Tras 700 días recluida en el Helicoide, la sede del SEBIN en Caracas, la abogada y activista venezolana Rocío San Miguel ha sido liberada y trasladada a la Embajada de España en Venezuela. Desde allí, San Miguel pudo abordar un vuelo con destino a Madrid, donde llegó este jueves.
La excarcelación de San Miguel se produce luego de intensas gestiones diplomáticas, en las que habría jugado un papel clave el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio. Sin embargo, numerosas organizaciones de derechos humanos advierten que la libertad condicional de la activista no borra las graves acusaciones en su contra ni las denuncias sobre las torturas y desapariciones forzadas que tuvieron lugar durante su encarcelamiento.
San Miguel, de 59 años, fue detenida el 9 de febrero de 2024 en el Aeropuerto Internacional de Maiquetía cuando se disponía a viajar fuera de Venezuela. Desde entonces, permaneció recluida en el Helicoide, un lugar señalado por organismos internacionales como espacio de torturas y tratos crueles.
Durante su cautiverio, la activista sufrió graves problemas de salud, como una infección en el laberinto del oído interno que le provocó vértigos, mareos y problemas de equilibrio. Además, en agosto de 2024 se cayó y se rompió el hombro, pero no recibió atención médica hasta diciembre de ese año.
Rocío San Miguel es hija de un médico español que emigró a Venezuela y se convirtió en un "jándalo", como se conoce a los españoles que se asentaron en el país caribeño. Ella misma nació en Caracas y posee doble nacionalidad, venezolana y española.
En 2005, San Miguel fundó la ONG Control Ciudadano, dedicada a investigar compras de armas, normas militares y políticas de seguridad, siempre desde la perspectiva de la transparencia y los derechos humanos. Su labor le valió el reconocimiento de defensores de derechos humanos, pero también la creciente incomodidad del gobierno chavista.
Tras su liberación, Rocío San Miguel sale de la cárcel convertida en una de las voces más reconocidas de la sociedad civil venezolana, con un peso político que trasciende su propia biografía. Su historia enlaza varios hilos de la Venezuela reciente: la militarización del poder, la persecución de defensores de derechos humanos y el uso de la justicia penal como herramienta de castigo a la crítica.


