El ensayista Carlos Granés traza una profunda comparación entre los presidentes Gustavo Petro y Donald Trump, señalando que ambos líderes comparten rasgos populistas y nacionalistas que están transformando la dinámica política en América Latina y Estados Unidos.
Granés advierte que tanto Petro como Trump han trastocado el orden hemisférico, con visiones contrapuestas sobre el papel de Estados Unidos en la región. Mientras Trump reivindica el "imperialismo monroísta" y considera al hemisferio occidental como una zona de influencia, Petro busca asumir un liderazgo global y confrontar abiertamente al gigante del norte.
Según el ensayista, estos dos mandatarios "están a merced de su temperamento, de sus egos y de su Twitter", recurriendo a la polarización y la hostilidad para movilizar a sus seguidores. Ambos exhiben "vulgarmente sus odios" y no toleran la rendición de cuentas ni aceptan la realidad, viviendo en "delirios de grandeza".
En el plano simbólico, Granés encuentra nuevas coincidencias: "Ambos están obsesionados con el siglo XIX. Petro quiere retomar la lucha de Bolívar; Trump, el imperialismo monroísta. Uno quiere liberar; el otro, engrandecer: ambos son nacionalistas y quieren regir el sur global o el hemisferio occidental".
El ensayista señala que la reciente dinámica entre Petro y Trump ha mostrado un giro pragmático, con el expresidente estadounidense pasando "del garrote a la zanahoria" en su relación con líderes de la región. Sin embargo, advierte que Petro "quiere ser reconocido" y "quiere que el mundo le pare bolas", sin haber "hecho ningún mérito para pasar a la historia".
Granés profundiza en el "mesianismo" de Petro, quien llega al poder con la ambición de "cambiar la historia de Colombia" y llevar a cabo "proyectos de reforma ambiciosos, radicales y con la consigna de la totalidad". En este sentido, el ensayista lo compara con el personaje de Aureliano Buendía, de la novela "Cien años de soledad", advirtiendo sobre los peligros de esa aspiración redentora.
Finalmente, Granés considera que el desenlace de esta confrontación podría materializarse en una escena definitoria para la política regional: la posible visita de Petro a la Casa Blanca y su intento de incidir de forma directa en las decisiones del expresidente estadounidense sobre Colombia.












