La detención del líder chavista Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses y su traslado a Nueva York ha abierto un escenario con múltiples interrogantes sobre el futuro político de Venezuela. Según informó CNN, la captura de Maduro se produjo sin mayores disturbios, a diferencia de los escenarios violentos que se habían anticipado.
La politóloga Carmen Beatriz Fernández, directora de la consultora DataStrategia, señaló que "estamos viviendo una transición, ya se inició", y expresó su deseo de que el proceso conduzca "a la democracia", aunque mantuvo expectativas ante los próximos anuncios. Fernández advirtió que podría tratarse de un "rebranding", es decir, un cambio de mandatario sin alterar el régimen, con señales de una transición tutelada por Estados Unidos que podría culminar en elecciones.
El Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) ordenó que la vicepresidenta Delcy Rodríguez asuma la presidencia encargada tras la "ausencia forzosa" de Maduro, conforme al artículo 234 de la Constitución. La norma establece que la vicepresidenta puede suplir temporalmente al mandatario por hasta 90 días, prorrogables por otros 90 mediante decisión de la Asamblea Nacional.
Juan Carlos Apitz, decano de la Facultad de Derecho de la UCV, aclaró que corresponde a la Asamblea Nacional (AN), controlada por el oficialismo, determinar si se trata de una "falta absoluta", lo que obligaría a convocar elecciones en 30 días. "No la pueden mantener toda la vida, sería una contradicción", apuntó, aunque subrayó que aún "no están las condiciones políticas" para una elección inmediata.
Mientras tanto, Rodríguez consolida su poder con nombramientos en seguridad y economía, y se registra la retirada de funcionarios cercanos a Maduro, según el analista Eduardo Valero Castro, exdirector de la Escuela de Estudios Políticos de la UCV. Valero Castro trazó un paralelo con la transición tras la muerte de Juan Vicente Gómez en 1935, cuando su sucesor Eleazar López Contreras preservó elementos del régimen anterior mientras abría espacio político. "Hoy está saliendo de sus mismas fuentes. No creo que haya apertura a la democracia directamente, al menos en seis meses. Será pétalo a pétalo", dijo a CNN.
Fernández coincidió en que la transición venezolana se da desde el propio régimen, no desde sectores externos, y subrayó que corresponde a la sociedad exigir que se avance hacia la democracia, incluyendo la liberación de presos políticos y la reincorporación de líderes opositores exiliados.
Estados Unidos mantiene recompensas por Diosdado Cabello, Vladimir Padrino y otros funcionarios por presuntos vínculos con narcotráfico y corrupción. Desde la muerte de Hugo Chávez, el poder quedó fragmentado entre cívicos y militares, destacando los Rodríguez, Padrino y Cabello.
Fernández indicó que "hasta ahora no hay indicio de ruptura" dentro del chavismo, y que tanto Padrino como Cabello han ratificado su apoyo a Rodríguez. Sin embargo, Valero Castro señaló que persisten dudas sobre la facilidad del operativo estadounidense, lo que ha generado especulaciones sobre posibles acuerdos entre militares venezolanos y Estados Unidos.
El aparato de control del chavismo incluye a las bandas armadas conocidas como "colectivos", vinculadas al Ministerio del Interior y surgidas tras el intento de golpe de 2002. Fernández agregó que los colectivos se han armado a lo largo de los años, pero que la motivación ética y moral que los sustentaba se ha diluido. "Hoy la revolución no tiene esa ética, esa parte está desvinculada. Lo que queda del chavismo, entre 15 y 20 %, está asumiendo este golpe muy fuerte, con sospecha de traición", explicó.
Valero Castro alertó que el proceso de liberación de presos podría generar tensiones con los grupos armados que controlan sectores de Caracas, especialmente en el oeste. La presidenta encargada enfrenta así un escenario complejo, en el que debe equilibrar la legitimidad internacional con la presión de Washington y la realidad del poder interno.
"Que se haga evidente que está bajo la tutela de Trump es su peor escenario", concluyó Fernández, señalando que Rodríguez tiene hoy una posición más débil que la de Maduro. "No puede contrariar demasiado a las bases oficialistas; es un juego peligroso", advirtió.












