La supernova de Kepler, la última explosión estelar visible a simple vista en nuestra galaxia, sigue fascinando a la ciencia 400 años después de su aparición. Gracias a 25 años de observación continua del Observatorio de Rayos X Chandra, los científicos han podido captar en detalle la evolución de este fenómeno cósmico, revelando una historia en constante movimiento.
En 1604, la aparición repentina de esta estrella en el cielo nocturno fue un espectáculo brutal para los observadores del siglo XVII, quienes la interpretaron como un presagio o un misterio cósmico. Luego de semanas de brillar incluso de día, la supernova se apagó, y por siglos pareció que su historia había terminado.
Sin embargo, cuando una estrella explota, no desaparece sin más. Deja tras de sí un remanente de gas, polvo y escombros que se expanden violentamente, alcanzando temperaturas de millones de grados y brillando en rayos X. Este remanente de la supernova de Kepler fue identificado recién en 1934 y desde entonces se ha convertido en un objeto de estudio obsesivo para los astrónomos.
Fue la llegada del Observatorio de Rayos X Chandra, en 1999, la que permitió iniciar una vigilancia prolongada en el tiempo de este fenómeno. El nuevo video publicado por la NASA condensa observaciones realizadas entre los años 2000 y 2025, creando el registro temporal más largo jamás publicado por Chandra sobre una explosión estelar.
Este registro revela una nube en constante deformación, con bordes que avanzan, filamentos que se estiran y regiones que aceleran o se frenan de manera desigual. Esto se debe a que el remanente no se expande en el vacío, sino que choca contra el gas, el polvo y el material previamente expulsado por la estrella. Donde el entorno es más denso, el material se frena; donde está más limpio, acelera.
Más allá de la fascinante evolución visual, los datos obtenidos por Chandra brindan valiosa información sobre la supernova de Kepler, que es considerada una explosión de tipo Ia. Estas supernovas son fundamentales en astronomía, ya que brillan casi siempre con la misma intensidad, convirtiéndolas en "candelas estándar" para medir distancias en el universo. Gracias a ellas, los científicos pudieron determinar que el universo no solo se expande, sino que esa expansión se acelera.
En palabras de Jessye Gassel, líder del estudio: "La historia de Kepler apenas está comenzando a desarrollarse". Y es que esta explosión estelar, ocurrida hace cuatro siglos, sigue escribiendo nuevos capítulos, revelando detalles sobre su propia evolución y sobre el espacio que la rodea.
Pero las supernovas no solo destruyen, también crean. Los elementos pesados que forman planetas, montañas, océanos y cuerpos humanos nacen en explosiones como esta. El calcio de nuestros huesos, el hierro de nuestra sangre, el oxígeno que respiramos: todo pasó por una supernova. Como resume el investigador Brian Williams, "las supernovas son la sangre vital de nuevas estrellas y planetas".











