Trump, según sus declaraciones, prefieren tener un régimen autocrático que se someta a los intereses de Trump", explica Hussein Kalout, exsecretario especial de Asuntos Estratégicos de la Presidencia brasileña.
Por su parte, Juan González, quien trabajó en el Departamento de Estado de Estados Unidos y como director senior del Consejo de Seguridad Nacional para el Hemisferio Occidental del gobierno de Joe Biden, advierte que la captura de Maduro marca el comienzo de una fase mucho más compleja y peligrosa para Venezuela, la región y Estados Unidos.
"No soy optimista sobre el papel de Brasil para influir", apuntó González en un seminario del Centro Brasileño de Relaciones Internacionales (CEBRI).
Lula, que siempre ha apostado por una solución negociada en Venezuela, intentó rehabilitar internacionalmente a Maduro cuando regresó al poder en enero de 2023. Le recibió con honores de Estado y luego compartieron mesa con once líderes regionales en Brasilia, en un intento por resucitar el espíritu de integración de la malograda Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).
Sin embargo, la relación entre Lula y Maduro se torció a partir de las elecciones presidenciales venezolanas de julio de 2024, que Lula no reconoció formalmente por denuncias de fraude.
Ahora, con Maduro capturado, Brasil resurge como alternativa para acercar posturas, aunque el margen es mínimo. Lula ha mandado el recado de que quiere ayudar, pero Estados Unidos "no necesita ningún intermediario, ni Brasil, ni nadie", según analiza Rubens Barbosa, presidente del Centro de Defensa y Seguridad Nacional y exembajador de Brasil en Londres y Washington.
Para Christopher Garman, director ejecutivo para América de la consultora Eurasia Group, Brasil tendrá que esperar al margen y, de manera oportunista, desempeñar algún papel si más adelante hay presión para un retorno a la democracia. "Aunque, en realidad, esta es una historia entre Washington y Caracas", puntualiza.
Kalout considera además que Brasil no puede construir solo una solución democrática para Venezuela porque esta debe darse a nivel regional. Algo inviable en el corto plazo debido a la naturaleza del régimen chavista y a los intereses de Estados Unidos.
Latinoamérica se ha mostrado profundamente dividida frente a la intervención estadounidense en Venezuela, con posturas radicalmente distintas entre los presidentes de Ecuador, Argentina y Paraguay, que aplaudieron la captura de Maduro, y los de Colombia, México y la propia Brasil, que la condenaron.
"El futuro de Venezuela no estará determinado por esa operación que removió a un solo hombre, sino por si la siguiente fase se alinea con la legitimidad y la cooperación regional con miras, en última instancia, a un desenlace democrático", apunta González.



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