El liderazgo del Congreso es una estrategia política fundamental en Chile tras las recientes elecciones presidenciales. Con la definición de la nueva cartera de ministros y los cargos del segundo piso de La Moneda, ahora la atención se centra en la elección de los presidentes del Senado y la Cámara de Diputados, cargos que se renuevan cada año.
Esta elección, que se lleva a cabo en marzo, es clave para determinar la relación entre el Ejecutivo y el Legislativo. Dependiendo de quiénes ocupen estos puestos, el Congreso podría convertirse en un brazo articulador clave entre el presidente y los proyectos de ley, o en un contrapeso absoluto al Ejecutivo.
Un posible escenario sería tener a la cabeza a presidentes de centro, marcando una agenda menos polarizada. Sin embargo, la realidad política chilena suele inclinar la balanza hacia liderazgos más afines a la derecha o la izquierda. Los independientes y los de centro suelen asumir un papel de "parlamentarios bisagra", negociando con ambos sectores.
La sucesión de estos cargos ha demostrado que, en muchas ocasiones, la alternancia no es real ni concreta. Desde 2016 hasta 2019, por ejemplo, la Cámara de Diputados estuvo liderada por tres presidentes del Partido Socialista.
Mientras tanto, las negociaciones entre los partidos políticos se intensifican. La UDI y Republicanos discuten quién tendrá la cabeza de la Cámara, y en el Senado se perfila una disputa entre Ossandón y el PS. Incluso Pamela Jiles, del PDG, ha sido levantada por la izquierda como una posible carta para la Cámara.
Quienes encabecen el Congreso en los próximos meses definirán las comisiones que marcarán la pauta legislativa de lo que se viene. La derecha parece tener ventaja en el Senado, mientras que en la Cámara suenan nombres como Jorge Alessandri (UDI), Benjamín Moreno (RN) y Cristóbal Urruticoechea (Libertario).
La efervescencia política está a flor de piel, y el mes de marzo será clave para determinar el liderazgo del Congreso y su relación con el Ejecutivo en los próximos años.











