La obesidad es una condición compleja que va mucho más allá de la simple falta de autocontrol, según revelan los expertos consultados. Factores genéticos, hormonales y ambientales juegan un papel crucial en el aumento de peso, desafiando la noción de que la obesidad se trata simplemente de "comer menos y hacer más ejercicio".
La profesora Sadaf Farooqi, endocrinóloga especialista en obesidad, explica que ciertos genes afectan las conexiones cerebrales que regulan el hambre y la saciedad, haciendo que algunas personas sientan más hambre y menos saciedad después de comer. Otros genes influyen en el metabolismo, lo que significa que algunas personas queman menos calorías que otras incluso con la misma ingesta.
Además, el cirujano bariátrico Andrew Jenkinson señala que todos tenemos un "peso ideal" determinado por la genética y otros factores como el entorno alimentario, el estrés y el sueño. Este "punto ideal" es difícil de modificar con fuerza de voluntad, lo que explica por qué las dietas a menudo fracasan a largo plazo.
Pero el entorno también juega un papel crucial. La proliferación de alimentos ultraprocesados, el marketing agresivo de comida rápida y bebidas azucaradas, y las limitadas oportunidades de actividad física crean un "entorno obesógeno" que incita al consumo excesivo y la inactividad, incluso para las personas muy motivadas.
"La obesidad no es un defecto de carácter. Es una enfermedad compleja y crónica, moldeada por la biología y un entorno altamente obesógeno. La fuerza de voluntad por sí sola no basta", afirma la dietista Bini Suresh.
Si bien la responsabilidad individual sigue siendo importante, los expertos coinciden en que es necesario un enfoque más amplio que aborde los múltiples factores que contribuyen a la epidemia de obesidad. Esto implica medidas de salud pública, como la regulación de la publicidad y el diseño de entornos más saludables, junto con un mayor apoyo y comprensión para las personas que luchan con el peso.










