El multimillonario y aristócrata británico Sir Benjamin Slade, de 79 años, ha causado polémica al anunciar públicamente que está buscando una mujer joven para tener un hijo que herede su fortuna y continúe con el linaje familiar.
Slade, descendiente directo del rey Carlos II de Inglaterra, forma parte de una de las ramas tradicionales de la nobleza británica. Es conocido tanto por su excentricidad como por su postura conservadora respecto a la sucesión familiar, insistiendo en la necesidad de tener un heredero varón que lleve su apellido.
Entre los requisitos que ha establecido para la mujer que aspire a convertirse en su pareja, se encuentran que tenga entre 30 y 40 años, mida más de 1.52 metros, sepa pilotear un helicóptero, cuente con licencia para portar armas y esté dispuesta a mudarse a vivir con él en su castillo. Además, ofrece un salario anual de un millón de euros, vacaciones en destinos exóticos y la posibilidad de integrarse a la vida aristocrática.
Sin embargo, también ha impuesto una condición que ha generado polémica: su negativa a aceptar candidatas de países cuyo nombre comience con la letra "I", una restricción que muchos usuarios en redes han calificado de absurda y discriminatoria.
La búsqueda del heredero no se ha limitado a métodos tradicionales. En octubre de 2025, Slade decidió incursionar en la aplicación de citas Tinder, donde redujo su edad de 79 a 56 años para aumentar sus probabilidades de captar la atención de mujeres más jóvenes.
Su particular historia fue expuesta con mayor detalle en el programa televisivo Millionaire Age Gap Love, donde el aristócrata aseguró que la diferencia de edad no representa un obstáculo para convertirse en padre, afirmando que le quedan nueve meses en un banco de esperma que puede utilizar.
A pesar de las críticas, el multimillonario parece decidido a continuar con su búsqueda. Su historia sigue alimentando titulares, comentarios y debates en redes sociales, donde muchos cuestionan hasta qué punto el dinero y el linaje pueden condicionar las relaciones humanas en pleno siglo XXI.












